Martin Rivas
EL SICARIO DE FUJIMORI
Por: Efraín Rúa
Si algo queda en claro tras las declaraciones
del mayor Santiago Martin Rivas en el juicio que se le sigue a Alberto
Fujimori es que él precisamente era el hombre que necesitaba
la dictadura para eliminar a los supuestos subversivos que entorpecían
al gobierno que a partir de 1990 se impuso la tarea de imponer el
neoliberalismo en el país.
Con la sangre fría que le reconocen sus
propios compañeros de armas y que utilizó parea victimar
a decenas de supuestos subversivos, Martin Rivas negó todos
los cargos y la propia existencia del grupo que formó en
1991, cumpliendo órdenes del alto mando. “Yo soy un
hombre de inteligencia”, dijo antes y después de negar
su participación.
Pero se cuidó de dejar en claro su elogio
a la estrategia llevada adelante a partir de 1990, para el combate
a la subversión. Estrategia que incluía la eliminación
selectiva de supuestos subversivos y que contrastaba con la práctica
de desapariciones forzadas, que había caracterizado el accionar
de las fuerzas armadas durante la década del 80. Tal vez,
por eso, Martin Rivas aseguró que la estrategia llevada adelante
buscaba ganar la participación de la población en
la lucha contra el senderismo y el MRTA. Ahora ya sabemos cómo
lo hicieron.
Otro de los hechos que quedó en evidencia
es que el líder del grupo Colina trabajó desde 1988
en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), organismo en el que
ya operaba Montesinos. Las puertas del SIN se le habían abierto
al asesor luego que ayudara a desaparecer a los testigos de la masacre
de Cayara y luego que entregara cientos de expedientes con los nombres
de supuestos subversivos, documentos que extraía de la Fiscalía
de la Nación.
Aunque Martin Rivas haya negado conocer a Montesinos
hasta el año 1992, lo real es que hay testigos que hablan
de sus andanzas desde la época de Cayara y de la recomendación
del “Doc” para que el agente del SIE se haga cargo del
grupo de aniquilamiento que inició sus acciones en noviembre
de 1991, días después de la visita de una delegación
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que venía
a investigar las graves violaciones que ya se producían en
el país, entre ellos el sobre bomba que mató a la
periodista Melissa Alfaro del semanario “Cambio”.
A pesar de las decenas de mentiras que vertió
en su declaración, el mayor reconoció que en 1991
sirvió de enlace de seguridad a Fujimori durante una visita
con funcionarios de Naciones Unidas a Uchiza, con el objeto de promover
los cultivos alternativos. Precisamente, la visita se produjo en
momentos que el alcalde de la ciudad, Walter Tocas, era asesinado
por un comando de aniquilamiento. Según algunas versiones,
los asesinos buscaron acallar las denuncias del alcalde que vinculaba
a los narcotraficantes con altos personajes del gobierno, entre
ellos Vladimiro Montesinos.
Otra cosa que quedó en claro es que Martin
Rivas era un hombre de fuste en el Ejército y que, por eso,
se le encargó la explicación de un manual antisubversivo
en la Comandancia General, en 1991, cuando ya algunos generales
denunciaban el inicio de la guerra sucia en el país. Exposición
que le mereció una recomendación de ascenso del ministro
de Defensa, Jorge Torres Aciego, quien mediante un memorando fechado
el 25 de junio de 1991, señalaba: «En el curso de las
acciones para la consecución de los objetivos de pacificación
en nuestro país, algunos jefes, oficiales y técnicos
de las Fuerzas Armadas están prestando eficientes servicios
en materia de seguridad nacional y defensa de los altos valores
de la democracia, trabajos que son de gran utilidad para el Sistema
de Inteligencia Nacional».
Un mes antes, el gobierno había decidido
intervenir las universidades del país y había desatado
una cacería de supuestos subversivos en ellas. El propio
mandatario se había librado de una pedrea en La Cantuta,
pero los informes de agentes de inteligencia infiltrados habían
detectado a los atacantes. Ese había sido uno de los motivos
de la felicitación.
A lo largo de las casi 9 horas de interrogatorio, Martin Rivas incurrió
en una serie de mentiras y se dedicó a negar la veracidad
de sus declaraciones al periodista Humberto Jara, en la que precisa
que la creación del grupo Colina fue producto de una decisión
política que partió del presidente de la República
en su calidad de jefe supremo de las FF.AA.
"Lo que estábamos haciendo era una
grabación. La observábamos y lo que hacíamos
era verificar si la dicción era buena, si el lenguaje de
manos era adecuado, si la respuesta era lo suficientemente clara
y si no estaba bien se hacía las correcciones y nuevamente
se realizaba la grabación", afirmó.
Cuando el abogado Carlos Rivera le hizo notar que
si ensayaba su defensa, cómo era posible que admitiera su
responsabilidad en los delitos de Colina, respondió que él
grabó hasta cinco videos pero el periodista solo exhibió
uno o dos. "En las otras grabaciones yo digo que en ningún
momento soy culpable, que soy inocente", afirmó.
Martin Rivas pretende olvidar así lo que
dijo en la clandestinidad cuando ya no gozaba de los favores del
régimen que lo prohijó. Por eso se cuidó de
afirmar al ingresar a la Sala: "No estoy obligado a decir todo
lo que sé. Yo soy un hombre de inteligencia que puedo dar
información o negarla. No tengo confesores, pero si los tuviera
no tendría que decirles la verdad".
El mismo lo advirtió. Así que las
sonrisas de Fujimori y Nakazaki, serán pasajeras.
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