Un siglo de música popular
UNA JOYA EN EL COFRE DE LOS VALSES CRIOLLOS
Por Mario Tejada T.
Para lo que significa y ha significado el valse peruano en nuestra música popular, es poco lo que se ha escrito y estudiado. Menos todavía, recopilado. Por eso es digna de elogio la labor de Renzo Gil, de seleccionar valses criollos y grabarlos con cantantes que superan largamente los 50 años de edad. Hay que resaltar además la profesionalidad con que ha sido realizado, en un país donde lo importante es que se realicen las cosas y no la calidad de la producción. El CD Ofrenda Popular, un siglo de música criolla de Lima Y Callao, es una producción musical que todo peruano que tenga amor por lo nuestro debe poseer.
El mérito es doble, porque en nuestro querido Perú al no existir una política cultural, no se rescata y conserva lo ya grabado, todavía menos interesa sacar del olvido y conservar las manifestaciones culturales populares existentes y que están al borde de la extinción. No es raro la inexistencia de un organismo estatal que le interese el destino de todas las grabaciones realizadas en las disqueras profesionales ya desaparecidas, como Sono Radio y MAG, para mencionar únicamente a dos. Tampoco les interesa conservar los programas en vivo grabados en la mayoría de las emisoras radiales ya desaparecidas, que debemos darlas como muertas, porque seguramente se encuentran cobijadas en algún basural, incluidas las de la emisora del Estado: Radio Nacional del Perú.
Vaya pues, usted, estimado investigador a esa emisora del Estado y averigüe dónde se encuentran las grabaciones de los programas criollos que se produjeron en la década del cincuenta y sesenta, quizás los mejores que se realizaron en esos años, nadie sabrá responderles. Así estamos.
Por ello, hay que repetirlo una y mil veces, es meritorio, diría muy meritorio, que este joven guitarrista, que no llega a los treinta años de edad, haya decidido dar rienda suelta a su labor creativa artística y de investigación y que el fruto de su trabajo se haya plasmado en este primer CD de 17 valses, interpretados por igual número de cantantes, la mayoría de ellos conocidos solamente en los ambientes de las peñas criollas. No vaya a creerse que por no ser famosos o por no haber grabado, la calidad interpretativa es mediocre o regular. No, al contrario, nos encontramos ante cantantes con una técnica, sentimiento y sabor en la interpretación que se puede calificar de primera línea. Si ellos, seguramente, no alcanzaron la fama que otros obtuvieron, ello se debe al azahar, a situaciones imponderables que muchas veces el destino nos depara a cada uno de nosotros.
Lo primero que nos sorprende de esta joya musical es la variedad en la ejecución de los temas. Cada cantante es un mundo de interpretación, y tanto solistas como dúos nos transmiten ese estado de ánimo, esa manera de vivir y pensar de una ciudad que fue, de esa Lima mazamorrera, antes que crecieran lo que hoy se denominan los conos, en otras palabras las barriadas o pueblos jóvenes. De la Lima de cuando todavía existía el tranvía y cuando para llegar a Chorrillos y el Callao se tenían que cruzar chacras.
Estamos ante canciones, que no poseen influencia provinciana y serrana. Lo grabado y rescatado, en su casi totalidad, es música típica limeña de los años treinta, cuarenta y cincuenta, particularmente la de los Barrios Altos, el Rímac y el Callao. La que se produjo para ser bailada y escuchada en las casas y fiestas de los callejones, así como en los centros musicales, para luego ser reproducida en las radios de Lima y escuchada en tocadiscos alquilados para las fiestas. Esa es la música y los intérpretes que ha recuperado Renzo Gil para la posteridad.
Algo que hay que destacar de la música criolla de esa época es que existen muchos títulos con nombres de mujer, en esta recopilación, no por casualidad existen tres: La morena Rosa Luz, de Felipe Pinglo; Julia, de Enrique Molina; y Victoria, de Genaro Herrera, lo que también nos indica que estamos ante producciones musicales realizadas antes de la invasión de nombres foráneos. En este caso, la particularidad es que tratándose de canciones de amor, tema por excelencia del arte popular, se aborda éste, pero dirigido a una mujer determinada porque se indica el nombre, lo cual permite una mayor intimidad y sentimiento.
La variedad del repertorio y de interpretaciones también queda demostrada cuando podemos disfrutar valses para ser escuchados, otros bailados, e inclusive, algunos que nos llevan a una reflexión sobre la vida porque poseen un trasfondo filosófico. Como no podía ser de otra manera el CD termina con una marinera, interpretada por Rafael Matallana, y ya sabemos que su nombre es sinónimo de Marinera Limeña.
Porque el espacio no lo permite, no podemos mencionar a todos los compositores e intérpretes de esta joya musical que es Ofrenda Popular. Es imposible señalar cuales son las mejores interpretaciones o canciones, porque en esta producción toda comparación sería una ofensa. Nos encontramos ante un CD no convencional. Su valor no se encuentra en la individualidad de cada surco, sino en la totalidad del mismo, constituyéndose en toda una obra de arte. Por motivos muy particulares (porque lo escuché desde muy niño, siempre me gustó y luego pude racionalizar su valía) deseo hacer referencia a una de los mejores valses de amor hechos a una mujer: el mencionado “La morena Rosa Luz” interpretado por César Oliva. Hace muchos años tuve el privilegio de gozarlo por “La Coco” Ramírez, según los entendidos, la mejor intérprete de Felipe Pinglo, lamentablemente nunca gozó de la fama que se merecía; ahora, ante esta versión, me queda la gran duda sobre si la interpretación de “La Coco” era insuperable.
Por último, debe destacarse el acompañamiento de Renzo Gil. En todo momento al servicio de los interpretes, no aprovechando ningún resquicio para sobresalir, afianzándolos siempre. Los que lo conocen saben de su virtuosismo con la guitarra, pero ahora, como corresponde, ha cumplido el papel de excelente apoyo.
03-07-07
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