Moquegua
golpeó al autoritarismo
CUANDO UN PUEBLO SE MOVILIZA
Por: Efraín Rúa |
Con la promesa de la entrega de 102 millones de
soles adicionales, el gobierno de Alan García logró
aplacar la justa lucha del pueblo moqueguano que durante 10 largos
días desarrolló una serie de protestas que conmovieron
al sur del país.
En resumen, la propuesta del gobierno plantea los
siguientes puntos: facilitar la inversión pública
por 82 millones de soles, proponer normas legales que permitan la
elaboración de contabilidades separadas en el caso de la
gran minería y entregar por concepto de aporte voluntario
al Fondo Minero de Solidaridad 24 millones de soles por el año
2007.
De este modo se pone un alto a la lucha del pueblo
moqueguano que atizó el odio del gobierno y llevó
al presidente Alan García a señalar que “los
responsables de los actos de violencia en Moquegua tendrán
que pagar por sus delitos”, y a decir que “el caso será
tratado de la misma forma en que se procesó judicialmente
la toma de la comisaría de Andahuaylas”.
Eran palabras que apuntaban a infundir temor entre
los pueblos que se alzan contra el despotismo aprista. Lo cierto
es que la violencia se desató el pasado lunes cuando el general
PNP César Alberto Jordán Brignole fuera abandonado
a su suerte luego que fracasara el desalojo del puente Montalvo
por efectivos de la DINOES, acto que constituyó una verdadera
provocación por la que debería responder el ministro
Luis Alva Castro.
La respuesta de García fue una afrenta para
los pobladores de Moquegua e Ilo que durante más de 40 años
tragaron el humo de la fundición de la Southern, atentado
que jamás ha sido reconocido por la empresa ni por los gobiernos
que permitieron su inescrupuloso accionar. Ahora que el precio del
cobre ha llegado hasta 2.6 dólares la libra, paradójicamente
los ingresos de la región bajan en vez de crecer. Y encima
el gobierno quiere que no protesten
Alan García no pudo justificar la injusta distribución
del canon que otorga a Moquegua 178 millones de nuevos soles frente
a los 712 que recibe Tacna, pese a que la primera produce 182 toneladas
métricas de cobre (52%), y la segunda 177 (48%). Nada justifica
que el canon se fije sobre la base de la cantidad de tierra removida,
tal como se hace ahora.
Pero ¿por qué el gobierno se queda
con la mitad del total recaudado por Impuesto a la Renta y solo
la otra mitad se convierte en canon para los gobiernos regionales
y locales, en los que se produce esa renta y se sienten los impactos
de la actividad minera? ¿Y por qué ese 50% no se distribuye
también a las comunidades que son dueñas de los territorios
donde se ubican los yacimientos? ¿Y por qué no les
toca nada a otras regiones que carecen de recursos mineros?
Lo cierto es que hay un problema de fondo y Alan
García se niega a cumplir su promesa electoral de aplicar
un impuesto a las sobreganancias mineras, que generaría recursos
para atender la cobertura de servicios básicos y programas
sociales que tanto demandan los pueblos del país. El impuesto
a las sobreganancias se justifica porque las empresas mineras jamás
han pagado un solo centavo por la extracción de la materia
prima, un bien que pertenece a todos los peruanos.
Hoy, lo que está en cuestión es el
modelo económico neoliberal, diseñado para facilitar
el saqueo de nuestros bienes naturales y multiplicar las ganancias
de las empresas transnacionales. El país requiere una equitativa
distribución del canon, así como un impuesto mayor
a las mineras.
En estas circunstancias, ya no basta la represión
para acallar las protestas frente al incumplimiento de las promesas
electorales y a la aplicación de una política económica
contraria a los intereses nacionales. La represión y las
amenazas contra las organizaciones sociales que anuncian la realización
del paro nacional el 9 de julio, están condenadas al fracaso.
Mario Huamán, secretario general de la CGTP,
ha señalado que el gobierno es el responsable de las protestas
que se desarrollan en el país, como consecuencia de una política
que únicamente escucha a los grupos de poder. “En el
Perú debe haber un cambio de ministros y un cambio en la
política económica y social para que Alan García
cumpla con promesas electorales, como la restitución de la
Constitución de 1979”, afirmó.
Ahora que el gobierno insiste en la privatización
de puertos y aeropuertos, el remate de las tierras comunales y la
ley de la selva y la entrega de la Amazonía a los grupos
monopólicos, la protesta de las organizaciones está
plenamente justificada. Mucho más si tomamos en cuenta las
más de 50 actas suscritas por el ministro Jorge del Castillo
que hasta hoy no se cumplen. Actas como las firmadas con los trabajadores
del sector Educación a los que se prometió un aumento
de 100 soles hace seis meses que hasta hoy no se entrega.
Mario Huamán recordó que las demandas
del pueblo de Moquegua nunca fueron escuchadas y se esperó
a que se desate la indignación popular para buscar soluciones.
“El gobierno no entiende otro lenguaje que las huelgas y movilizaciones,
ya que ignora todos los llamados al diálogo”, expresó.
Todos estamos advertidos.
Publicado: 19/06/2008
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