Gracias al neoliberalismo

Trabajadores peruanos perdieron 263 millones

Por Efraín Rúa

La minera Casapalca arroja 100 millones de soles de utilidades al año gracias a la venta de plata, zinc, cobre y plomo, pero sus trabajadores no están en planillas y apenas ganan unos 25 soles diarios, sin el descuento por alimentos. Ese microcosmos se repite a nivel nacional. Por un lado, la opulencia grosera; por el otro, la miseria extrema.

Cálculos de economistas como Humberto Campodónico confirman esta realidad. Cada año los trabajadores pierden unos 18,8 millones de soles anuales desde que el sátrapa Alberto Fujimori implementara su legislación laboral que acabó con todos los derechos existentes. En cambio, las empresas reciben 20,67 millones más que hace 14 años. Si multiplicamos las pérdidas laborales por los años de aplicación del modelo, cuantificaremos parte de las pérdidas laborales: 263,2 millones.

Se barrió con un siglo de avances para retroceder al siglo 19. Eso es el neoliberalismo. Entonces, a quién le puede extrañar que el dueño de la mina Casapalca vocifere: “¡Yo compro a la justicia!”, cuando los sindicalistas prefirieron llevar el litigio al Ministerio de Trabajo y no tratar directamente con él.

Tampoco extraña que cuando los proletarios tomaron la mina, acudiera a la policía, tan presta ella para ayudar a los ricos en problemas. Esa es la lógica del sistema. Servir a los ricos para que los pobres sigan siendo pobres y sin derechos.

En el documento Pobreza, desigualdad y desarrollo en el Perú, Informe anual 2006-2007, publicado por OXFAM, Campodónico revela que el golpe de Fujimori no sólo fue un golpe de Estado, fue también un asalto a la economía de los trabajadores, asalto que se perpetúa hasta hoy.

Así, tras el fujishock, los salarios se redujeron, del 30,1% del PBI nacional al 25,0% en 1992, cifra que se mantuvo estable hasta que el constructor del segundo piso del fujimorismo (Alejandro Toledo), los llevó a una nueva caída en 2005, hasta llegar al 22,9 del PBI.

Entretanto, los empresarios se frotaban las manos. Tras el fujishock, las ganancias de las empresas pasaron, del 52,7% del PBI al 60,6%. La cifra se mantendría estable hasta que el toledismo la elevó a 60,6% en 2005. De allí que Campodónico afirme que “... los frutos del crecimiento pueden ‘concentrarse’ en los sectores de altos ingresos, motivo por el cual la mayor parte de la población no siente la bonanza anunciada con bombos y platillos por los medios de comunicación.”

Como lo recuerda Raúl Wiener, en estos años hemos escuchado la monserga de que los derechos laborales son adversarios del empleo. Así, se abrió paso impunemente a la destrucción del Estado, la privatización de empresas y servicios públicos con racionalizaciones de personal, apertura comercial indiscriminada y crisis de la pequeña empresa y la agricultura.

Del despido masivo de trabajadores se pasó a la recontratación en modalidades absolutamente precarias: temporalidad, servicios no personales, subcontrata, sérvices, empleo juvenil, etc. Sin seguro social, sin pensiones, sin 8 horas de trabajo, etc.

Entonces, a quién le puede sorprender que los estudios de la OIT revelen que el 50.9% de trabajadores peruanos tengan jornadas laborales que superan las 48 horas semanales, y que el Perú ocupe el primer lugar de trabajadores con mayor jornada laboral, seguido de Corea del Sur, Tailandia y Pakistán.

El ingreso promedio de los trabajadores no alcanza a cubrir la canasta mínima familiar. Los mejor pagados, del sector Servicios, apenas bordean los 1,108 soles, cifra cercana a los 1,200 soles necesarios para cubrir las necesidades de una familia de cinco miembros. Pero la mayoría no pasa de los 500 soles.

Una encuesta reciente revela que la mayoría de peruanos reclama al gobierno la solución de apremiantes problemas, como: la pobreza, el hambre y la miseria (19.2%); la delincuencia y pandillaje (10.4%); el bajo nivel educativo (7.4%); corrupción en general (6.7%); y mala situación económica del país (5.9%).

Ese es el Perú construido por el neoliberalismo y sus seguidores, modelo que aplica hoy el populista Alan García. La justificación del modelo es la tasa de crecimiento que aparentemente estaría alcanzado la economía peruana y que Campodónico se encarga de desmitificar.

Si se restan las utilidades de las empresas extranjeras tendremos que el crecimiento el 2006 únicamente fue del orden del 5,4%. Y si le quitamos las alzas de los precios internacionales y las remesas enviadas por los peruanos en el exterior, la cifra de crecimiento del PBI se reduciría a 2,4%. ¿Dónde está el milagro?

Entretanto, las empresas de la Bolsa de Valores de Lima obtienen una rentabilidad promedio de 29,2%, cifra que se encuentra entre las más altas del mundo y que les permiten recuperar en sólo 3 años su inversión.

Ese es el éxito del modelo: hacer más ricos a los ricos.

23-06-07