UNA TRAGEDIA CHINA
LA MALDICION DE LA FLOR DORADA
Por Mario Tejada
De nuevo, el director Zhang Yimou centra el desarrollo de su argumento, en lo más alto de la cúpula del poder de las antiguas dinastías chinas. ¿Estamos ante una forma muy sutil de crítica al poder chino actual? Esta interrogante es muy difícil de responder, pero no sería raro que ante las dificultades que ya tuvo con la censura de su país, se haya refugiado en esta forma de parábolas donde lo antiguo se usa para criticar lo moderno. Y en el cine los ejemplos abundan. Dejemos este problema y abordemos otros.
En un espacio cerrado, un palacio de grandes dimensiones, vemos desarrollarse una serie de hechos que pueden desestabilizar el poder de un gran imperio. Por un lado, amores aborrecibles y malditos, por el cual los involucrados tendrán que pagar un precio muy alto; por el otro, un golpe de estado realizado bajo bambalinas en el más recóndito secreto, que puede desestabilizar el poder absoluto del emperador, haciéndose necesario la restitución del mismo, y ya nos imaginamos de nuevo, los insurrectos tendrán que pagar un gran precio.
En una sociedad con todos los poderes concentrados en muy pocas manos e inclusive en una persona, hay tabúes que no pueden romperse: uno, rebelarte contra el orden imperante, el otro, que viene desde tiempos inmemoriales: acostarte con la mujer de tu padre y menos hacerlo con tu hermana. En sistemas sociales cerrados, los dos alcanzan el mismo nivel. Rebelarte contra lo establecido es igual o muy parecido a cometer incesto.
Si este es el contexto político y familiar en que se ubican los personajes, me paree que es un grave error señalar que esta obra es un melodrama, como han aparecido en algunos comentarios de periódicos de gran circulación. Estamos, pues, lejos de las telenovelas que nos presentan todos los días la televisión cuya característica fundamental es el sentimentalismo, y los casi siempre finales felices. Aquí nos encontramos con una tragedia, y los personajes de este género tienen un destino ineluctable, amargo y cruel. Por ello, ya sabemos que aquellos que osan derribar al emperador o queriéndolo o no derrumban reglas ancestrales de convivencia, su vida, su existencia, al final, se convertirá en una catástrofe. Este filme, está más cerca de la tragedia, de la opera, que por ejemplo, cualquiera de los melodramas que genialmente Buñuel realizó en México. Y ojo, con lo expuesto no quiero afirmar que un género sea mejor que otro. En los dos, por lo menos en el cine, se han dado obras maestras así como detestables.
Desde sus inicios, La maldición de la flor dorada, nos instala en un decorado teatral, donde el rojo se presenta como color principal, anunciando que lo que vamos a espectar son hechos realizados por personas de pasiones y sentimientos encendidos. El justo medio y las medias tintas se hayan lejos de este sistema político y de las relaciones familiares. Es el todo o nada. Y estos personajes desbordados, son acompañados de un boato grandilocuente, donde su existencia solo es posible en regímenes políticos de una absoluta concentración de poder. Por ello, es que el emperador tiene connotaciones teocráticas y debe ser tratado como tal.
Para que exista un sistema de tal naturaleza tiene que poseer un ejército muy sofisticado para sostenerlo. El culto a las armas, a la fuerza y al arrojo, es la columna vertebral para la existencia y funcionamiento de la corte y su representante supremo. Sin el apoyo de él, todo se derrumba, el saber guerrear, el saber combatir, es tarea de todos, empezando por el jefe máximo: el emperador.
Como ya es característica de este creador, la estilización de los combates y en esta película, particularmente de la escenografía, le ha permitido obtener secuencias fuera de serie. Recordemos todo el aparato ritual desplegado para que la emperatriz pueda ingerir un simple remedio, así como la batalla para realizar el golpe de estado, son de antología. Y todo, acompañado de una banda sonora donde un coro apoyado de unos tambores, nos remiten a un clima operístico que nos hacía recordar las obras del gran Luchino Visconti. Según se sabe, este filme es el último de la trilogía conformada por Héroe y La casa de las dagas voladoras, esperemos que su próxima obra llegue a nuestras pantallas, porque con la distribución que tenemos, no es posible asegurarlo.
25 Junio 2007
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