Un
fantasma recorre la casa del pueblo
¿POR QUÉ ALAN GARCÍA
RESUCITA AL MRTA?
Por: Dante Castro Arrasco
Desde el sacrificio de 14 guerrilleros del MRTA
en la casa del embajador japonés Morihisa Aoki (abril, 1997),
muchos se dieron cuenta que el MRTA no existía como organización.
¿Por qué?... Aún no había muerto abaleado
el obrero Nestor Cerpa Cartolini, aún sus chicos y chicas
jugaban pelota en el gran salón de la mansión nipona,
aún los secuestrados recibían micrófonos de
manos del hoy purpurado cura Juan Luis Cipriani, cuando se hizo
evidente que esa toma armada no contaba con apoyo desde afuera.
Es decir, ni una pinta, ni un coche bomba, ni un petardazo aunque
sea para hacer ruido nomás. ¿Acciones armadas en el
interior?... Ninguna. ¿Ataques a comandancias policiales?...
Ni para muestra.
La soledad inmensa en que se encontraban aislados los 14 guerrilleros,
evidenciaba que el MRTA no existía más. Tal vez ésa
haya sido su última decepción. De eso aprovechó
el dictador Fujimori para ordenar la sangrienta retoma de la casa
de Morihisa Aoki y el rescate de los rehenes con un poder de fuego
de diez contra uno. No hubo prisioneros, ni rendidos, ni heridos.
Ni la derecha más democrática y antidictatorial se
ha propuesto averiguar por qué. Hasta quienes hoy piden condena
para el dictador Fujimori y su siniestro asesor Montesinos, los
felicitan por liquidar sin piedad a prisioneros de guerra.
Pero ahora que no nos vengan con el cuento de que el MRTA existe,
se está reorganizando, está rebrotando, etc. Puras
patrañas para sorprender incautos y aterrorizar a la población
más joven. Durante los siguientes diez años, jamás
se supo de acciones armadas o propagandísticas del MRTA,
excepto dislates de su "vocero oficial" en Alemania, quien
le agarró el gusto al cargo. Alguien que empezó a
envejecer jugando solitario, fue el último en apagar la luz
del MRTA.
Lo cierto es que el MRTA no sobrevivió a sus contradicciones
internas. ¿Pudo haber existido el MRTA después de
la muerte de Nestor Cerpa Cartolini?... Por supuesto que sí.
Pero no tubo capacidad de reorganizarse sin líderes históricos
sobrevivientes ni voluntad de generar nuevos cuadros. La izquierda
revolucionaria en el Perú considera al MRTA como un capítulo
cerrado de la historia, del cual hay que aprender. Y el aprendizaje
comienza evaluando sus errores y aciertos. En ese orden.
REBELIÓN EN LA GRANJA
¿Qué está pasando dentro del APRA?... Eso debería
preocupar más al mandatario García. Hay una rebelión
de conciencias dentro del partido aprista que cuestiona el neoliberalismo
de Alan García y la poca participación que ha concedido
dentro del poder a sus correligionarios. Pero eso no es todo: hay
un sector rebelde en el APRA que piensa muy bien a favor de su ex-compañero
Víctor Polay Campos. Este sector de apristas no duda en manifestarse
a favor de una amnistía o indulto. Este sector de apristas
está completamente de acuerdo con las conclusiones del parlamento
europeo acerca de la naturaleza no terrorista del MRTA.
Víctor Polay Campos fue aprista en su niñez y juventud,
hijo de una familia aprista tradicional en donde se heredan también
las convicciones ideológicas reforzadas por la persecución,
carcelería y destierro que padecieron los fundadores del
APRA. Cuando Víctor se da cuenta que su partido ha abandonado
las banderas iniciales antiimperialistas y antioligárquicas,
se va por el mismo camino que dejó trazado Luis de la Puente
Uceda.
Muchos apristas de la generación de Polay Campos cuestionan
seriamente este último desvío de Alan García
a favor del neoliberalismo, de los gabinetes compartidos con la
ultra derecha y el Opus Dei, así como la cesión de
territorio peruano a bases norteamericanas. Otros más jóvenes,
cuando están pasaditos de copas, gritan por la libertad de
Víctor Polay. La rebelión en la granja es muy preocupante.
LA TIRANÍA DEL ALMIRANTAZGO
Para nadie es un secreto que el ministro del Interior, Luis Alva
Castro es rehén del almirante y hoy vicepresidente Luis Giampietri,
(el asesino de El Frontón en la masacre de presos políticos
de 1986). Todo quedaría entre Luchos y Luchas, si es que
Giampietri no se hubiera impuesto para radicalizar la represión
contra los sectores populares organizados. Una concesión
entre genocidas fue la andanada de decretos del año pasado
que obraba en favor de las fuerzas armadas y policiales, dándoles
plena licencia para matar. El criminal Giampietri puede estar orgulloso
de cogobernar con las fuerzas más conservadoras del país,
con el Opus Dei y además con el APRA.
La casta de la Marina de Guerra hoy impone sus condiciones no sólo
al APRA, sino a las dos fuerzas armadas restantes: Ejército
y Aviación. Principalmente el Ejército, desarticulado
por la persecución de oficiales venales del fujimontesinismo,
acusados de corruptelas flagrantes, sin líderes de valía,
ha sido más fácil de someter por el imperio de los
uniformes blancos. La blanca Marina pide soluciones rápidas
contra la cholada, contra las turbas de indios sublevados, contra
los residuos del comunismo y también contra la supuesta "penetración
ideológica" chavista hasta ahora no demostrada ni en
las casa del ALBA ni en ninguna otra parte. Ya fracasó el
cuento de las casas del ALBA, entonces la represión generalizada
contra la rebelión de los estómagos vacíos,
necesita de otro justificativo: el rebrote terrorista.
HAY APRISTAS QUE ADMIRAN A CHÁVEZ
En secreto, los más fieles al legado de Víctor Raúl
Haya de la Torre, admiran al presidente venezolano. Eso es una realidad
porque Hugo Chávez ha puesto en práctica el programa
de Haya, antiimperialista, antifeudal, agrarista, nacionalista y
bolivariano. Hasta el solapado y empírico antimarxismo de
Chávez se parece mucho al elaborado macartismo de Haya. Es
justamente ese sector el que viene preocupando al anticomunista
de toda una vida, Mauricio Mulder. Las pesadillas del genocia Alan
García no sólamente tienen imágenes de El Frontón,
Cayara, Accomarca o Molinos (matanzas inolvidables en su primer
gobierno), sino que tienen el rostro de los seguidores de Haya de
la Torre y sus dedos índices señalándolo para
decirle: TRAIDOR.
A esos apristas chavófilos por afición o convicción,
se le suman los que por razones de humanidad y de reconocimiento
a viejos lazos de militancia, piden la inmediata libertad de Víctor
Polay Campos. Una fuerza cada vez menos ocultable presiona dentro
del APRA para que se produzca la amnistía.
Pero el delincuente Alan García no sólo le teme al
almirantazgo, a sus amigos del Opus Dei, a los líderes de
la inversión privada o al imperialismo yanqui. García
le teme a Víctor Polay Campos, porque éste tiene mucho
qué decirle a los medios de prensa, a la opinión pública,
acerca del presidente que hoy -por segunda vez- padecemos. Es mejor
desatar una campaña nacional de persecución contra
el supuesto rebrote del MRTA, (cosa improbable, indemostrable e
imposible), que empezar a censurar-procesar-expulsar a sus propios
compañeros de partido.
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