MADRE DE DIOS: La fiebre del oro

AMENAZA A LA BIODIVERSIDAD

Por: Róger Rumrrill |

La Capital de la Biodiversidad del Perú, Madre de Dios, se enfrenta a una nueva amenaza: la “fiebre del oro” que se ha desatado por los altos precios de este mineral cotizado a nada menos que a 1300 dólares la onza (28.7 gramos) en el mercado.

Miles de campesinos pobres de Puno y Cusco están bajando en busca de la quimera del oro, que evoca la célebre película de Charles Chaplin, para extraer las pepitas de oro esta vez ya no en las orillas de los ríos Madre de Dios, Colorado, Inambari y Huaypetue, sino en el subsuelo, debajo de los grandes bosques de castaña, shihuahuaco, cedro, y otras especies forestales provocando severos impactos en la biodiversidad tropical.

Los precios del mineral aurífero empezaron a subir como espuma desde fines del año pasado, pero sobre todo luego del anuncio que hizo el 14 de enero de este año el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, del alza de los precios del interés hasta 4.25 por ciento y a causa de la debilidad del dólar frente al euro, los precios cada vez más altos del petróleo, la inflación y las tensiones mundiales. En este contexto de incertidumbre, el oro es un valor de refugio ante la caída de las bolsas.

La invasión es incontenible. A la fecha, se estima que aproximadamente 15 mil personas están dedicados a extraer oro. De ellos, el 90 por ciento son mineros informales. Cada día llegan a Madre de Dios, siguiendo la vía Interoceánica en construcción, entre 200 a 500 personas, todos ellos con la mirada puesta en la minería.

El grueso de los invasores está concentrado actualmente en los sectores de Delta (Punkiri), Guacamayo, Malinowski y en las Comunidades Indígenas de Shinringayoc, Katsimba, Puerto Luz y Barranco Chico. Pero toda la Región Madre de Dios, de 85,873 kilómetros cuadrados de superficie y con 107, 662 habitantes, está sembrada de oro.

Daños irreversibles sobre los ecosistemas
La minería informal provoca daños irreversibles sobre los ecosistemas. Las víctimas son la flora, la fauna y las aguas. Lo primero que hacen los extractores es arrasar con el bosque y con ello matar o ahuyentar a la fauna. Luego cavan un hoyo y le llenan con agua. Una motobomba que arroja un poderoso chorro de agua convierte en poco tiempo al hoyo en un pozo y luego en una laguna artificial. Otra motobomba lleva la arena mezclada con oro a una tolva donde se procede a la separación del oro usando mercurio.

El mercurio y el combustible usado por los motores que accionan las motobombas contaminan los suelos y los arroyos de donde se extrae el agua para las operaciones. En pocas horas, un puñado de extractores provoca un verdadero desastre irreversible en el bosque virgen, en los suelos y en las aguas.

Lo que hace aún más grave la situación y más difícil la solución es que la burocracia del Estado ha creado un verdadero laberinto legal en las áreas de extracción. Sobre una concesión forestal se ha otorgado otra concesión castañera, sobre ésta se ha dado una concesión para reforestación y otra agrícola y encima de ésta se ha superpuesto un petitorio minero en trámite.

El Director Regional de Energía y Minas e Hidrocarburos de Madre de Dios, que ha recibido las funciones pero no así el presupuesto y los medios adecuados del gobierno central, el Ing. Rony Pastor Velásquez, explica que la complejidad de este problema sólo puede ser resuelto por todo el aparato del Estado en su conjunto.

Por su lado, la Comisión Ambiental Regional de de Madre de Dios (CAR-Madre de Dios) ha planteado que se declare en emergencia ambiental la actividad minera en Madre de Dios, dejando en suspenso el otorgamiento de petitorios mineros entretanto el Gobierno Regional de Madre de Dios realice un catastro de concesiones mineras, forestales, turísticas, castañeras, shiringueras, predios agropecuarios y de tierras de Comunidades Indígenas.

La Interoceánica, el presente y el futuro de Madre de Dios
Madre de Dios es un territorio de mitos y utopías. El mítico “El Paititi” está en Madre de Dios. El metal aurífero y la biodiversidad, el oro verde, son la utopía para millones de pobres en el Perú. Pero también para las grandes empresas. Otro de los mitos es ahora la carretera Interoceánica, una mega inversión de 892 millones de dólares que ahora tiene un sobre costo de 400 millones más de dólares porque, según la ministra de Transportes y Comunicaciones, Verónica Zavala, el gobierno de Toledo, que gestionó la inversión, no realizó los estudios y cálculos pertinentes en su momento.

La Interoceánica que es la puerta de entrada al Brasil y salida al mercado de la cuenca del Pacífico, por razones políticas, se inició saltando la aprobación del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), festinando trámites y con una omisión principal: la obra fue aprobada, financiada e iniciada sin disponer de un evaluación de impacto ambiental y social, tal como señaló en un estudio Marc J. Dourojeanni Ricordi, famoso experto peruano.

Los costos ambientales y sociales de esa imprevisión están a la vista: la amenaza de la minería informal, pérdida de la biodiversidad, reducción de la caza y pesca, degradación del ambiente urbano y severos impactos de orden social en una de las zonas de mayor biodiversidad del mundo y, por lo tanto, una de las más vulnerables.

El presente y el futuro de la capital de la biodiversidad del Perú están en juego.

Publicado: 26/06/2008

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