Negociado
con los terrenos del Estado
LAS NECESIDADES DE LIMA AUSENTES
Por: Jorge Ruiz de Somocurcio |
El año pasado, una gran asamblea vecinal
reunida en Comas aprobó su plan de desarrollo, definiendo,
entre otros temas, el futuro del aeródromo de Collique como
la gran área verde y ecológica que el distrito necesita,
admitiendo complementariamente la construcción de viviendas
y un parque industrial. Al otro lado de la ciudad, en Miraflores,
los vecinos de Santa Cruz hacían suya la propuesta municipal
de dedicar los terrenos del cuartel San Martín a la edificación
de un centro de convenciones, centro empresarial, centro cultural,
vivienda, turismo y áreas verdes y paisajistas.
¿Qué tienen en común estas
propuestas municipales? Que ambas se ubican en terrenos del Estado,
que han cobrado valor por el propio desarrollo de la ciudad y en
los que sin embargo hoy se anuncian procesos de privatización
que no tienen nada que ver con las propuestas municipales ni el
futuro urbano de la capital.
El Estado tiene, solamente en Lima Metropolitana,
no menos de 100 hectáreas en propiedades, sin contar los
suelos eriazos que rodean la ciudad. Me estoy refiriendo solo a
aquellos terrenos de la trama urbana y que han adquirido una plusvalía
gracias a la inversión municipal y privada del entorno.
Pues bien, el Ejecutivo acaba de lanzar la orden
de vender todas estas propiedades al mejor postor, como quien remata
un terreno minero o una irrigación donde el mejor precio
en ese caso puede ser lo determinante para el Estado. En el caso
de la ciudad no es así. El Estado no puede olvidar que su
papel es el servicio, y si una ciudad como Lima es deficitaria en
áreas verdes, recreativas, ambientales, equipamiento e infraestructura,
los terrenos disponibles deben servir para convocar a una alianza
público-privada en la que el negocio inmobiliario esté
también comprometido con la ejecución del intercambio
vial, el centro de convenciones, el museo de sitio o el área
ecológica que la ciudad o el distrito necesita.
Quiere decir que esta subasta de terrenos no puede
ni debe encontrar simplemente a un Estado con la Superintendencia
de Bienes como un martillero, sino que Pro Inversión tendría
que incorporar en las bases las propuestas municipales de desarrollo
urbano para esas áreas como inversiones a ser ejecutadas
por el postor.
El Ejecutivo piensa obtener US$140 millones para
dedicarlos a "construcción de los nuevos ministerios
y ayuda social" (sic). Cifra ínfima para un país
ícono de crecimiento económico y que no necesita matar
la gallina de los huevos de oro que representan esos terrenos. La
mayoría son los últimos grandes lotes de la ciudad,
con posiciones inmejorables en los que el tamaño de cualquier
actuación urbanística permite que convivan perfectamente
negocio y servicio.
Llama la atención en la subasta del cuartel
San Martín, que estaba en curso, no se hayan incorporado
siquiera los parámetros que hizo Miraflores para la zona.
El presidente de Pro Inversión, corrigiendo la convocatoria,
declaró que se tomarán en cuenta, pero no es suficiente.
Las municipalidades, Pro Inversión y Lima
Metropolitana tienen una de las últimas posibilidades de
hacer algo más que un remate de terrenos impulsando megaproyectos
integrales que con seguridad no solo mejorarán la calidad
de la ciudad, sino que también la reposicionarán como
metrópoli en América Latina.
Publicado: 26/06/2008
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