Los
TLCs en acción
LA APROPIACIÓN DE SEMILLAS Y PLANTAS
TRADICIONALES
Por: Ernesto Carmona / Argenpress
Los efectos perniciosos de los Tratados de Libre
Comercio (TLCs) fueron analizados en La Habana por representantes
de 31 países que debatieron durante tres días en el
VII Encuentro Hemisférico de Lucha contra los TLCs y por
la integración de los pueblos.
Los participantes abordaron la estrategia del proyecto
neoliberal imperial a través de múltiples acuerdos
menores que se desprenden del gran paraguas de los TLCs. También
pasaron revista a la deuda y los mecanismos financieros de dominación,
las tareas de las redes en defensa de la humanidad, la militarización
creciente de América Latina y la proliferación de
instalaciones militares estadounidenses, sin dejar de lado el medio
ambiente y el cambio climático, las amenazas alimentarias
encubiertas por las políticas a favor de los bio combustibles
y nuevos proyectos de integración continental a favor de
los pobres.
Lo que calla la prensa
La ausencia de un debate público abierto sobre los Tratados
de Libre Comercio (TLCs) en los medios de información de
América Latina pone de relieve la impotencia de los periodistas
ante su responsabilidad de informar verazmente a los ciudadanos
sobre los verdaderos alcances de estos acuerdos con Estados Unidos
y la Unión europea (UE).
Los grandes medios de comunicación latinoamericanos,
periódicos, cadenas de televisión y de radioemisoras
son cómplices en la tarea imperial de engañar a la
opinión pública y ocultar los verdaderos propósitos
que encubre los TLCs. Los medios de información alternativos
e independientes y el periodismo comunitario rasguñan este
grueso cristal de la mentira, con el apoyo de muchas organizaciones
sociales, partidos políticos progresistas, la Federación
Latinoamericana de Periodistas, y los medios informativos de las
redes horizontales, más el esfuerzo de organismos como la
Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y la Unión de
Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), entre otros.
Los periodistas no son los dueños de los
grandes medios, cuyos propietarios están agrupados en la
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que es una entidad empresarial
estadounidense de apariencia interamericana y en una decena de mega
corporaciones que manejan la información hemisférica
desde una vasta red de grandes corporaciones cuya cabeza más
visible en la región es la cadena de noticias CNN, del consorcio
Warner-Times-AOL.
Grandes omisiones
Mucha gente observa como razonables los resguardos de la 'propiedad
intelectual' que reclaman los TLC en favor de las corporaciones
transnacionales, pero nadie explica que no se trata sólo
de los razonables derechos de autor de artistas y escritores, sino
de una oscura trampa para incrementar las ganancias de las corporaciones
de la industria farmacéutica e incluso aquellas que controlan
la industria alimentaria. Por ejemplo, los derechos de 'propiedad
intelectual' sobre las semillas autóctonas cedidos a las
transnacionales en las cláusulas de 'letra chica' de los
TLCs amenazan directamente la seguridad alimentaria de los países
signatarios.
La propaganda del capitalismo global presenta a
los tratados como una esperanza de progreso para los países
subdesarrollados que resultan 'agraciados' con esta pretendida merced
que les otorgan las naciones desarrolladas, Estados Unidos y la
Unión Europea (UE), mientras los grandes medios informativos
de todo el mundo ocultan los dañinos 'efectos colaterales'
del tipo 'fuego amigo' encubierto por los tratados.
Los TLCs permiten a EEUU obtener por la 'vía
pacífica' los objetivos económicos que suele buscar
con onerosas invasiones y guerras interminables. El periodismo tiene
la responsabilidad de explicar al grueso público que los
llamados 'derechos de propiedad intelectual' no se refieren a la
protección de los derechos de autor de los artistas, escritores
y creadores en general, ni a sus libros, discos y otros productos
culturales, cuya propiedad más bien pertenece a las grandes
corporaciones editoriales y musicales internacionales, sino que
están orientados a proteger los intereses de las transnacionales
que explotan negocios que van desde la producción de fármacos
a la utilización de las semillas que garantizan la seguridad
alimentaria de los pueblos.
La 'letra chica'
La obsesión por abrir mercados aparentemente 'seguros' a
los productos primarios y recursos naturales carentes de valor agregado
y por tanto, generadores de muy escaso empleo, sino al revés,
obnubilan a la mayoría de los legisladores que sólo
tienen en mente los intereses de los grandes grupos económicos
locales que suelen coincidir con el apetito insaciable de las grandes
corporaciones transnacionales.
Estos compromisos en letra chica pocas veces son
leídos por los legisladores, incluso en países llamados
'cultos', como Chile, México, Costa Rica, y otros que han
suscrito estos tratados. En rigor, en los tiempos que vivimos no
hace falta mucha propaganda para vender productos primarios y recursos
naturales que los países ricos están forzados a comprar
simplemente porque no los tienen.
Engañosa 'propiedad intelectual'
Pero en lugar de aprovechar la coyuntura para mejorar la pésima
distribución del ingreso en las naciones subdesarrolladas
y obtener recursos para erradicar la pobreza, los gobiernos y parlamentos
que rubrican estos tratados se comprometen a dictar leyes y a modificar
su propia legislación interna para reconocer esos pretendidos
derechos de 'propiedad intelectual' tal como aparecen en el ordenamiento
jurídico de EEUU y de la Unión Europea, por añadidura
redactados en el lenguaje enrevesado de los abogados al servicio
de las corporaciones. Se trata de unos textos crípticos para
el ciudadano común que jamás son objeto de debate
ni explicados por la prensa latinoamericana y probablemente inaccesibles
para el entendimiento de los miembros habitualmente poco ilustrados
de las clases políticas criollas.
No fue casual que una de las primeras 'leyes' dictadas
por el primer gobernador estadounidense de Irak, L. Paul Bremer
III, designado por George Bush como jefe supremo inmediatamente
después de la invasión en 2003, estableció
la Orden 81, disponiendo que los 'derechos de propiedad' intelectual
de las semillas autóctonas sólo pueden ser reconocidos
a sus 'legítimos dueños', o sea, a las compañías
multinacionales que reclamaron y patentaron su 'propiedad intelectual',
como Monsanto, Carhill o Syngenta, extendiendo esos derechos exclusivos
a todos los productos nacidos de esas semillas. Con el fenómeno
natural de la llamada 'polinización cruzada', el nuevo sistema
obliga a los agricultores iraquíes a comprar sus semillas
en lugar de utilizar las de sus propios cultivos o las que ofrece
el mercado local.
Rapiña imperial
La agricultura del trigo apareció hace más de 19 mil
años en la Mesopotamia, es decir en Irak, pero ahora las
variedades nativas comenzaron a reemplazarse por semillas foráneas
genéticamente modificadas, destruyendo la diversidad biológica
y haciendo vulnerable a la agricultura iraquí a enfermedades
hasta ahora desconocidas que obligan a adquirir fertilizantes, desinfectantes
y pesticidas fabricados por esas mismas corporaciones que se apropiaron
de las semillas por la vía de 'los derechos de propiedad
intelectual', en una rapiña inmoral, abusiva, con una frescura
sin límites. En cinco años de ocupación los
agricultores iraqueses están perdiendo sus tierras y el país
fue despojado de su capacidad de auto-alimentarse, generando pobreza
y dependencia. Jeremy Smith, del Ecologist, escribió que
'la gente cuyos antepasados dominaron por primera vez la domesticación
del trigo tendrán que pagar ahora por el privilegio de cultivarlo
para otros. Y con eso el patrimonio agrícola más antiguo
del mundo se convierte en sólo un eslabón más
en la vasta cadena de suministros estadounidense'.
La revista Grain, citada por el periodistas progresista
estadounidense Greg Palast, que se refugió en la BBC de Londres
huyendo de la tiranía de George Bush, argumenta que la 'libertad
y la soberanía de Irak seguirán siendo cuestionables
para largo, mientras los iraquíes no tengan control sobre
lo que siembren, cultiven, cosechen y coman'. Palast dice conmovedoramente:
'el paraíso de mercado libre en Irak no es libre'.
Más pobres en EEUU
La prensa oculta que los tratados también empobrecen a la
clase obrera de EEUU, debido a que las grandes corporaciones buscan
mayor rentabilidad en la mano de obra mal pagada de los países
subdesarrollados signatarios de TLCs. En realidad, se oculta que
está ocurriendo un nuevo reparto del mundo en favor del gran
capital de las naciones ricas. El Proyecto Censurado de la Universidad
Sonoma State de California, que desde hace más de 30 años
investiga las noticias más censuradas y ocultas por el periodismo
corporativo estadounidense, a su vez 'el padre' de la gran prensa
latinoamericana, concluyó este año que el tema de
los TLCs fue una de las 25 noticias más censuradas del año
precisamente por la ausencia de debate público en los medios
de EEUU.
Bajo el título Destructivos tratados de
libre comercio esclavizan a países pobres, la periodista
Laura Rusu, del Oxfam Report, y Sanjay Suri, de InterPress Service,
IPS, entregaron un valioso informe periodístico esclarecedor
que entre otras afirmaciones dice que recién aparece a la
luz el doble estándar en las cláusulas sobre derechos
de propiedad intelectual que contienen la mayoría de los
acuerdos comerciales, pues los nuevos acuerdos limitan el acceso
de los países en vías de desarrollo a la tecnología
patentada y a las medicinas -mientras tampoco pueden proteger el
conocimiento tradicional- con un creciente perjuicio para la salud
pública. Se espera que el TLC EEUU/Colombia reduzca el acceso
a las medicinas en 40%, en tanto el TLC EEUU/Perú dejará
de 700.000 a unos 900.000 peruanos pobres sin acceso a medicinas
comprables'.
Sin embargo, la nueva generación de TLCs
lleva mucho más lejos esta tradicional imposición
de políticas que devienen en reglas dañinas y obligatorias
sobre propiedad intelectual, servicios e inversiones, con consecuencias
mucho más profundas para el desarrollo y de gran impacto
entre los pobres. Los TLCs con EEUU y la UE también imponen
'derechos de semillas' que impiden a los granjeros locales ejercer
su capacidad ancestral de utilizar sus propias semillas. Así
se hace aún más vulnerable el sustento de los cultivadores
de la tierra más pobres del mundo, mientras continúan
subiendo los márgenes de beneficio de los negocios agrícolas
más grandes del planeta.
Los TLCs de EEUU ahora están comenzando
a patentar las plantas, algo que no sólo limitará
los derechos de los granjeros a intercambiar o vender semillas,
sino también les prohíbe guardar y reutilizar semillas
que han cultivado por generaciones. Bajo los TLCs con EEUU, incluyendo
los de Perú, Colombia y República Dominicana-Centro
América (DR-CAFTA, sigla en inglés), los gobiernos
de los países subdesarrollados no podrán rechazar
el uso de patentes porque ninguna empresa podría indicar
el origen de una planta o demostrar con pruebas el consentimiento
para su uso en una comunidad local. Como resultado, las comunidades
podrían verse obligadas a pagar por las variedades de planta
patentadas basadas en recursos genéticos de su propio suelo.
Esta misma amenaza se cierne sobre el uso de las plantas medicinales
autóctonas, de cuyos derechos de 'propiedad intelectual'
también quiere apropiarse la gran industria farmacéutica
transnacional.
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