Según el ministro del Interior

CAMPESINOS MATARON A CAMPESINOS

Por: Dante Castro Arrasco

Las muertes en el paro agrario reciente no han sido causadas por las fuerzas policiales, sino por los mismos campesinos. Ésa es la versión del ministro Luis Alva Castro ante el Congreso de la República. Para demostrar su verdad, el ministro aprista exhibió fotografías de los manifestantes donde él dice identificar un arma “hechiza” en manos de un “delincuente terrorista infiltrado entre los manifestantes”.

La estupidez del ministro Alva Castro nos hace recordar a las épocas de la dictadura cívico-militar de Fujimori y Montesinos, sobre todo cuando la congresista fujimorista Marta Chávez alegaba que los cadáveres hallados en las fosas comunes de Vitarte eran restos arqueológicos. Y cuando entre los restos humanos calcinados apareció el llavero de un estudiante universitario, Marta Chávez no supo qué decir. Tal vez en su mente funámbula imaginó que las momias precolombinas usaban llavero.

Hoy no es diferente la situación. Podemos afirmar que el presidente aprista Alan García, gran socio del ex dictador Fujimori, inició su segundo gobierno prometiendo un gran baño de sangre para preservar el principio de autoridad. Al día siguiente de juramentar, estaba pidiendo la pena de muerte para violadores y terroristas. En agosto del año pasado, dictó decretos para que las fuerzas armadas y fuerzas policiales pudieran hacer uso de sus armas cuando les diera la gana y disparar contra población civil sin consecuencias judiciales. También en sus decretos penaliza las tomas de locales y bloqueos de carreteras, criminalizando la protesta popular.

Paralelamente y en el mismo día en que la CGTP sale a las calles a manifestarse en apoyo a las luchas populares, regionales y a los gremios en conflicto, en el mismo día de las declaraciones increíbles de Alva Castro, el sicario del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) Santiago Martín Rivas declara en el juicio a Fujimori que el escuadrón de aniquilamiento selectivo llamado “grupo Colina”, jamás existió. Que sus declaraciones filmadas por el periodista Humberto Jara, en donde reconoce su autoría en crímenes de lesa humanidad y la responsabilidad del ex dictador, eran “ensayos” entre él y Jara para prepararse a un futuro juicio.

Ahora el jefe de sicarios ensaya cómo dejar bien librado a Fujimori, con la anuencia del tolerante juez César San Martín Castro y de fiscales inoperantes. Lo peor es el orden de aparición en TV: cada vez que un asesino de la dictadura es interrogado por el abogado del dictador, goza de toda la mañana para ser televisado. Una vez que la fiscalía inicia su interrogatorio, la transmisión gratuita va culminando; y acaba sorpresivamente, casualmente, milagrosamente cuando va a interrogar al asesino el abogado de la parte civil. Ya gozó de este beneficio otro asesino (Pichilingue) y seguidamente le ha tocado la misma facilidad al criminal Martín Rivas.

Conclusiones: el asesinato y la mentira, cuando proceden del Estado, gozan de absoluta impunidad en el Perú. La democracia peruana es sumamente tolerante con los asesinos de uniforme. La democracia peruana es sumamente tolerante con el ex dictador Alberto Fujimori, a quien siguen llamando expresidente. Por eso tenemos un ministro que miente acerca del Paro Agrario, inculpando a los campesinos por sus propias muertes. Por eso tenemos un juicio de excesiva cortesía y tolerancia con los paramilitares del grupo Colina; y a todos los miembros del Comando Rodrigo Franco (grupo paramilitar aprista que operó en el primer gobierno de García 1985-90) usted querido lector los encontrará trabajando con buenos puestos en instituciones del Estado.

¿Volverán los desaparecidos a ser confundidos con momias precolombinas?

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