Destructivos
tratados de libre comercio
ESCLAVIZANDO A LOS PAÍSES POBRES
Por: Sanjay Suri
El informe de organización humanitaria inglesa
Oxfam* «Firmando lejos el futuro» revela que EEUU y
la Unión Europea (UE) persiguen con entusiasmo tratados de
libre comercio (TLCs) regionales y bilaterales cada vez más
destructivos del comercio y de la inversión por fuera de
los auspicios de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Es el caso por ejemplo de la política aplicada por el presidente
peruano Alán García señalan los investigadores
Estos acuerdos exigen enormes concesiones irreversibles
de los países pobres [también llamados «en vías
de desarrollo»], mientras los países desarrollados
no ofrecen casi nada en retribución.
EEUU y la UE están exigiendo rápidas
y profundas reducciones de tarifas arancelarias sin precedentes,
a veces con «arancel cero», para sus mercancías
agrícolas subvencionadas que venden a los países subdesarrollados
a precios de «dumping» (véase la historia # 21),
sumergiendo a los granjeros locales en la pobreza desesperada.
Mientras tanto, EEUU y la UE se aseguran tarifas
altas y rigurosos cupos de importación desde los países
subdesarrollados para proteger a sus propios productores. Como resultado
de las políticas económicas forzadas por los gobiernos
de los países desarrollados, bajo el control de incontables
compañías multinacionales, se están produciendo
pérdidas sin precedentes del sustento, desplazamientos de
trabajadores y trabajo esclavo, en una espiral de degradación
de los derechos humanos y del medio ambiente.
Durante 2006, más de cien países
en vías de desarrollo fueron involucrados en tratados de
libre comercio o negociaciones para tratados bilaterales de inversión
(BITs, sigla en inglés). "Se firmó cada semana
un promedio de dos tratados", reveló el informe de Oxfam
difundido por IPS. «Virtualmente, ningún país,
al menos pobre, ha quedado fuera».
Muchos de los recientes debates y controversias en las negociaciones
de comercio han girado en torno al incremento de la devastación
del intercambio por prácticas distorsionadoras de los países
ricos en contra de los países en desarrollo que necesitan
promover su seguridad alimentaria y el desarrollo industrial.
Sin embargo, la nueva generación de TLCs
lleva mucho más lejos esta tradicional imposición
de políticas que devienen en reglas dañinas y obligatorias
sobre propiedad intelectual, servicios e inversiones, con consecuencias
mucho más profundas para el desarrollo y de gran impacto
entre los pobres.
Recién aparece a la luz el doble estándar
en las cláusulas sobre derechos de propiedad intelectual
que contienen la mayoría de los acuerdos comerciales, pues
los nuevos acuerdos limitan el acceso de los países en vías
de desarrollo a la tecnología patentada y a las medicinas
–mientras tampoco pueden proteger el conocimiento tradicional–
con un creciente perjuicio para la salud pública.
Se espera que el TLC EEUU/Colombia reduzca el acceso a las medicinas
en 40%, en tanto el TLC EEUU/Perú dejará de 700.000
a unos 900.000 peruanos pobres sin acceso a medicinas comprables.
Los TLCs con EEUU y la UE también imponen
«derechos de semillas» que impiden a los granjeros locales
ejercer su capacidad ancestral de utilizar sus propias semillas.
Así se hace aún más vulnerable el sustento
de los cultivadores de la tierra más pobres del mundo, mientras
continúan subiendo los márgenes de beneficio de los
negocios agrícolas más grandes del planeta.
Los TLCs de EEUU ahora están comenzando
a patentar las plantas, algo que no sólo limitará
los derechos de los granjeros a intercambiar o vender semillas,
sino también les prohíbe guardar y reutilizar semillas
que han cultivado por generaciones.
Bajo los TLCs con EEUU, incluyendo los de Perú, Colombia
y República Dominicana-Centro América (DR-CAFTA, sigla
en inglés), los gobiernos de los países subdesarrollados
no podrán rechazar el uso de patentes porque ninguna empresa
podría indicar el origen de una planta o demostrar con pruebas
el consentimiento para su uso en una comunidad local.
Como resultado, las comunidades podrían
verse obligadas a pagar por las variedades de planta patentadas
basadas en recursos genéticos de su propio suelo.
Las nuevas reglas también plantean amenazas
a los servicios esenciales mientras los TLCs permitan que los inversionistas
extranjeros se hagan propietarios de los cuidados de salud, de la
educación, del agua y de los servicios de utilidad pública.
Las cláusulas de inversión de los
TLCs y de los tratados bilaterales de inversión (BITs, en
inglés) permiten que los inversionistas extranjeros demanden
por las ganancias perdidas, incluyendo beneficios futuros anticipados,
si los gobiernos cambian regulaciones, incluso aunque tales reformas
sean de interés público.
Estas reglas disminuyen la soberanía de las naciones en desarrollo,
transfiriendo poder de los gobiernos a un sinnúmero de empresas
multinacionales.
Un número creciente de tratados y acuerdos
de inversión alteran severamente los parámetros de
la justicia, para evitar que los gobiernos investiguen o regulen
la inversión extranjera, prohibiendo el uso de todos los
«requisitos de funcionamiento» instituidos para todos
los sectores, incluyendo minería, manufacturas y servicios.
Más de 170 países han firmado acuerdos
internacionales que –ante cualquier conflicto–otorgan
a los inversionistas extranjeros el derecho de recurrir inmediatamente
al arbitraje internacional, sin intentar resolver primero la disputa
en las cortes nacionales.
Tal arbitraje no puede considerar el interés público.
Sus decisiones se basan exclusivamente en el derecho mercantil.
No sólo se carga contra el interés
público la base jurídica para el arbitraje de la inversión,
sino también el procedimiento. A pesar del hecho de que muchos
paneles de arbitraje estén amparados por el Banco Mundial
y Naciones Unidas, el sistema de arbitraje de la inversión
está blindado por el secretismo. Es virtualmente imposible
descubrir qué casos se están ventilando.
Solamente se puede acceder al resultado o al análisis
razonado de las decisiones. En consecuencia, no existe un cuerpo
con las decisiones de los casos que permita informarse a los gobiernos
de los países en vías de desarrollo que se encuentran
considerando estos acuerdos de inversión.
La organización Oxfam observó que el único
sector con acceso a esta información es un selecto grupo
de abogados comerciales cuyo poder aumenta constantemente y cuyos
honorarios a menudo están fuera del alcance de los gobiernos
de los países [pobres] “en vías de desarrollo”.
Estos abogados, según el informe de Oxfam,
aconsejan impacientemente a los inversionistas extranjeros cada
vez que descubren oportunidades de reclamar compensaciones a los
países en vías de desarrollo según los términos
de los acuerdos internacionales para la inversión. La oposición
más fuerte está originándose en la asimetría
política inherente a estos acuerdos bilaterales de comercio
e inversión (véase las historias # 8, # 19 y # 21).
Como hace ver Oxfam, «nadie tiene interés a largo plazo
en tener una economía global que perpetúe la injusticia
social, económica y ambiental».
Actualización de Laura Rusu (Oxfam International)
Mientras la Ronda de Doha de la OMC siguió siendo absolutamente
evasiva en cuanto a un progreso real para alcanzar un resultado
de desarrollo-amistoso, la negociación bilateral para acuerdos
de libre comercio regionales que minarían cualquier desarrollo
continuaron a pasos acelerados.
El nuevo liderazgo demócrata en el Congreso
de EEUU negoció recientemente cambios en las áreas
del trabajo, del ambiente y de la propiedad intelectual, en resguardo
del acceso a las medicinas, que deben ser incorporados en los TLCs
listos que sólo aguardan la ratificación del Congreso.
Si llegaran a ponerse en ejecución, según
lo convenido, estos cambios significarían un importante progreso
en hacer cumplir los estándares básicos de la Organización
Internacional del Trabajo y los acuerdos ambientales multilaterales,
y en promover la salud pública por sobre los beneficios privados
para reducir las protecciones onerosas a favor de los monopolios
farmacéuticos.
No obstante, aún debe hacerse más
en estas áreas y siguen existiendo disposiciones dañinas
en varias otras áreas que afectan adversamente a los países
en vías de desarrollo, particularmente a los pobres.
Sin otros cambios, los TLCs crean una situación
profundamente injusta, donde EEUU provee apoyos y subsidios masivos
a su agricultura doméstica que permiten la exportación
de sus productos a precios inferiores a los costos de producción,
mientras sus socios comerciales – los países en desarrollo–
quedan sin medios de protección.
Con grandes porciones de sus poblaciones que dependen
de la agricultura para su sustento, los TLCs no proporcionan ninguna
salvaguarda eficaz para proteger a los granjeros pobres contra la
competencia desigual. Además, las reglas de los TLCs obstaculizarán
que los gobiernos locales y nacionales direccionen a la inversión
extranjera de una manera que contribuya al desarrollo sustentable.
Las cláusulas de los acuerdos darán a las compañías
extranjeras la capacidad de desafiar las regulaciones de la inversión,
tales como las leyes que protegen el ambiente y la salud pública.
Estas y otras provisiones negarían el espacio político
que necesitan los países «en vías de desarrollo»
para fomentar su propio desarrollo.
El gobierno de EEUU se propone conseguir este año
la aprobación de los TLCs con Perú, Panamá,
Colombia y Corea, aunque sigue siendo dudoso si tendrá suficiente
apoyo del Congreso para votar los últimos dos.
El liderazgo del Congreso está insistiendo en que Colombia
también debe abordar sus serios problemas de violencia e
impunidad, particularmente los sufridos por los sindicatos, y exhibe
reservas para abrir el mercado a Corea del Sur.
En una vena similar, la Unión Europea ha
procedido con negociaciones de TLCs con países de África,
del Caribe y del Pacífico, empujando adelante en la negociación
textos que minarán la capacidad de los países pobres
de gobernar sus economías con eficacia, proteger a su gente
más pobre, mejorar la calidad de vida y crear nuevos trabajos.
Yendo más allá de las provisiones
negociadas en un nivel multilateral, la UE está haciendo
requerimientos que impondrían reglas de gran envergadura,
duras e irreversibles, en las áreas de acceso al mercado,
agricultura, servicios y propiedad intelectual.
Simultáneamente, la UE está procediendo
a abrir negociaciones formales con los países de América
Central para un TLC que impondría reglas similares que minan
el desarrollo.
Se espera que siga adelante un acuerdo similar con los países
andinos y se han anunciado planes para abrir negociaciones con la
Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN,
sigla en inglés), la India y Corea del Sur.
En todas estas negociaciones, la UE, al igual que
EEUU, está fallando en darle prioridad al desarrollo.
Fuentes:
Oxfam International, March 2007
Título: “Singing Away The Future”
http://www.oxfam.org/en/
IPS, cobertura del Oxfam Report, March 20, 2007
Título: “Free Trade Enslaving Poor Countries”
Autor: Sanjay Suri
http://ipsnews.org/news.asp?idnews=37008
Estudiante investigador: Ann Marie O’Toole
Evaluador académico: Peter Phillips, Ph.D.
* Oxfam Internacional reúne a 13 organizaciones
que trabajan con 3000 agrupaciones locales de más de 100
países para buscar soluciones a la pobreza, el sufrimiento
y la injusticia. Para más información, ver http://www.oxfamamerica.org
y http://www.oxfam.org/es/.
www.tercaopinion.org |