Enamorarse ¿una enfermedad?
BIOQUÍMICA Y SOCIOLOGÍA DEL
AMOR
Por: Luis Urviola Montesinos
El presente artículo trata sobre los aportes
actuales de las investigaciones realizadas por la bioquímica
y la sociología en el estudio del amor. Ambas vertientes
del conocimiento humano confluyen y se complementan en esta compleja
temática. La primera, dentro de la naturaleza química
y biológica del ser humano, da a conocer la importancia catalizadora
de hormonas sexuales tales como la testosterona, el estradiol y
la acción de la feniletilamina a partir de su accionar en
la corteza cerebral y los efectos de compuestos orgánicos
u hormonas tales como la dopamina, la norepinefrina y la oxitocina
en el proceso del enamoramiento. La segunda, a través de
diversos autores mayormente de habla extranjera, se presenta como
un reciente campo de estudio sociológico para conocer las
condiciones sociales determinantes de la existencia del amor en
el sino de la humanidad.
Palabras clave: Bioquímica del amor, sociología del
amor, hormonas sexuales, feniletilamina, dopamina, norepinefrina,
oxitocina, enamoramiento, matrimonio.
Introducción
Desde sus umbrales, el presente siglo XXI, a partir de facetas muy
variadas del conocimiento humano, presenta resultados y aportes
muy relevantes sobre el estudio del amor: un tema que otrora era
privativo de la psicología, la psiquiatría, la endocrinología,
la sexología, la historia, la pedagogía, la historia,
la antropología además de haber sido preferencia temática
de algunos estudios de la ética, la estética y la
filosofía. En el actual contexto, concurren dos grandes afluentes
de investigaciones e indagaciones: las provenientes de la bioquímica
y las ciencias sociales.
En esta comunicación trataré de correlacionar
las ideas más importantes de estas vertientes para desembocar
en una interpretación sociológica matizada con una
óptica muy latinoamericana basada principalmente en la obra
de Justo Ulloa y José Ingenieros. En primer lugar, intentaré
interpretar la aseveración de si el amor —por lo menos
en su etapa de enamoramiento— es una enfermedad, en el sentido
de ser una intoxicación de hormonas: testosterona o el estradiol
(ULLOA, 1963: 61) o del sentido que se le da actualmente a la denominada
“química del amor” con la acción de la
feniletilamina, la dopamina, la norepinefrina y la oxitocina. Luego,
a la luz de las líneas generales, desarrolladas principalmente
por José Ingenieros (1970) pretenderé generar una
interpretación sociologíca del amor considerando que
en nuestro medio este campo de estudio es significativamente incipiente
por no decir inexistente.
La bioquímica del amor
Fue Justo Ulloa, un médico chileno que, en los años
sesenta del siglo pasado, ensayaba, entre otros temas, una pionera
interpretación materialista del amor, concluía —en
un subtema intitulado “biología del alma”—
que el amor era tanto una intoxicación de hormonas sexuales
y el resultado de específicos reflejos condicionados (1963:
59-65). Hoy en día, con los avances de la ciencia y la tecnología,
se sabe que efectivamente existe una base bioquímica en la
existencia del enamoramiento y que este hecho es, en efecto, y para
la buena suerte de muchos, una envidiable enfermedad.
“Los síntomas del enamoramiento que
muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados,
son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo
que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a
nuestro amor lo sintamos como único en el mundo” (MUÑOZ
DE LA PEÑA, 2002).
Como proceso bioquímico, el amor “se
inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí
al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas
intensas” (MUÑOZ DE LA PEÑA, 2002). El catalizador
de esta vivencia tan maravillosa es un compuesto orgánico
de la familia de las anfetaminas: la feniletilamina. O sea, aquella
metáfora de “tener uno la cabeza caliente” o
“perder la cabeza por alguien” tiene, paradójicamente,
mucho de verdad. La sobreproducción de feniletilamina en
el cerebro produce la secreción de otros compuestos, cada
uno de ellos, especializados en provocar determinados efectos que
forman parte de los síntomas del enamoramiento.
La dopamina es un neurotransmisor que refuerza
la capacidad del deseo y de repetir comportamientos que proporcionan
placer. La norepinefrina y la oxitocina que estimulan las contracciones
uterinas para el parto, hacen brotar la leche materna devienen,
al parecer, en mensajeros químicos del deseo sexual. La oxitocina,
según el experto en el estudio del cerebro, Gareth Leng,
de la Universidad de Edimburgo, es la hormona que ayuda a forjar
lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción
e incluso potencia y refuerza el comportamiento maternal (BBC, 2004)
además de su importancia en la obtención de altos
niveles de bienestar, como en el orgasmo, o en la unión prolongada
de las parejas (ADAMS, 2007).
La explicación bioquímica del amor
—que aún se encuentra en sus primeros pasos—
pareciera desilusionar a los románticos que todavía
quedan en el mundo y, en cierta forma, provocaría un deicidio
de figuras míticas tan reconocidas como la diosa Venus, Eros
o criaturas de embeleso como Cupido u otros seres de la mitología
universal. Asimismo, no debemos olvidar los planteamientos sobre
la posibilidad de elegir pareja mediante la captación olfativa
de las feromonas que emiten las personas. No obstante, es inevitable
plantear una pregunta crucial: ¿es determinante el aspecto
bioquímico en el surgimiento y desarrollo del amor? La respuesta
pareciera ser afirmativa; pero mirando las cosas con mayor detenimiento
no podemos olvidar la esencia sociológica del amor como hecho
o fenómeno esencialmente social.
Fundamentos sociológicos del amor
A pesar de ser el amor una vivencia de la individualidad y la intimidad
de las personas, por lo cual tiene una connotación psicológica,
no deja de ser un tema sociológico. Fuera de la sociedad
humana no hay amor. Nos formamos el ideal de la persona amada en
una determinada sociedad, en un tiempo determinado, dentro de un
grupo social establecido y desde, prácticamente, nuestra
niñez. Es por esa condicionalidad social que nuestro complemento
tan anhelado deberá poseer las características estéticas,
morales y de complementariedad sociocultural que buscamos.
Sin embargo, las ciencias sociales en su generalidad,
y la sociología particularmente, aún no pueden dar
respuesta precisa a la interrogante de por qué nos enamoramos
de una persona en concreto entre todas las demás (PUNSET,
2007). Incluso se ha conformado un área sustantiva de la
sociología: la sociología de la atracción sexual
y se examinan, a la luz de relecturas incisivas, conceptos sociológicos
tales como apego, afinidad y atracción en relación
con el amor (SCHEFF). Además la forma del surgimiento y el
desarrollo del amor obedecen a la fase o etapa de desarrollo o crisis
en que se encuentra una sociedad. La presencia del Eros Alado (tejido
con emociones diversas y muy intensas) o el Eros sin alas (simple
y efímera atracción sexual) corresponde a esa variabilidad
de paz o alta conflictividad que atraviesa una sociedad y en la
que el amor —además de constituir un poderoso factor
de la naturaleza— deviene en formidable factor social y psíquico
(KOLONTAY, 1972: 15 - 18).
El sentimiento amoroso se produce por la concurrencia
de varios factores biológicos y sociales siendo estos últimos,
desde una óptica sociohistórica, los determinantes.
Algunos estudios —de la sociología de la atracción
sexual— sostienen que la actual variedad de comportamientos
amorosos es peculiar de cierto nivel de civilización; que
el amor sentimental es posible solamente en un cierto tipo de orden
social. Otros investigadores proponen que el “amor romántico”,
por ejemplo, es un fenómeno nuevo y reciente en la historia
humana. Para estudiar esos fenómenos existe una sociología
del amor. En nuestra América, de manera precursora, José
Ingenieros, examinó las limitaciones y resistencias que oponen
determinadas sociedades al desarrollo del amor, como ser, entre
otras, el matrimonio, la domesticidad, la hipocresía moral
y religiosa, las conveniencias de intereses de clase o de grupos
de poder establecidos (INGENIEROS, 1970).
El amor como exponente de la selección sexual,
en el enfoque evolucionista, y como objeto implícito de la
sociología, fue ampliamente estudiado por el Maestro José
Ingenieros quien, en su sentido heterosexual, definía así
este hecho: “El amor es un sentimiento de preferencia individual
que en circunstancias especiales un ser humano siente por otro determinado,
de sexo complementario, para satisfacer las tendencias instintivas
relacionadas con la reproducción de la especie” (INGENIEROS,
1970: 66).
Amor, matrimonio y familia
Asimismo, es oportuno señalar que amor y matrimonio no siempre
son hechos sociales que signifiquen lo mismo. Pero si es importante
destacar que, histórica y sociológicamente, la forma
de familia o matrimonio establecida en la sociedad condiciona en
gran medida el desarrollo del amor. En el salvajismo existieron
secuencialmente la familia consanguínea y la familia punalúa;
en la barbarie, la familia sindiásmica y en la civilización,
con sus ingredientes de adulterio y prostitución, la familia
monogámica. En la familia consanguínea se excluye
el comercio sexual entre padres e hijos; en la familia punalúa
se excluye la unión sexual entre hermanos. Esto implicó
un proceso: primero se excluían a los hermanos uterinos,
luego a los hermanos o hermanas más lejanas. Se limita a
la reproducción consanguínea. En la etapa de la familia
sindiásmica se nota que el hombre ya vive con una mujer;
pero en forma ocasional. La poligamia y la infidelidad son derechos
del hombre. Se castiga el adulterio de la mujer.
Con la familia monogámica los lazos conyugales
son más sólidos. Se funda en el predominio del varón.
La mujer es castigada rigurosamente si se acuerda de las antiguas
prácticas sexuales. La preponderancia del varón en
la familia y la indisolubilidad del matrimonio se explican por razones
de propiedad económica y conveniencias de orden religioso.
El autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado
es concluyente al afirmar estas expresiones de gran actualidad:
“Si el matrimonio fundado en el amor es el único moral,
sólo puede ser moral el matrimonio donde el amor persiste”
(ENGELS: 26-83). Por eso el Maestro Ingenieros dirá que:
“La selección sexual por el amor ha sido profundamente
subvertida en la humanidad desde que las condiciones sociales de
existencia impusieron la estabilidad doméstica, la monogamia
y la indisolubilidad del matrimonio, contrariando violentamente
la naturaleza misma del amor, que no es, ni puede ser eterno y exclusivo,
dada la variación incesante del amador y del amado, desiguales
(...). El sentimiento de amor expresa la admiración, el deseo
y la esperanza de conquistar un cónyuge que se juzga adecuado
al propio ideal. Ese juicio tiene un valor presente y susceptible
de ser rectificado, por la variación del sujeto o del objeto”
(INGENIEROS, 1970: 68).
Conclusión
Por lo expuesto, no hay desencuentro, sino complementariedad, entre
la bioquímica y la sociología que arrojan nuevas luces
en la interpretación de la existencia del amor. La primera
aporta al conocimiento de las bases materiales naturales —como
ser la producción de compuestos orgánicos u hormonas
a partir de su accionar en la corteza cerebral y sus efectos en
todo el organismo humano— sin las cuales no nacería
el amor; la segunda, establece el conocimiento de los fundamentos
sociales e históricos determinantes sobre los que se hace
posible o se dificulta el desarrollo del amor. Por último,
cabe destacar que la sociología del amor es un campo muy
reciente a nivel mundial aunque en nuestra América surgió
—principalmente a través de la obra pionera de José
Ingenieros— el planteamiento de su objeto de estudio en las
primeras décadas del siglo XX.
El tema, inagotable, del amor posee una riqueza
multidisciplinaria e interdisciplinaria que se va organizando mucho
mejor en torno a esta ciencia social. El estudio del amor seguirá
siendo, además, un motivo para vigorizar la capacidad creativa
e indagadora de la humanidad. Ojalá los latinoamericanos
no nos quedemos a la zaga de ese proceso.
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