Crímenes
al descubierto
EL JUICIO A FUJIMORI
Por: Juan Cristóbal
El juicio que se sigue por la matanza de Barrios
Altos y la Universidad La Cantuta al expresidente Alberto Fujimori
tiene varias aristas, como posibilidad de interpretación
u opinión.
He seguido con atención el juicio hasta
el día de hoy (16/4/08), que ha terminado después
del interrogatorio al general (r) Valdivia Dueñas, acusado
de la matanza de Cayara. Y puedo sacar, por ahora, dos primeras
conclusiones, como un testigo neófito en asuntos jurídicos,
a pesar de haber laborado más de siete años en el
Poder Judicial, tanto como ayudante de un Agente Fiscal, como de
un Fiscal Superior en el distrito del Callao.
La acusación que recae sobre Alberto Fujimori,
a estas alturas del juicio, se podría decir que estaría
lo suficientemente probado. Los testimonios de la mayor parte del
grupo Colina así lo atestiguan. Pero la prueba contundente
e irrefutable es el testimonio del periodista Umberto Jara y los
videos y audios que presentó a propósito de las entrevistas
que le realizó al jefe del destacamento Colina, Santiago
Martin Rivas, que la defensa, en su interrogatorio, no pudo desbaratar.
La segunda conclusión es respecto al papel
y conducta de las Fuerzas Armadas. Ha quedado demostrado, por los
variados y contradictorios testimonios, que el papel que jugó
las FFAA en el período de Fujimori fue de acompañante
servil del gobierno de turno, en el campo político, y de
verdugo de sus soluciones más bajas, en el campo militar,
sobre todo en el enfrentamiento con las fuerzas subversivas (aparte
de las muertes, desapariciones, represiones y carcelerías
de personas inocentes, como el caso del estudiante Ernesto Castillo
Páez, por poner solo un ejemplo). Para lo cual se dejó
corromper, especialmente a nivel de su cúpula. Papel que
desempeñó, en ambas áreas, con relevante eficacia,
el asesor Vladimiro Montesinos. El cual contó con la sagaz
aprobación, en muchos momentos, del ex-presidente Alberto
Fujimori (y su maquiavélico grupo político). Pero
también con su propia y personalísima conducción,
como se puede demostrar a través de videos, declaraciones,
lecturas de manifiestos y mensajes a la nación. Y como se
ha demostrado a través de papeles desclasificados por la
CIA y el Departamento de Estado y organismos similares en los EEUU
(ver El Comercio 10/12/07).
Pueden haber, ciertamente, muchas interrogantes
respecto a esta segunda conclusión, pero la principal pregunta
que uno puede hacerse es: ¿Son realmente confiables nuestras
FFAA? ¿Es realmente, después de ver todo este espectáculo
en el juicio, una fuerza tutelar? ¿Puede decirse que son
el sostén de la democracia? ¿Por qué llegaron
tan arbitraria y vilmente a la corrupción y a mancharse las
manos de sangre?
Como diría Bertolt Bretch, muchas preguntas
para tantas respuestas. Pero las respuestas pueden conseguirse en
la historia de América Latina. Sus “venas abiertas”
así no los demuestran, desde la ejecución de Gabriel
Túpac Amaru hasta Salvador Allende. Sin reseñar las
diversas muertes y desapariciones de políticos guerrilleros
como de poetas e intelectuales y sacerdotes combativos y rebeldes
(el Che, Luis de la Puente Uceda, Guillermo Lobatón, Máximo
Velando, Javier Heraud, Edgardo Tello, Rodolfo Walsh, el cura Camilo
Torres, por citar algunos emblemas sociales y liberadores de nuestra
América).
Una advertencia final. Es respecto a la Sala Suprema
que lo juzga. Hasta este momento el juicio lo está llevando
con la mayor dedicación y ponderación. No hay arbitrariedades
ni desmesuras en su conducción. Todo lo contrario. Pero eso
no nos dice nada del final. Por dos motivos. El primero, porque
no sabemos las presiones políticas que puedes estar jugando
debajo de la mesa. Por experiencia sé que siempre son muchas
y variadas, de todo tipo y condición. Y segundo, porque su
fallo puede ser apelado. Y la Sala que lo vea también va
a sufrir igual o mucha mayor presión.
No olvidemos que una de las instituciones más
corruptas que la ciudadanía reconoce es el Poder Judicial.
Y tampoco podemos descartar ni olvidar las maniobras que pueden
estar haciendo tanto Fujimori como Montesinos con los testigos que
faltan, siendo paradójico, por decir lo menos, que tanto
Hermoza Ríos y Julio Salazar Monroe, testigos aparentemente
importantes, son defendidos por el mismo abogado de Fujimori, el
inefable doctor Nakasaki, abogado también de Magaly Medina,
en el ámbito del espectáculo televisivo y periodístico.
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