Fujimori
sabía lo de Barrios Altos
EL DOC LO CONTÓ
Por: Efraín Rúa |
“Sí, él me ha ordenado que te
busque, él está comprometido, también está
comprometido Santiago Fujimori”, le respondió Vladimiro
Montesinos a su viejo amigo Francisco Loayza, cuando éste
le preguntó acerca de las responsabilidades sobre el crimen
de Barrios Altos, ocurrida el 3 de noviembre de 1991.
Tras largos meses de ostracismo, Loayza, el primer
asesor de campaña de Fujimori, acababa de ser llamado por
Montesinos para entregarle un encargo del mandatario. Éste
quería que se bloqueara la designación de Javier Diez
Canseco como presidente de la comisión investigadora del
Senado sobre esos hechos. Sabía que Loayza conocía
al presidente del Senado, Máximo San Román, y confiaba
en su vinculación para bloquear esa posibilidad.
Fujimori estaba temeroso luego que uno de los testigos
del crimen revelara el número de las placas de dos vehículos
que trasladaron a los asesinos hacia la quinta del jirón
Huanta, y luego que se conociera que las placas pertenecían
a carros oficiales que estaban asignados nada menos que a su hermano
Santiago y al viceministro del Interior David Mejía, un hombre
de Montesinos.
Pese a las presiones del gobierno, las investigaciones
de Diez Canseco revelaron que la quinta del jirón Huanta
había sido objeto de vigilancia por parte del Servicio de
Inteligencia y que meses antes dos agentes habían sido detenidos
por miembros de la Dirección de Inteligencia de la Policía,
pues sospechaban de su presencia. La existencia de un grupo de aniquilamiento
aparecía como la versión más certera de los
hechos a medida que avanzaban las pesquisas, hecho que preocupó
a los mandamases del régimen y fue una de las razones del
golpe de Estado de 1992.
Era tan evidente la vinculación del crimen
que Abimael Guzmán, el líder senderista, dio órdenes
para enjuiciar al gobierno por el crimen, en momentos en que los
autores todavía no habían sido identificados. Guzmán
dijo que sus abogados debían utilizar el Código Penal
para acusar al régimen por delito de genocidio: «Estamos
incursos en lo que dice acá, por eso es clave cerciorarse
si no hay ningún error. Bien ¿qué delitos?
dice: matanza a miembros del grupo, Barrios Altos, ya está
incurso dentro de esto ¿no?...»
Guzmán les recomendaba a sus abogados estudiar
el artículo 129 del Código Penal para darles una lección
a los asesores del gobierno. «Habría que ver ahora
cómo se hace con Barrios Altos; es vox populi que es contra
nosotros, ¿quién lo ha hecho? ¡Que busquen y
juzguen a los que resulten culpables, pues! ¿La deniegan?
Muy bien, que la denieguen, pero voy y me quejo. ¿Para eso
no dicen que hay Tribunal o Comisión Internacional? (...)
Ahora sí tenemos un caso típico de genocidio, nos
parece que habría que denunciarlo...»
Tal vez por eso suenen reveladoras las palabras
de Montesinos señalando que si es posible cometer crímenes
en nombre del Estado. Lo sabe bien el hombre que puso en práctica
la utilización de métodos de guerra sucia para acabar
con la subversión en el país. Lo sabe bien, el subordinado
de Fujimori, en nombre del cual ordenaba matar, secuestrar e intimidar
a todo aquel que se pudiera al frente de la dictadura que se implantó
en el país a partir de 1992.
Como no creer en la versión del hombre que
indujo a su propio padre al suicidio, con sus maltratos constantes
y sus imputaciones por la muerte de su madre. El hombre que, cuando
su padre se suicidó con una sobredosis de barbitúricos,
declaró suelto de huesos: “¿Tú crees
que la muerte de este hijo de puta afecte mi carrera?”
Lo real es que Montesinos demostró que es
un hombre de temer. Así lo reconoce el propio Loayza que
estudia la posibilidad de solicitar asilo en Chile, pues sabe que
Montesinos tiene sus propios sicarios. Una de sus víctimas
habría sido el policía que apresó a Fujimori
luego que una de sus alumnas lo denunciara por violación.
Según Loayza, el policía pagó con su vida tamaño
atrevimiento.
Publicado: 03/07/2008
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