¿Por qué los campesinos son pobres?
RENTA BÁSICA PARA SEMBRADORES DE PAPA
Por Esteban Quiroz Cisneros
La papa tiene siete mil años de vida entre nosotros, si ha llegado, después de infinitos viajes debajo de la tierra con un ciclo de seis meses para cada cosecha y después salir de ella con varios sabores, formas y colores, es por la constancia de un sector de nuestra población que hasta ahora está unido a la tierra: el campesino, antes indio y mucho antes chanca, tiahuanaco, huari, poqra, chavín, pero todavía quechua y aimara, como dos sobrevivientes de un cataclismo humano donde imperó abuso, interés y beneficio, siempre ajenos.
El campesino de ahora, heredero directo de la cultura anterior, tiene leña para el fuego, sal y Sol para conservar su carne, vela para alumbrarse, pero no Renta Básica. En Sachabamba muy cerca de Vilcashuamán en Ayacucho, el precio del kilo de papa es de 32 céntimos, en otros lugares 25 céntimos. En 1999 Andahuaylas, tuvo sobreproducción, su precio fue de 10 céntimos, la papa se pudrió bajo los surcos.
El precio que se paga al campesino por la papa es alarmante y tan bajo que no les permite comprar nada de valor. Después de cada cosecha al pantalón viejo, raído y parchado que poseen los campesinos le agregan un parche más; no tienen televisor; apenas una radio y a pilas porque la electricidad no es un invento para ellos, sus escuelas son rurales y al ser rurales tienen que conjugarse con exclusión y abandono.
Los campesinos peruanos tienen un pago que sí está al alcance de sus bolsillos, ellos desde 1948 son abastecidos eficientemente con alcohol industrial de 98 grados. Grandes cilindros de color azul o negro están a vista y paciencia de ciudadanos y autoridades en ciudades como Ayacucho, Huancayo, Huancavelica, Andahuaylas. Me pregunto. ¿Para qué industria tan importante se permite la distribución de alcohol industrial en la sierra peruana? La respuesta es brutal: para la desaparición de vida en nuestras comunidades campesinas que lo beben como champán.
El campesino sembrador de papa desde hace siete mil años, como la Telefónica sembradora de comunicación desde hace menos de dos décadas en nuestro país, merecen el pago de Renta Básica, el primero no es más honesto por no pedirla, es sencillamente más ignorante que el segundo y no está en el mundo globalizado del conocimiento de movimientos de bolsa, inversión, costos de producción y aprovechamiento de las leyes que aún no sabe interpretar; mientras siga trabajando y nosotros sigamos montados sobre ellos, como una metáfora desnuda del burro convertido en sembrador: el beneficio siempre será para el jinete.
Telefónica y Claro aprovechan todo, nosotros somos los millones de dulces plateros con algunos Juan Ramón Jiménez que nos arrean como a vulgares jumentos sin color ni memoria; estas empresa, con permiso de nuestros gobernantes, han impuesto una serie de reglas de juego y nosotros colaboramos con una eficiencia asombrosa. Nos hemos convertido en ganado. ¿Despertaremos este siglo o será el próximo?
Hay más de cinco millones de usuarios de telefonía celular, pero no estamos comunicados como ciudadanos, como tierra de la tierra misma que pisamos. Somos veintinueve millones de peruanos y a excepción de los recién nacidos todos consumimos papa, y sin embargo no tenemos harina, pan ni dulce de papa. Estamos comunicados para conversaciones de marioneta, superficiales, anodinas, espectrales.
Una llamada telefónica departamental cuesta 50 céntimos y dura menos de un minuto, un kilo de papa producida en Argama-Andahuaylas cuesta 25 céntimos y alimenta a una familia completa por 24 horas, y más; los campesinos sembradores de papa no cobran Renta Básica: con qué nobleza permiten la alimentación, como la Telefónica arguye que permite la comunicación con un aparato de teléfono en casa.
Un campesino de Ccallapayocc llama por teléfono al hijo que fue a trabajar a Nasca, paga un Nuevo Sol por menos de un minuto de comunicación, si ese mismo precio se le pagara por su papa producida en Apurímac y consumida en otro departamento, el campesino no llamaría a su hijo: iría a visitarlo y con regalos, que es lo que hace un trabajador de Telefónica cuando va a España a visitar a su familia.
12/07/07
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