Los pobres pagan los costos
LA INFLACIÓN TAMBIÉN DISCRIMINA
Por: JürgenSchuldt/ La Insignia
La discriminación es un fenómeno
generalizado en el Perú: racial, sexista, laboral, religiosa,
de explotación de los niños y maltrato a los ancianos.
A lo que se añade que esos segmentos de la población
son los que reciben la peor educación, sufren el ultraje
del poder judicial (y carcelario) y se someten a los servicios de
salud más deficientes, si es que reciben alguno. En su gran
mayoría, la exclusión recae sobre los más pobres
de forma brutal y perfectamente transparente, por lo que podría
evitarse si existieran la voluntad política (lo que ya es
mucho pedir) y las instituciones indispensables (que es un proceso
de largo plazo).
Sin embargo, existe una modalidad peculiar de discriminación
que acompaña a las mencionadas pero se procesa de una manera
bastante más sutil, porque los castiga a través de
la aparentemente impersonal inflación. La forma más
tradicional de plantear el asunto consiste en señalar que
la inflación es dañina para los pobres porque no tienen
cómo defenderse frente a ella, sea porque no están
sindicalizados o no tienen trabajo o están jubilados o, peor
aún, porque no poseen activos que les permitan sostener sus
ingresos reales en procesos de alta inflación.
Esa visión es, sin duda, correcta. Pero
hay otra forma aún más refinada de discriminación
a través del sistema de precios, lo que puede suceder a partir
del impacto indirecto de la inflación por su localización
geográfica y por su ubicación en la pirámide
de ingresos. Estas últimas, derivadas de los aumentos asimétricos
de los precios básicos de la economía, son las que
trataremos a continuación, a fin de demostrar que hasta los
precios discriminan a los pobres.
Inflación limeña, regional y nacional
(1)
A principios de año, el gobierno nos informó de que
la inflación "del Perú" fue del 3,9% en
2007, lo que sus voceros volvieron a festejar como un triunfo más
de la actual gestión económica. Por más que
haya rebasado el límite superior (3%) de la meta de inflación
fijada por el Banco Central para el año pasado, trataron
de consolarnos aduciendo que era la más baja del continente,
lo que es bien cierto si exceptuamos los casos de EEUU (2,5%), Ecuador
(3,3%) y México (3,8%) (2), aparte de Canadá.
La cuestión es que ese guarismo no refleja
realmente el aumento de los precios del país, ya que mide
exclusivamente la "inflación de Lima-Metropolitana".
Pero eso tampoco sería problemático si esos aumentos
ponderados de los precios de la capital equivaliesen aproximadamente
al promedio nacional. Sin embargo, si revisamos las cifras de las
otras 24 ciudades para las que se dispone de datos sobre el aumento
anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC), nos daremos
con la sorpresa que la inflación limeña fue la más
baja de las principales ciudades. Incluso hay cuatro urbes que sobrepasan
el 8% anual y la gran mayoría se encuentra entre el 5% y
el 7%. Esto resulta extremamente preocupante y podría explicar
parte importante de las movilizaciones sociales reiteradas que se
dan en el 'interior' del país.
Téngase presente que el rubro más
sensible de la canasta de los consumidores, el de 'Alimentos y bebidas
dentro del hogar', aumentó en 8,9% a nivel nacional, destacando
entre su componentes 'pan y cereales' (19,9%), 'grasas y aceites
comestibles' (15,6%), 'leguminosas y derivados' (13,9%), 'frutas'
(13,6%), así como 'leche, quesos y huevos' (13,3%), entre
los más delicados. Sin duda, parte importante de tales aumentos
es atribuible a la inflación importada (que se aceleró
de 0,3% en 2006 a 10,5% en 2007), lo que explica gran parte de los
sustanciales incrementos de los precios de los insumos, tanto los
de los combustibles (petróleo), como los de aquellos necesarios
para producir alimentos (trigo, maíz, aceite de soya, leche
en polvo).
De manera que lo más adecuado sería
aproximarnos a un cálculo de la tasa de inflación
"del Perú" sobre la base de los datos pertinentes
que disponemos de las principales ciudades. Con lo que nos acercaríamos
bastante más a una medida ideal, aunque solo se refiera al
Perú urbano (y, más específicamente, de las
capitales de departamento, más Chimbote), lo que excluye
a quienes viven en ciudades intermedias, pueblos, aldeas, villorrios,
caseríos, comunidades y demás. De hecho, el Instituto
Nacional de Estadística y Censos (INEI) ha realizado el cálculo
referido (lo hace desde 2002), llegando a la conclusión que
el aumento ponderado del nivel general de precios de las 25 ciudades
encuestadas -Lima incluida- fue del 4,9% en 2007. De manera que
la inflación 'nacional' rebasa en un punto porcentual a la
de la metrópoli y en casi dos puntos porcentuales la frontera
superior de la meta inflacionaria fijada por el Banco Central (3).
Precisando cifras y tomando los datos más
recientes del INEI, referidos a la inflación anual enero-2008/enero-2007
de las principales capitales, nos indican que el proceso de inflación
podría estar entrando en una espiral ascendente, lo que viene
reforzado por el reciente aumento abrupto de las expectativas de
inflación (4).
En tal sentido, si nos limitamos a las ciudades que han sufrido
las tasas más elevadas de inflación, tal como figuran
en la tabla siguiente, observaremos que se trata también
de aquellas capitales de los Departamentos que, además de
estar entre los más pobres del país, gozan de las
más vastas riquezas naturales. Son las que han logrado el
crecimiento económico más acelerado de los últimos
años, comenzando con el auge espectacular de los sectores
de construcción y comercio, pero sobre todo como consecuencia
de las actividades mineras de exportación minera que albergan
los Andes (marcadas con negrita en la tabla) o por tratarse de zonas
costeñas de bonanza agroexportadora (5).
Aunque los trabajadores que están directamente
involucrados en la minería han visto incrementarse sustancialmente
sus remuneraciones (y el monto que reciben por su participación
en las utilidades de las empresas) más allá de la
inflación, los demás agentes económicos que
se ubican en su entorno, así como los trabajadores no calificados
que laboran en la actividad agroexportadora, habrán visto
reducidos sus salarios reales. Todo ello es atribuíble a
los precios de su canasta familiar, que aumentaron por encima y
hasta en mucho más allá del 6% (7). Y es que, si bien
en esas zonas ha aumentado el empleo no calificado, no lo han hecho
también sus remuneraciones (la oferta es casi perfectamente
elástica) y los pocos que sí las han visto aumentar,
perdieron en términos reales por las altas tasas de inflación
que consignáramos arriba.
Con lo que -cierto que es una atrevida hipótesis-
las relativamente elevadas y crecientes tasas de inflación
'provinciales' se deberían al aumento de la masa de ingresos
acumulada por el aumento del empleo que resultó del crecimiento
económico, más que del alza de las remuneraciones
reales por habitante. Porque, dado que la demanda de trabajo ha
crecido mucho más de lo que han disminuido los salarios reales,
los mercados regionales seguramente se han expandido aceleradamente,
pero casi exclusivamente por el aumento de la oferta de trabajo
(casi) perfectamente elástica, más que por el poder
de compra de la remuneración por trabajador. Por lo demás,
la espectacular expansión del crédito debe haber contribuido
también a esa coyuntura expansiva.
Inflación por deciles de ingreso
Desde otra perspectiva también es posible detectar la cólera
con la que los precios pueden ensañarse contra los pobres
en determinadas circunstancias. En un estudio reciente, Eduardo
Morón y Edgar Salgado (8) calculan la inflación de
Lima y de las capitales de departamento segmentando la población
en deciles de gasto, en el que no solo incluyen lo que se gastó
en base a su ingreso corriente, sino "cualquier forma de pago
(o financiamiento) para el consumo de cada bien; esto es, pago en
especie, autoconsumo, transferencias públicas o privadas
y la categoría no sabe".
Los datos los han recogido de las Encuestas Nacionales
de Hogares (ENAHO), construyendo la canasta de consumo de cada 10%
de la población en cuestión en base al promedio del
periodo 2004-2006, diferenciando las que corresponden a las de Lima
Metropolitana de las del resto del país. Desde ahí
obtienen también la inflación nacional. Sus resultados
se despliegan en la tabla II (9).
Como se puede observar, una vez más se presentan
diferencias abismales en las tasas de inflación por deciles.
Considerando solo los extremos de las distribuciones de gasto, el
10% inferior (el más pobre) afronta una inflación
que es superior en 30% a la de los de mayores ingresos (10). En
Lima la inflación resultó ser casi un punto porcentual
superior en el estrato bajo (1) que en el más alto (10),
mientras que en las 'demás ciudades' la diferencia llega
a alcanzar los dos puntos porcentuales más, en promedio.
Resultados verdaderamente sorprendentes, tanto que merecieron muy
justificadamente la primera plana del diario El Comercio el sábado
pasado.
Conclusión
En síntesis, se observa que los estratos pobres -específicamente
a lo largo del periodo 2006/2007- sufrieron los mayores niveles
de inflación, afectados por dos problemas. De un lado, por
sus bajos ingresos, que sesgan sus patrones de consumo hacia los
bienes esenciales (v.gr. alimentos), que son los que más
aumentaron de precio en ese bienio. De otra parte, también
se vieron perjudicados por su localización geográfica
en ciudades del interior, donde el costo de vida subió bastante
más que en Lima, básicamente por la reactivación
económica de las regiones (por el lado de la demanda) y donde
efectivamente aumentó el empleo agregado, pero no las remuneraciones
reales de cada trabajador.
Y, aunque no lo hemos analizado aquí, este
efecto redistributivo que ejerce la inflación también
se ha dado en el país porque las remuneraciones nominales
por trabajador han aumentado menos que los aumentos generales de
precios. Por lo que no debería sorprendernos que, a partir
de este año, la puja por aumentos salariales también
contribuya a acelerar la aún débil espiral inflacionaria
por el lado de costos.
Usted dirá que la inflación en el
Perú es tan baja que no debería preocupar demasiado
a pesar de estarse acelerando, en parte por las propias expectativas
de mayores alzas. Pero, si se considera que los ingresos nominales
prácticamente no han aumentado, su impacto puede ser sustancial,
sobre todo por los elevados niveles de pobreza (oficialmente, más
del 40%) y de pobreza extrema (extraoficialmente, en torno al 20%)
que prevalecen y que, en el mejor de los casos, apenas permiten
asegurar un nivel mínimo de subsistencia.
Lo interesante del asunto es que esos datos y el
carácter innatamente discriminador de la inflación,
nos permiten entender hasta cierto punto las recientes movilizaciones
sociales en esas regiones, que vienen explotando por motivos aparentemente
irrelevantes y que interesadamente, para liberarse de responsabilidades,
son atribuidas por el gobierno a elementos 'sediciosos' (11). En
nuestra opinión, buena parte de la insatisfacción
y la frustración 'provincianas' provienen de las alzas de
precios, especialmente las de los alimentos; ciertamente agravadas
por el deterioro de los salarios reales, las pésimas condiciones
de trabajo (para quienes lo consiguen), las precarias políticas
sociales y la distribución extremamente desigual del ingreso
y los activos.
Notas
-
(1) Sobre este espinoso tema ya hemos llamado
la atención hace tres meses (http://schuldtlange.blogspot.com/2007/12/inflacin-2007-acercndose-al-5.html),
así como Humberto Campodónico (www.larepublica.com.pe/content/view/192716/559/).
-
(2) Fuente: http://ipsnoticias.net/inflacion.asp
-
(3) Comprensiblemente el presidente del ente
emisor ha cuestionado los datos elaborados por el INEI para
'provincias', cuya metodología sería -por decir
lo menos- deficiente... con lo que probablemente ha querido
dar a entender que procedimientos más completos y sofisticados
bajarían la tasa, pero que en la práctica bien
podría sorprendernos con niveles aún más
elevados a los detectados por el INEI. Según Nota Informativa
No. 013-2008-BCRP (febrero 5, 2008): "Ante las preguntas
de los parlamentarios sobre el uso de la inflación nacional
en lugar de la de Lima, detalló (Julio Velarde) que ello
se debe a que el indicador de la capital tiene una metodología
más sólida respecto al índice calculado
para las provincias. Se mostró de acuerdo en apoyar al
INEI en la elaboración de la encuesta a los hogares,
cuyos resultados pueden servir para mejorar el cálculo
de la inflación nacional, indicador que actualmente es
defectuoso". .A pesar del cuestionamiento que se hace de
esas cifras, el propio BCR las publica en su "Reporte de
Inflación - enero 2008" (www.bcrp.gob.pe/bcr/dmdocuments/PolMon/Archivos/RI_2008_01.pdf);
p. 30. En honor a la verdad, debe señalarse, sin embargo,
que en ciertos años para los que tenemos datos (2002
a 2007), la inflación de Lima ha sido superior a la 'nacional',
como en 2002 (1,5% contra 1,1%), 2003 (2,5% vs. 2,4%) y 2005
(1,5% frente a 1,4%). En cambio, la nacional rebasó a
la limeña en 2004 (3,7%/3,5%), 2006 (1,2%/1,1%) y 2007
(4,9%/3,9%). Acumulando todo el sexenio tenemos que la nacional
fue del 15,6% y la limeña del 14,8%; pero, ya que la
nacional incluye a la limeña, la de las capitales de
Departamento seguramente ha sido superior a esta última
en 2 o tres puntos porcentuales. Estas cifras aparecen en el
mencionado 'Reporte de Inflación - Enero 2008' del BCR.
- (4) Lo que también se aplica a los agentes generalmente
'mejor informados' y tal como se desprende de las encuestas que
se realizan -desgraciadamente solo en Lima- entre 'analistas económicos',
representantes de instituciones financieras y los de instituciones
no financieras, quienes estiman que -promediando sus percepciones
del mes pasado- la inflación de 2008 será de 3,2%
(en enero del año pasado 'pronosticaban' una inflación
limeña del ...%). Ver: BCR, "Reporte de Inflación
- enero 2008"; Gráfico 15, p. 23.
-
(5) Según Eduardo Morón, entre
otros factores, este proceso en las ciudades del 'interior'
estaría reflejando "la ausencia de supermercados,
los mismos que actuarían como una suerte de normalizadores
de precios al contar con recursos logísticos que los
hacen menos vulnerables a las escaseces y al ofertar a todos
los segmentos de la población en iguales condiciones,
lo que evita la volatilidad de los precios y su dispersión".
Ver el reportaje de Luis Davelouis Lengua, "La inflación
para los más pobres habría llegado a 8,2%",
en El Comecio, febrero 23, 2008 (www.elcomercioperu.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-02-23/la-inflacion-mas-pobres-habria-llegado-82.html).
-
(6) Este parecería ser el Departamento
que más ha crecido económicamente el año
pasado, ya que se trata del que más ha incrementado su
pago de impuestos a la SUNAT en 115,7%, frente al 12,3% de Lima.
-
(7) El año pasado el salario mínimo
vital solo se incrementó en octubre, pasando de 500 a
530 soles (6%), suma que 'oficialmente' perciben 700.000 trabajadores.
Desde el primer día de este año el SMV ha aumentado
a 550 soles mensuales.
-
(8) Fuente: Eduardo Morón y Edgar
Salgado, "Estimación de la Inflación según
percentiles del gasto". Lima: Centro de Investigación
de la Universidad del Pacífico, febrero 2008 (http://docs.google.com/View?docid=dgcq4j9g_1csbp7khh).
-
(9) No hemos incluido las series que elaboraron
-siguiendo el mismo procedimiento- para 2005 y 2006, ya que
en esos casos las diferencias no son muy notorias entre los
deciles extremos (1 y 10). Pero sí vale la pena señalar
que, tanto la inflación en Lima fue superior en los estratos
altos en 0,2 de punto porcentual respecto al decil más
bajo en 2005 y lo contrario en 2006 (por 0,3), como en el 'resto
nacional' en 0,45 de p.p. a favor del decil 1 en 2005 y, al
revés, en 0,29 de p.p. para el decil 10 en 2006.
-
(10) Algo parecido sucedió en 2006
y lo contrario en 2005 (en que los estratos de altos ingresos
soportaron aumentos mayores en el nivel general de precios),
datos que no se presentan aquí y que se figuran en el
estudio mencionado. De paso, es pertinente señalar que
las ENAHO no recogen adecuadamente los ingresos y gastos del
grupo de ingreso más alto, que generalmente se niega
a responder las encuestas o lo hace minimizando o devaluándolos.
Otra deficiencia, ya más de fondo, del cálculo
del IPC ha sido señalada por Kurt Burneo: El índice
se construye hoy tomando como referencia los precios del 2001
y utilizando la fórmula de Laspeyres, que expresa un
promedio ponderado de variaciones de precios usando ponderaciones
fijas. ¿Por qué no evaluar la posibilidad de uso
de la fórmula de Paasche para el cálculo del IPC,
la cual utiliza ponderaciones variables actualizadas según
el período de estimación del índice dado
que hoy es muy común el reemplazo de productos y servicios
como reacción ante cambios en precios en los niveles
socioeconómicos bajos? El procedimiento es más
costoso que el actual, pero este mayor gasto y esfuerzo permitirían
contar con un indicador de variación de precios más
realista, con periodicidad mensual y estratificado. Seguir como
se está es seguir en el salón de los espejos"
("Inflación: ¿Igual para Todos?", en
El Comercio, febrero 23, 2008).
(11) Para lo que lo invito a leer un texto 'políticamente
correcto' (sí, señores, sobre todo si lo ha escrito
el editorialista estrella de nuestro principal diario), de acuerdo
al cual "las explicaciones sociológicas y estructuralistas
de la violencia social no tienen sentido cuando hoy el extremismo
no oculta sus planes". De acuerdo a esa lógica bastaría,
"además de fortalecer a la policía y a los
órganos de inteligencia, el Ejecutivo debería
advertir a Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua, que no se permitirá
una injerencia en nuestros asuntos internos; dejando en claro
que si aquí se producen incidentes terroristas, la comunidad
internacional ya está notificada (sic) de quienes son
los principales sospechosos de vinculación". Si
no me cree, vea el editorial por su propia cuenta, riesgo y
susto: Hugo Guerra, "Dejémonos de eufemismos",
El Comercio, febrero 23, 2008 (www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-02-23/dejemonos-eufemismos.html).
www.tercaopinion.org |