Estanflación
mundial:
REGRESA EL FANTASMA
Por: Alejandro Nadal |
Estanflación: regresa el fantasma
Hace 30 años la economía estadunidense experimentó
simultáneamente un proceso de estancamiento y de inflación.
Por eso surgió el término estanflación, neologismo
que permitía designar la coexistencia de los dos fenómenos.
La estanflación de los años 70 en
Estados Unidos estuvo asociada con desequilibrios en las finanzas
públicas (debido al costo de la guerra de Vietnam) y en las
cuentas externas. La debacle del dólar como la piedra de
toque del sistema de Bretton Woods y las alzas en el precio del
petróleo después de la guerra del Yom Kippur (1973)
agravaron las cosas.
Para todos los agentes económicos, la combinación
es funesta: implica un aumento en costos (incluyendo el costo del
dinero) y, al mismo tiempo, una caída en el ingreso (o en
las ventas, si se trata de una empresa). Por esa razón la
estanflación es difícil de revertir: marcó
la década de los 70 y la acción de los bancos centrales
en todo el mundo. Hasta la teoría económica sufrió
un fuerte impacto, con la debacle de la criatura en que se había
convertido la obra de Keynes y el surgimiento de la ortodoxia neoliberal.
Hoy regresa el fantasma de la estanflación.
Estados Unidos se encamina a una fuerte recesión: el crecimiento
del último año deja mucho que desear y la caída
en el empleo alcanza niveles alarmantes. Coincidentemente, el índice
de precios experimenta aumentos inquietantes. Para mayo la tasa
anualizada en el índice de precios al consumidor había
alcanzado 6.8 por ciento.
La eurozona también se aproxima a un escenario
de estanflación, con una contracción fuerte y tasas
de inflación a su nivel más alto en 16 años.
El Banco Central Europeo incrementó la tasa de interés
a 4.25 por ciento, lo que podría difundir el fenómeno
a escala mundial.
Pero aquí es donde las cosas se ponen interesantes.
Después de 20 años de un régimen de política
monetaria en el que la estabilidad del nivel general de precios
debía ser, si no la única, por lo menos la principal
prioridad del banco central, se redescubre la presión inflacionaria
por costos, básicamente por las alzas en los precios de petróleo
y alimentos. ¿Dónde quedó la inflación
como fenómeno exclusivamente monetario?
Es cierto que en Estados Unidos las presiones inflacionarias
podrían agravarse por una política monetaria relajada,
motivada por el miedo del banco central a la recesión y por
la necesidad de entrar al rescate del sistema financiero después
de la debacle del mercado hipotecario. Por el momento, la Reserva
Federal se inclina por mantener tasas de interés bajas para
evitar caer en una recesión más profunda. Habrá
que ver si eso permite esquivar el monstruo de la recesión
y alcanzar la estabilidad en los próximos meses.
Pero hay dos cosas que molestan en este escenario.
Primero, la depreciación del dólar. Con ella se busca
atenuar el desequilibrio externo, pero esa devaluación conlleva
un efecto inflacionario adicional al encarecer las importaciones
(su precio aumentó 17 por ciento en el año que concluyó
en mayo). Segundo, las estructuras de mercado altamente concentradas
que permiten manipular precios. Esto genera no sólo distorsiones
en el sistema de precios relativos, sino que su proyección
a nivel macroeconómico presiona el rango general de precios.
Hoy, la concentración y poder de mercado en el mundo del
petróleo y la industria agroalimentaria permiten a algunos
agentes manipular y trasladar incrementos de precios a toda la economía.
Esto nos lleva al tema de la economía política
de la estanflación. Es verdad que la inflación se
relaciona con las expectativas inflacionarias frente a un cambio
de régimen monetario, pero también con la fuerza económica
y política de diferentes grupos y agentes económicos.
Cuando el régimen monetario genera expectativas inflacionarias,
algunos agentes pueden aumentar su participación en el ingreso
nacional manipulando precios y trasladando los aumentos a los consumidores.
Desde este ángulo, las consecuencias de
la estanflación sobre la distribución del ingreso
también dependerán de la capacidad de lucha de obreros
y campesinos en el mundo. Su movimiento ha sido golpeado por la
ofensiva neoliberal de las últimas décadas y una recesión
podría debilitarlo todavía más. Pero la estanflación
a principios del siglo XXI puede marcar el hartazgo con las políticas
neoliberales y constituir un incentivo para encontrar nuevas formas
de organización y de movilización.
Publicado: 03/07/2008
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