Paraguay
COMPLICADA PREPARACIÓN PARA ZARPAR
Por: José Antonio Vera | ARGENPRESS
El Estado Paraguayo recuerda a una vieja y maltratada
barca fondeada, que hace agua por todos lados, con un capitán
vencido, ausente, casi autista, y una tripulación inepta
y corrupta, acomplejada porque la clase alta no la integra y la
mayoría del pueblo cada día le expresa mayor hartazgo
ante su ostentosa vida desbordante de lujo y mal gusto, producto
de décadas de administrar el país como hacienda de
familia avarienta, mediocre e inculta, sin una mínima sensibilidad
y atención por los problemas sociales.
Un calafateo urgente exige la situación
de la maltrecha nave si se quiere evitar que termine en el fondo
de las fangosas aguas del Río Paraguay o en las del poderoso
Paraná, del que sus voraces linderos Brasil y Argentina,
una vez más, correrían voluntariosos a su rescate
para terminar despojándole de todo, como ha ocurrido en otros
episodios de la nada fraterna historia común.
Lo nuevo y que alimenta esperanzas de salvataje,
es que hay un nuevo capitán, de nombre Fernando Lugo y profesión
Obispo, sí, jerarca religioso renunciante y, aunque se le
desconoce experiencia de calafatero político, no hay muchas
dudas de que puede aprender, porque es trabajador y respetuoso,
considerado buen alumno por el inflexible Vaticano, benemérito
Estado verticalista que varias veces ha abandonado hijos pero también
tolerado y apoyado, siempre que los intereses de la curia lo han
reclamado.
Lugo también es austero, hasta en las palabras,
porque desde el 20 de abril, y un poco antes, cuando fue elegido
por la mayoría del pueblo para conducir el país, sólo
ha pronunciado algunos enunciados generales de buenas intenciones,
los que se limita a repetir cada vez que es interrogado acerca de
su agenda de trabajo, proyecto de país y composición
de su equipo, “en cuya designación soy yo el único
responsable”.
Prosigue el déficit comunicacional
En el plano de lo desconocido permanece aún,
de manera intencionada o no, la fundamentación de sus ideas
centrales para ejercer el gobierno, que la población, en
especial la que le dio la victoria electoral, tiene derecho a conocer,
legítima aspiración que debería ser satisfecha
con una nueva concepción de la comunicación entre
los dirigentes y el pueblo, sin la cual, difícilmente se
podrá hablar de un nuevo Paraguay, de poder transparente
y de participación popular, dos elementos claves de apoyatura
de un Presidente carente de aparato político propio.
Del empeño y negociaciones de Lugo, por
definir el equipo que lo acompañará y el contenido
final de su programa, muchas cosas se están omitiendo y ese
déficit informativo, como siempre ocurre cuando la población
tiene interés por sanear la actividad política, es
aprovechado por el enemigo para crear zizañas y desaliento,
al tiempo que produce incertidumbre y muchos interrogantes entre
las bases que han luchado por un cambio y lo siguen buscando.
Con el deliberado y explicable propósito
de tranquilizar algunos sectores, apenas se ha difundido el nombramiento
de los titulares de Hacienda Dionisio Borda, diplomado en Estados
Unidos, ex funcionario de organismos financieros internacionales
y el primer Ministro de Duarte Frutos en ese rubro, el de Industria,
Martín Heisecke, un empresario privado exitoso en el sector
farmacéutico, quien habría sido uno de los inversionistas
en la campaña electoral, y del General Luis Bareiro, en Defensa.
Al ritmo lento, escogido por el Presidente electo
para designar al resto del próximo Ejecutivo, se le ha sumado
una creciente disminución de luz y de facilidad informativa,
generando una cobertura falsa que estimula inquietud en el enrarecido
entorno del ex Obispo, conformado por alguna buena gente pero también
de las otras, impacientes aspirantes a subir a la embarcación,
entre los que destacan familiares muy próximos o improvisados
calafatines, tozudos redivivos y oportunistas de todos los pelos.
Ese estado de intranquilidad es otro elemento relevante
en la actividad política paraguaya, que sale remozada de
un extendido letargo, víctima de 60 años de poder
absoluto del Partido Colorado, con 35 años de tiranía
y casi 20 de una transición, mejor llamada transacción,
que fue claro gatopardismo y generó una de las últimas
grandes desilusiones populares.
También es novedad, y muy saludable, el
despertar cívico de la población que, aparte de derrotar
en las urnas al partido gobernante, ahora expresa creciente atención
al quehacer político como hace años no lo hacía,
a tal punto que, en los últimos días, ha reaccionado
malestar ante algunos movimientos de las piezas del ajedrez de Lugo,
en quien radica el núcleo de la fuerza, aunque esté
muy lejos aún de fluir como expresión de una organización
que pueda ser considerada luguista, capaz de instalarse con perfil
propio en el seno de la Alianza Patriótica para el Cambio
(APC).
Insuficiencia de cuadros políticos
En la necesaria caracterización de los actores
principales que están en la cancha, labor pendiente aún
en toda la sociedad paraguaya, predomina en la generación
joven, la preferencia por el concepto de movimiento sobre el de
partido, quizás con acierto por su relativa libertad creativa
y mayor espacio para la imaginación y la aventura intelectual.
Empero, en la coyuntura actual, con el quemante
compromiso de moralizar, administrar y transformar el país,
desde hoy mismo, para la APC se plantea el grave problema de la
carencia de cuadros políticos suficientes, en cuya formación
ideológica y disciplinaria, la herramienta más eficaz,
hasta ahora, sigue siendo el partido.
En el necesario debate teórico, ausente
por años en estas tierras, el tema de la significación
y del rol del Movimiento y del Partido, debería ser encarado
y discutido lo antes posible, porque urge una definición
conceptual y metodológica entre los sectores progresistas.
La APC es un conglomerado muy heterogéneo,
entre un partido fraccionado, el Liberal, y varios movimientos,
todos con notables diferencias doctrinarias entre sí, afectados
por el virus de la división a causa de los males de la siempre
indefinida pubertad política, el personalismo en la cima
y la improvisación en la práctica.
El pensamiento crítico, ineludible aunque
escaso y que, por lógica, produce autocrítica y, en
ocasiones, hasta generosa modestia y humildad, puede ayudar a corregir
el estilo vacilante y soberbio, por inseguro, que expresan muchos
referentes de la Alianza, sin conciencia de la importancia que tiene
convencer para sumar entre una población con un sector minoritario
de sentido de pertenencia, pero con una mayoría expectante.
Desprolijidades del entorno
Entre las desprolijidades de los últimos
días, que producen desazón en las bases, sobresale
el nombramiento “tramposo pero gustoso”, al decir de
un radialista conocido, en la represa binacional paraguaya-argentina
de Yaciretá, sin pasar por ningún concurso de méritos
y al mejor estilo prebendario habitual, de un sobrino del Presidente
electo y un hermano del Vicepresidente Federico Franco, ambos con
altos salarios.
Circulan fundadas sospechas de que el nombramiento
fue una maniobra de la cúspide colorada, que codirige ese
ente, con la intención de ridiculizar y desprestigiar a la
APC, haciéndola aparecer, ante una opinión pública
mal informada, tan corrupta como la tradicional clase política
nacional, experimentada en el nepotismo y amante de negociados turbios.
Clásica cáscara de bananas, que dos días después
se lanzó a los pies de un sobrino de Franco, ascendido sorpresivamente
en una dependencia del Estado.
Esas nominaciones han provocado un estallido nacional
de repulsa y confusión. El primero de los reclutados, que
trabajaba en una playa de venta de vehículos, fue contratado
como experto en medio ambiente y el segundo, abogado, ingresó
al Departamento Jurídico, del que renunció de inmediato,
al comprender que ese acto perjudica la imagen de su hermano. En
cambio, el sobrino de Lugo se aferra al sillón y a los cuatro
mil 700 dólares mensuales, desafiando a buena parte de la
opinión pública.
Los nombramientos se realizaron en ausencia de
Lugo y Franco, cuando el primero efectuaba una visita a Corea del
Sur y el vice recorría Israel. Al retorno se encontraron
con el escándalo, que el futuro mandatario subestimó
al considerarlo un problema en el que no pensaba intervenir, mientras
su adjunto saludaba alborozado la decisión de su hermano,
“sacrificado en lo personal para servir al país”,
esperando un rédito político que no supo utilizar
el número uno, en muchos momentos indefinido aún entre
político y religioso.
Riesgos de recuperación
El pueblo, sumido por décadas, toma conciencia,
atento a los nuevos vientos políticos que soplan en la región
y comienza por reclamar ética a sus gobernantes. Si el ex
Obispo y el equipo que se está armando, subestiman este tipo
de actos, es posible que los mismos se multipliquen y se cobren
un alto precio que la mayoría parlamentaria enemiga se ocupará
de cobrar a partir de su asunción este uno de julio.
Fernando Lugo Méndez, sobrino de Epifanio
Méndez Fleitas, uno de los caudillos colorados más
recordados, también tiene que lidiar con otros familiares
muy cercanos, todos vinculados desde siempre a la política
pero advenedizos en la militancia, en la que han irrumpido en los
últimos meses, con desprolijidad y un estilo autoritario
que huele a naftalina. Ya registran varios descuidos graves.
Su hermano Pompeyo, empresario, que se presenta
como Caradenal de la Iglesia Pentecostal de Suecia, y recién
condecorado con la Cruz de Malta, un mes antes de las elecciones,
organizaba reuniones buscando garantizar la continuidad colorada
en el poder, pero ahora está alineado al Presidente electo
y convoca a sostenerlo “con la alianza obrero-campesina, primera
fase de la construcción del socialismo”, para lo cual
es necesario recuperar el partido, el que deberá estar, faltaba
menos, bajo su conducción.
El asunto es grave y puede constituir una amenaza
para el futuro de Paraguay. Aparte de las contradicciones evidentes
de tal postura, lo que está en juego es la estrategia futura
de los colorados, incapaces hoy de reunificarse y fabricar un líder,
vacío que abre puertas a cualquier peligroso ensayo, porque
es sabido que quien dirige esa poderosa amalgama de intereses, se
instala en candidato oficial para la jefatura del Estado.
Será Pompeyo?. La dirección actual
del partido desconfía de él, pero a la vez, lo aceptaría
como mal menor frente al General Lino Oviedo, otro aspirante con
el mismo objetivo de utilizar la dirección colorada como
trampolín para postularse a la Presidencia de la República
en el 2013 o, con suerte antes, si la aplanadora parlamentaria consiguiera
asfixiar a Lugo y a la APC, impidiendo su ejercicio.
Oviedo alcanzó un 20 por ciento de las bancas
del Senado y otro tanto en Diputados, con lo cual tiene recursos
para erguirse en un árbitro en muchas situaciones e, incluso,
ninguna sorpresa sería si estos días anunciara un
acuerdo con el Partido Colorado, del que proviene, hechura fiel
del General Alfredo Stroessner, pero del que está distanciado,
aunque endeudado, porque debe al Presidente Duarte Frutos su excarcelación
a fines del año pasado, cuando purgaba diez años por
intento de Golpe de Estado en 1996.
Tras las rejas de un cuartel cercano a Asunción,
declaró un años atrás que daría hasta
la última gota de su sangre para que Lugo ganara, pero una
vez libre y tras fracasar en varios intentos para sumarse al ex
Obispo, después de las elecciones, reclamando cuotas de poder
en proporción a su electorado, ya se ofrece como jefe de
la oposición futura, dispuesto a negociar con cualesquiera
de las bancadas, augurando desestabilización.
Terminar con el puesto de primera dama
En el ámbito familiar, Fernando Lugo también
ha debido registrar algunos traspiés de su hermana Mercedes,
quien está consumiendo rápidamente una buena imagen
de sencilla maestra jubilada que había ganado al principio.
En un acto reciente, en el sur del país, fue blanco del repudio
popular al presentarse con activistas colorados que, apenas dos
meses atrás, se destacaron en la campaña electoral
contra el Presidente de la APC.
Presentada como la futura primera dama (Lugo sigue
soltero), esa plaza es rechazada por muchos movimientos sociales,
partidarios de eliminar esa inútil figura protocolar, que
opera en un departamento anexo a la Presidencia, con un presupuesto
anual superior a los cinco millones de dólares.
Mercedes, madre del sobrino de Lugo empleado en
Yaciretá, y cuyo nombramiento defiende, tiene una hija que,
en los días inmediatos a la victoria electoral, presentaba
como futura Secretaria de Estado para Asuntos Sociales, cuyas decisiones
las tomaría ella, “dada la poca experiencia”
de la joven, capaz y trabajadora. Una prima de esa señora,
a su vez, acaba de fundar otro movimiento interno colorado.
Lugo Presidente es producto, en gran parte, de
su prestigio personal, adquirido en 25 años de contacto con
el pueblo humilde, al que conquistó con su sotana pero también
con su mensaje humanista sencillo y sus atributos de bonhomía
y franqueza suficientes para prestigiarlo ante un pueblo harto de
mentiras, abusos e injusticia, cometidos durante 60 años
por el Partido Colorado, cuya extrema corrupción e impunidad,
provocó su implosión.
Los acuerdos políticos que hicieron posible
la creación de la APC, las luchas de los movimientos sociales
y la militancia sindical y de diversas organizaciones populares,
conformaron el abanico de esperanzas que, el futuro, dirá
si es suficiente fuerza para generar el necesario cambio de la administración
política del país.
La mayoría fue ilusionada con las promesas
de la Alianza de terminar con los abusos de la politiquería,
con las injusticias, el prebendarismo, el desempleo, la marginación
social de seis paraguayos cada diez, el desmembramiento familiar
por causa de la emigración en masa, y la miseria de la enseñanza,
los servicios de salud y la vivienda.
Si hay lealtad entre los discursos y la práctica,
el pueblo paraguayo podrá construir un porvenir venturoso,
pero si el compromiso es traicionado, probablemente el país
retrocederá varias décadas, preso de la misma maquinaria
que secuestró su bienestar desde mediados del siglo pasado.
Publicado: 13/06/2008
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