El
Perú demanda otro camino
RECUPERAR LA VISIÓN DE FUTURO
Por: Alberto Mosquera Moquillaza
Estamos como el cangrejo, caminando hacia atrás.
Mientras el economista bengalí Muhammad Yunus, el creador
de los bancos para pobres y convicto defensor de la economía
de mercado, suele confesar públicamente que su gran sueño
es acabar con la pobreza, en tanto que ésta “no debe
tener cabida en una sociedad humana civilizada”, debiendo
por tanto pasar a ocupar un lugar en el museo de la historia; en
el Perú, los sectores más esclarecidos del mundo de
la política y de la intelectualidad, se sienten satisfechos
porque la pobreza en el país esté disminuyendo a cuentagotas
en la costa – aunque en algunos departamentos de la sierra
como Huancavelica, aumente- no sintiéndose comprometidos,
hasta donde se puede observar, de pelear justamente porque ese mundo
de sufrimiento y angustia que conlleva la pobreza realmente desaparezca,
contentándose con impulsar políticas de asistencia
que está convirtiendo en menesterosos a más del 44%
de la población peruana que según el PNUD –
con cifras del 2006 – se hallan bajo el umbral de tan precaria
situación.
Esas políticas de beneficencia, como las
que el gobierno actual está impulsando (repartir entre gallos
y medianoche bolsas de víveres por un valor de 25 nuevos
soles) entre las familias limeñas de extrema pobreza, para
paliar dizque los efectos del explosivo aumento de los precios de
los alimentos, según el profesor Yunus, sólo sirve
para aliviar nuestras conciencias, pero no para afrontar la solución
del problema; con el agravante de estar haciendo añicos la
dignidad de millones de compatriotas que desde 1990, en el marco
del modelo económico vigente, espera la prometida redistribución
de la riqueza generada.
¿Por qué esos sectores políticos
e intelectuales que ayer nada más soñaban en el Perú
con eliminar la pobreza, hoy se contentan con impulsar y fortalecer
los llamados programas sociales ¿La respuesta hay que encontrarla
en la gran ofensiva ideológica desatada en las últimas
décadas contra lo que la burguesía denominó
“dinosaurios” del pensamiento social, que incluyó
a los socialistas de todos los colores y matices, opuestos al neoliberalismo
en boga; y que derivó, en el mejor de los casos con el “congelamiento”,
por esos sectores, de sus propuestas radicales, o en el peor, con
la franca abdicación de los postulados socialistas de la
primera hora.
En otras palabras se está bailando al ritmo
impuesto por la burguesía en el poder, sin que exista, creo
yo, una capacidad de respuesta en las que el sueño de largo
plazo, adecuadamente fundamentado cautive a las mayorías
nacionales. Hoy existen, sin embargo, condiciones objetivas para
la formulación de esa propuesta, que nacen de las propias
contradicciones y limitaciones de la globalización capitalista.
Una de ellas, específicamente, es la hambruna que se expande
en el planeta como consecuencia del alza de productos como el trigo
y el arroz, originada justamente por las prioridades establecidas
por el orden vigente, y en el cual la alimentación para los
pobres no es precisamente prioridad de prioridades, a pesar de existir
acuerdos vinculantes que debían orientarse a marchar en ese
sentido.
José Carlos Mariátegui, en una de
las conferencias que sustentó en la Universidad Gonzáles
Prada, a poco de llegar de Europa, señaló una gran
verdad. Él dijo que “un gran ideal humano, una
gran aspiración humana no brota del cerebro ni emerge de
la imaginación de un hombre más o menos genial. Brota
de la vida. Emerge de la realidad histórica. Es la realidad
histórica presente”. Esto es lo que queremos dejar
en claro cuando hacemos hincapié en que hay que recuperar
la visión de futuro: desde las condiciones concretas del
desenvolvimiento del capitalismo en la actualidad es posible hacerlo,
a condición por supuesto de romper con el embotamiento ideológico
generado a nivel mundial, y que en el caso peruano adquiere una
dimensión especial por el nivel que alcanzó la confrontación
social.
Aclaramos que no se trata de abandonar las reivindicaciones
del presente, pero teniendo en cuenta que la defensa de ellas, por
más radicalidad con la que se presenten, puede ser empleada,
en determinadas circunstancias, para fortalecer ideológicamente
el orden imperante. Un claro ejemplo de ello lo constituye la protesta
de los estudiantes sanmarquinos contra la construcción de
un by pass en el campus universitario. Para cierta prensa, este
movimiento, – a pesar de la violencia –debe ser visto
con optimismo porque indica que la vieja agenda universitaria “de
influencia marxista” está siendo sustituida “por
banderas más concretas y liberales de lucha”, como
lo es, según esos círculos, la defensa del derecho
de propiedad, “el más liberal y capitalista de los
derechos”.
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