El rock indie se define politicamente
NUEVOS VOTOS PARA OBAMA
Por: Juan Manuel Strassburger
El indie está teniendo un rol decisivo a
la hora de influir en los “nuevos votantes” en el país
más poderoso del mundo. El respaldo de los mp3 bloggers,
los usuarios de MacBook vestidos con jeans y remeras de feria. “Y
detrás de ellos va la nación”, escriben las
plumas especializadas de la prensa on y off line. ¿Se viene
el indie comprometido?
Primero fueron los Wilco, invitando al escenario al primer afroamericano
con chances ciertas de convertirse en presidente del país
más poderoso del planeta. ¿Resultado? Una ovación
cerrada y “enloquecida” de su público indie y
universitario. Después, un foribundo posteo del cantante
de los Arcade Fire despotricando en su blog contra Hillary Clinton
y –más allá de su nacionalidad canadiense (o
justamente por eso)– expresando su ilusión por Barack
Obama. Y, en el medio, una verdadera avalancha de apoyos indies
que incluyó desde estrellas ya casi mainstream (pero aún
sensibles) como Bright Eyes, Joanna Newsom o M Ward hasta promisorias
bandas recién salidas del cascarón como Via Audio
o The Fleet Foxes. Y que se materializó en un festival autotitulado
–ejem– Ba-Rock (!). Esto, si n pasar por alto tampoco
las simpáticas remeras con la cara de Obama que anduvo luciendo
Morrissey durante su última gira en el Reino Unido. ¡Hasta
ahí llegó la marea!
¿Qué está pasando? ¿Obamanía
en el rock? ¿Hartazgo de Bush? ¿Creciente ilusión
por “un verdadero cambio”? Sí, todo eso. Pero
también muchísimo más: “El 7 de diciembre
último, durante el show de Wilco, asistimos a la conquista
del electorado indie por parte de Obama”, sentenció
sin vueltas Andrew Romano, columnista estrella de la versión
digital de Newsweek, semanario de influencia global que no suele
tener al rock –y menos que menos a su veta indie– entre
sus noticias de cabecera. “Olvídense de Oprah (famosa
conductora de TV, especie de Susana Giménez negra). El arma
secreta de Obama es el indie rock”, insistió bastante
antes de que Barack arrasara por las urnas las últimas semanas
(aunque no al punto de vencer definitivamente: eso se verá
en la fecha decisiva del 5 de marzo). Y remató: “John
Edwards podrá tener a Bonnie Raitt (prestigiosa cantante
de blues). Y Hillary Clinton contará con Celine Dion. Pero
Obama consiguió el respaldo de los mp3 bloggers, usuarios
de MacBook vestidos con jeans y remeras de feria. Y detrás
de ellos va la nación”.
¿Exagerado? ¿Irónico? ¿Provocador?
Sin duda. Pero también, como todo buen sarcástico,
certero. Lo que estaría dando cuenta la columna de Romano
es de la aparición de un doble fenómeno, inédito
hasta ahora: por un lado, el involucramiento cada vez mayor de las
bandas indies en el proceso político estadounidense (cuando,
en general, siempre habían tenido como tradición la
indiferencia o la prescindencia con respecto a un sistema político
al consideran corrupto en sí mismo y poco representativo);
y por el otro, el rol cada vez más preponderante de su público
–¡quién lo hubiera dicho!– en la constitución
de la opinión pública joven general. Sí, el
rock indie tiene poder. Y más del que se pensaba.
Indies al poder
La clave pasaría, cuándo no, por
Internet. Y, más específicamente, por el pequeño
sismo antropológico que las redes sociales (myspace, fotolog,
facebook, twitter, lastfm y largo etcétera) estarían
operando sobre los hábitos y maneras de relacionarse de los
jóvenes. En esa enredadera fluctuante, bastante vanidosa,
pero tremendamente fértil, el indie rock tendría todas
las de ganar. Sencillamente porque desde el principio –y más
por propia debilidad que por sagacidad comercial– apostó
a ellas y se retroalimentó. “El punto no es tanto el
poder del indie en sí mismo sino su capacidad de llegar,
a través de Internet, de una manera consistente a la franja
de jóvenes que va de 18 a los 25 años de edad”,
reflexionó Jocelyn Hoppe, editora de la fundacional Crawdaddy
(la primera revista de rock que hubo alguna vez en los Estados Unidos,
aun antes de la Rolling Stone y la Creem del legendario Lester Bangs)
en un artículo que buscó sumar ideas a la columna
de Newsweek. “En 1968 hubieras tenido que esperar la Rolling
Stone un mes. Hoy podés saber al instante cuándo,
dónde y por qué Pete Wentz de los Fall Out Boy decidió
apoyar a Obama”, señaló.
–Ahora que la clave del voto joven parece
pasar por el indie rock y las redes sociales, ¿cabe imaginar
un futuro donde los republicanos saquen su propio myspace o fotolog
y traten de entender las canciones de, por ejemplo, Pavement? –le
pregunta ahora el NO.
Jocelyn Hoppa: –No estoy segura de que los
republicanos que están hoy en Washington vayan a escuchar
alguna vez un disco como Wowee Zowee y lo entiendan. Los republicanos
más jóvenes que se acercaran a Pavement tendrían
que invariablemente reconocer el mérito de mutar del country
al punk en una misma canción. Pero, bueno, para eso también
tendrían que admitir que fuman porro de vez en cuando (risas).
Uno de los activos más importantes de las
bandas indies y alternativas de los ‘80 (década fundante
del rock alternativo en los Estados Unidos) para acá, es
haberse mantenido casi siempre a una cierta distancia de las diversas
coyunturas políticas de su país. Una prescindencia
que no implicaba complicidad al régimen imperante, pero tampoco
abierta rebeldía. Algo así como: “Yo no tengo
nada que ver con toda esta mierda. Pero no pienso mover un solo
dedo para cambiarla”. Una apatía muy slacker y Generación
X que estaría empezando a morir con esta vorágine
de apoyo hacia Obama. ¿Se viene el indie comprometido?
“Pienso que efectivamente ha habido un cambio
generacional”, le dice al NO Torr Leonard, responsable del
sitio torr.typepad.com donde hace poco se debatieron “las
elecciones primarias indies”, un informe especial de la revista
Under the Radar en el que bandas y artistas de diversa sofisticación
contaron a quién daban su voto y por qué (ver aparte).
“En los ‘80 y en los ‘90, las bandas eran menos
afectas a verse envueltas en políticas partidarias –continúa
Torr–. Primaba mucho esa idea de que los políticos
eran ‘todos malos’. Pero esta nueva generación
ya ha dado muestras de ser mucho más expresiva en términos
políticos. Por ejemplo, con respecto al recalentamiento global.
Se dieron cuenta de que para hacer la diferencia ya no alcanza con
protestar, es necesario involucrarse.”
Es cierto: ya en 2004 había existido el
fortísimo “Vote for a Change”, la gira en la
que Bruce Springsteen, R.E.M., Pearl Jam y el héroe alt-country
Steve Earle, a pesar de no ser demócratas, llamaban a votar
por John Kerry en contra de Bush. Pero se trató, casi siempre,
de bandas y artistas que hacía rato habían dejado
transitar la senda alternativa. En todo caso, la pregunta se mantiene:
¿cómo hizo Obama para reunir el consenso indie que
nadie antes (ni Clinton, ni Al Gore, ni Kerry) había podido?
¿Qué tendrá el negro?
Una reciente crónica del New York Times
–titulada no casualmente “¿Podrá Obama
rockear el voto joven?”– lo dijo bien clarito: “Barack
supo tocar una cuerda sensible entre los votantes más jóvenes”.
Y más allá de su obvia identificación con el
electorado afroamericano (que le otorga una indudable sensación
de ruptura o cambio a su candidatura), habría en el senador
de Illinois (Chicago) definiciones políticas y modos discursivos
puntuales que explicarían mejor ese vínculo. “Obama
se ha declarado firmemente como anti-guerra, lo que históricamente
ha sido una constante entre los candidatos con llegada a los jóvenes”,
señala el cronista del New York Times, Adam Nagourney. “Sobre
las tablas, además, Obama despliega un estilo y un habla
sencillos, que abarcan transversalmente a distintas generaciones.”
Cualidades que, de todas maneras, no alcanzaron
antes para reunir el consenso indie, un grupo social de comportamientos
siempre distintos a los de sus pares generacionales. ¿Por
qué con Obama sí hubo acompañamiento y con
los anteriores no tanto? Para Jocelyn Hoppa, en épocas de
Kerry y el “Vote for a Change”, “el país
estaba partido al medio: con el centro republicano y las costas
demócratas. Esta vez, la comunidad indie y alternativa parece
estar más predispuesta a un cambio en Washington. Es el momento
justo”. Y enumera algunas de las causas: “El cansancio
con la guerra, el alcance de Internet y Obama mismo”.
Caleb Palma, responsable del blog hardtofindafriend.blogspot.com,
donde hace poco se hizo otra compulsa entre músicos indies,
pero esta vez de raigambre aún más under, aporta otra
arista: “Pienso que Obama toca el mismo nervio en la gente
joven que John F. Kennedy en los ‘60”, le dice al NO
vía mail. “Es un agente de cambio y es extremadamente
carismático. Hace sentir a la gente importante. Yo creo que
ha pasado mucho tiempo desde que los jóvenes americanos no
sentían que volvían a tener una voz. Y así
es cómo se sienten ahora cuando visualizan que Obama puede
ser presidente. Una voz actual. Con cierta influencia hacia su primer
mandatario.”
¿Es correcta asociación Obama-Kennedy?
“Bueno, ambos son/eran vistos como los candidatos de los jóvenes
por sus propias edades y la edad de sus seguidores”, responde
Torr Leonard. “Los dos también simbolizan ruptura de
algunas barreras. En el caso de JFK, ser el primer presidente católico.
Y en el de Obama, el primero afroamericano.” Para Jocelyn,
las diferencias entre ambos pasan, en todo caso, por sus orígenes:
“Kennedy nació en la clase alta de Massachusetts y
fue criado en una familia ya conocida por sus participación
política. Obama, en cambio, creció en la clase media
de Hawai como un chico de origen birracial que casi no conocía
a su padre. Mientras que JFK fue educado para ser político,
Obama tuvo que hacer su propio camino a la cima”. ¿Será
finalmente 2008 el año en que el voto joven e indie le dé
el triunfo al primer candidato afroamericano de la historia? El
4 de noviembre, de no mediar ningún fraude como el que posibilitó
el triunfo de Bush en 2000, se sabrá.
Quién vota a quién
A simple vista, las aguas parecen bien divididas
entre los músicos de la alta industria. Hillary Clinton tiene
de su lado a una porción importante del mainstream –Madonna,
Carly Simon, Jon Bon Jovi, Carole King y Elvis Costello se han dejado
ver en sus mitines–, mientras que Obama cuenta con la primera
plana del R&B y el rap: Will Smith, Babyface, Macy Gray, Ne-Yo,
Stewie Wonder y el pollerudo Will.i.am (chequear Balance 2007 del
NO), entre otros. Aunque con algunos matices: 50 Cent, el rapero
discípulo de Eminem, hizo público su apoyo a Hillary
porque “votándola a ella es una manera de tener otra
vez a Bill Clinton como presidente. El hizo un gran trabajo para
nosotros”. En el mismo sentido se expresaron Janet Jackson
y Quincy Jones. No así los Pearl Jam (sin Eddie Vedder),
que colgaron en su página el tema Rock around Barack (reversión
del clásico de los ‘50), y los Grateful Dead (sin Jerry
Garcia, muerto en 1995), que anunciaron su regreso (otro más)
en apoyo al candidato afroamericano. Pero no todo es Obama o Hillary
en la constitución del voto musical estadounidense. De hecho,
el rocker ochentoso John Mellencamp lamentó no poder seguir
brindando su apoyo a John Edwards, un demócrata visualizado
más a la izquierda que Obama por las apelaciones a la pobreza
en sus discursos. Y otros artistas como el prócer country
Willie Nelson y la cantautora folk Ani DiFranco aún proclaman
que el verdadero cambio lo traería Dennis Kucinich, el pacifista
más radicalizado de los demócratas. El Partido Republicano
no ha tenido prácticamente apoyo de los rockeros. Pero quien
de verdad salió de la norma y sorprendió a todos es
el recientemente calvo Krist Novoselic. El ex bajista de Nirvana
eligió darle su apoyo a Ron Paul, un republicano que votó
contra la guerra de Irak y se proclama libertario. Pero que también
–y coherentemente a su liberalismo– brega por la eliminación
de los planes sociales y la no intervención del Estado en
materia económica (y ya sabemos a quiénes se beneficia
cuando se le otorga total libertad al mercado). ¿Qué
hubiera dicho Kurt Cobain?
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