EL BUEN PASTOR
Estado y juego sucio

¿Cuáles son los motivos para que una persona tenga como actividad laboral utilizar cualquier medio, lícito o ilícito, para conseguir información? ¿El ser reconocido públicamente?, no, porque su actividad debe ser secreta y anónima. ¿El tener mucho dinero?, tampoco, porque debe ceñirse a su sueldo y a los viáticos que le otorgan para realizar su labor. ¿El desempeñar una labor agradable?, menos aún, porque debe realizar actividades que están en contra de la ética y la moral. ¿Qué es lo que lleva a un individuo a realizar semejante trabajo?

El buen pastor, filme de Robert de Niro, nos ofrece un acercamiento a ello. El guión de esta película está basado en la vida de James Jesús Angleton , conspicuo agente secreto norteamericano desde la década del treinta del siglo pasado y uno de los fundadores de la CIA, que como sabemos fue creada luego que terminó la Segunda Guerra Mundial, cuando se da  inicio a la Guerra Fría.

James Wilson, interpretado por Matt Damon, cumple el rol de Angleton. El film abarca gran parte de su vida, desde que es reclutado para realizar trabajos de inteligencia como estudiante universitario hasta su fracaso como inspirador y ejecutor de la invasión a Cuba durante el gobierno de Kennedy por la Bahía de Cochinos. En esta largo lapso, Robert de Niro nos ofrece una radiografía personal y emocional de este personaje, sin concesiones, con una actuación desdramatizada, en un ambiente gélido y una cámara que intenta descubrir la intimidad del personaje, del cual los espectadores llegan conocer poco, al igual que su esposa, que no llega a entender y comprender al padre de su hijo.

Que el personaje desarrollado en la película tenga mucho o poco de verdad respecto al personaje real, poco importa. Lo destacable es que través de su vida nos ofrece una mirada profunda de lo que es un espía y un servicio de inteligencia, en este caso la CIA, aunque igual hubiera sido para la desaparecida KGB de la ex Unión Soviética o la Scotland Yard inglesa.

Los estados necesitan de los servicios de inteligencia para poder existir, y para cumplir su papel necesitan del juego sucio. Qué tipo de personas son los que cumplen tan ingrata labor y cuál es la naturaleza de la institución que los acoge y les da las facilidades para el desempeño de sus labores. El buen pastor nos da la oportunidad de conocer al monstruo por dentro.

Cuando James Wilson acepta dar información sobre un profesor de la Universidad, empieza una vida cuya personalidad se diluye en la institución a la cual sirve. La construcción del personaje que realiza Robert de Niro, director de la película, es como la de un animal fiel a su institución, que debe cumplir lo mejor posible las labores que le encargan. Aquí hay que destacar la actuación de Matt Damon, como el espía que debe pagar dos culpas: una, el pecado de su padre para con la patria; y la otra, el haber cedido a la tentación de fornicar con la hermana de su mejor amigo y pagar el pecado con la formación de una familia.

¿Serán esas dos culpas las que lo inducen a cumplir su papel de espía a dedicación exclusiva? O el amor y el deber con la patria, como se desliza sutilmente en el filme.

Los guionistas y el director han sabido eludir inteligentemente este dilema. Lo que han destacado muy bien es el aspecto laboral de los espías, como personajes donde el aspecto emocional debe ser minimizado en relación a su inteligencia cerebral. La institución tiene inflexibles reglas protocolares que se deben respetar, una de ellas es que no debes confiar en nadie, ni siquiera en tu propia familia.

Mucho se dice de las maravillas que los seres humanos hemos sido capaces de realizar como especie en comparación con los otros animales. Pero después de ver este filme, nos queda un sabor amargo porque para realizar semejantes maravillas es imprescindible que los Estados cuenten con servicios de inteligencia dispuestos a todo, y que tengamos que crear miles de James Wilson.