Edgar Morín: un pensador preocupado por el futuro

REAFIRMAR LA ESPERANZA FRENTE A LA CATÁSTROFE

Por Percy Aquino R.

La última semana de Junio estuvo en Lima Edgar Morín, uno de los pensadores más reconocidos del siglo. Sociólogo francés, creador de nuevas teorías sociales, inspiradas en la biología, que vincula con la física y la antropología, en lo que denomina la “ciencia compleja”. Él vino invitado por diversas universidades y la Embajada de Francia.

Su estadía fue aprovechada para presentar uno de sus clásicos libros: Los siete saberes necesarios a la educación del futuro, que fue publicado por primera vez en 1999 por la UNESCO, y que ha sido editada por Derrama Magisterial gracias a la colaboración de la Biblioteca Nacional del Perú y de la propia embajada.

Se trata de una publicación clave no sólo para entender la labor y accionar del magisterio, sino de toda persona, profesional o no. El libro subraya que el conocimiento por más científico que sea puede inducir al error, la ilusión y la incertidumbre y que hay que tener la debida pertinencia para discernir sobre lo positivo y negativo de todo el conocimiento generado en el mundo.

Habla, además, de la necesidad de establecer una identidad y conciencia cívica terrenal; de lograr la unión planetaria y construir la solidaridad; de enseñar la comprensión, la ética y la cultura planetaria.  “La educación del futuro deberá ser una enseñanza primaria y universal centrada en la condición humana”, escribe Morín.

El intelectual ofreció en la sede de la Biblioteca Nacional, la Conferencia Magistral “La agenda global, imposición o conciencia planetaria”, en la que concluyó resaltando tres principios fundamentales de esperanza a tomar en cuenta, ante  la ausencia de una conciencia planetaria.  Los resumimos brevemente:

El primer principio tiene que ver con discernir sobre la viabilidad del sistema; es decir si se desintegra u opta por transformarse en uno nuevo. Ante la amenaza de las guerras, del calentamiento global, del hambre y la injusticia en el mundo, no queda sino el transformar esto en algo nuevo, en realizar una metaformosis, porque, de lo contrario, estamos condenados a la extinción.

El segundo principio tiene que ver con la convicción de la probabilidad del cambio, a pesar de las catástrofes políticas, sociales y naturales que vive el mundo. Esta debe ser una afirmación histórica, puesto que el hombre ante la adversidad siempre ha estado buscando el cambio.

El tercer principio, de esperanza, radica en accionar el carácter creativo del hombre, que muchas veces se mantiene sin liberar. Esta creatividad que debe liberarse para permitir la transformación que se necesita y para posibilitar en última instancia la salvación de la humanidad.

Como vemos, Morín es un entusiasta, un humanista, un hombre que frente a la incertidumbre y la desesperanza cree en el cambio, un ciudadano con cultura universal, alguien que enfrenta la complejidad del mundo y las asimetrías de la globalización con un enfoque multidisciplinario.

27.06.07

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