TLC
para qué:
LOS FANTASMAS DEL PASADO
Por: Hugo Lezama Coca |
Cuando prácticamente se han extinguido
las voces y la parafernalia que la cumbre ALC-UE provocó
semanas atrás en la ciudad de Lima, es bueno constatar que
pese a todos los discursos rimbombantes y acuerdos, prácticamente
ha pasado a ser una reunión más, de esas que como
se decía antiguamente permiten dar una limosna a los menesterosos
para poder dormir en paz los días siguientes. Lo más
rescatable quizás haya sido la insistencia del anfitrión,
y no tanto de Colombia, para llegar a un acuerdo de libre comercio
con la Unión Europea, con la oposición de Ecuador
y Bolivia.
La estrategia del más importante bloque
europeo pareciera que es otra. A ellos no les apura tener un libre
comercio con los países andinos al estilo de Estados Unidos
de Norteamérica, u otro país asiático. Mas
bien sus intereses van por otro camino, como por ejemplo atender
el tema de la pobreza y el medio ambiente, quizás por los
problemas de inmigración que afrontan, y de preservación
de bosques y recursos naturales, tema que quisiéramos dejarlo
ahí, por cuanto otro es el objetivo de este articulo.
El asunto va más por el lado de los gobernantes
peruanos, desesperados por suscribir un TLC con Europa a toda costa.
Tal comportamiento deviene de una concepción o estrategia
económica que tienen las actuales autoridades y muchos economistas
oficialistas, alineados con el proyecto de hacer del comercio exterior
un vehiculo para el desarrollo de país; convencidos como
están de que sólo con la conquista de nuevos mercados
para la “inmensa gama de productos peruanos” se acabarán
los grandes males que agobian por años a la economía
nacional.
Allí están los acuerdos con EEUU
y últimamente con Canadá y Singapur, y los que se
anuncian como inminentes con China, Chile, Japón, México,
Corea del Sur, etc. Siguiendo la definición de lo que encierra
ese tipo de acuerdo, lo que estamos firmando o por firmar es un
libre tránsito de bienes entre el Perú y los países
mencionados sin las trabas que medidas arancelarias o para arancelarias
implican y da la sensación de que nuestra producción
para exportar es ilimitada, y que debemos de ofertarla antes de
que perezca o permanezca en el suelo o subsuelo; que inviertan los
que quieran exportar y eso en nuestro modesto entender no es así.
Da la impresión de que se estuviese poniendo la carreta antes
que los bueyes.
Esta estrategia es contraria a la que se implementó
en décadas pasadas: realizar un proceso de industrialización,
que no pretendemos defenderla pero que cumplió un rol importante
en el desarrollo de las fuerzas productivas del país y les
cambió la cara a los agentes de la economía nacional.
Sin embargo esa estrategia colapsó porque fundamentalmente
las economías se cerraron y no permitieron que a través
del intercambio fuésemos beneficiarios del progreso técnico
que da el comercio exterior, originando que nuestras industrias,
que se habían quedado en el proceso inicial de sustitución
de importaciones, se volvieran obsoletas e ineficientes.
En la actualidad, a mi juicio, aunque con otro
ropaje estamos cometiendo los mismos errores del pasado, que por
ahora no afloran gracias al extraordinario boom de las exportaciones
mineras y de variados bienes manufactureros como los agropecuarios
o los textiles. Con los acuerdos tipo TLC lo que va a existir en
el mercado nacional es una mayor presencia de productos extranjeros,
esencialmente manufacturados que desplazarán aún mas
a la poca industria nacional que está quedando. O es que
ya estamos renunciando a la posibilidad de un modelo distinto, por
ejemplo de una industrialización renovada que permita una
absorción de la abundante mano de obra que tenemos
Claro que con la intensificación de acuerdos
comerciales lo que quedaría es la exportación de productos
tradicionales, en la que siempre hemos destacado, productos mineros,
por ejemplo. Parece que éste será el resultado esperado
de llegar a los acuerdos finales con todos los países con
los que se pretende suscribir los TLC. Se juega a que este boom
minero va a durar mucho tiempo desperdiciando años y recursos
para mirarnos internamente. ¿Qué pasará cuando
bajen los precios de los metales? ¿Otra vez a las políticas
de shock o implorar a Dios para que nos ayude?
¿Con esa estrategia trataremos de combatir
males como el desempleo y la pobreza? Nos especializaremos en bienes
con bajo valor agregado, insumidor de poca mano de obra, dejando
que el mercado por si solo fije las posibilidades de desarrollo
de la economía nacional y que la actuación del Estado
pusilánime se limite a avalar con sus TLC y su ayuda social
el futuro del país.
Publicado: 06/06/2008
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