Una novela de Upton Sinclair
PETRÓLEO SANGRIENTO
Por: Elisa M. Salzmann/ Clarín
La novela ya está entre nosotros, editada por Edhasa. La
película se agazapa a la espera de varios Oscars y será
estrenada con el título Petróleo sangriento (There
will be blood). Dirigida por Paul Thomas Anderson, está basada
libremente en ¡Petróleo!, una de las casi cien novelas
del escritor estadounidense Upton Sinclair. El rol del protagonista
J. Arnold Ross, un magnate del petróleo, será interpretado
por un casi irreconocible Daniel Day-Lewis.
¡Petróleo! es una novela clave del
período progresista de 1904-1917 que representó una
ruptura entre el viejo y el nuevo orden estadounidense. Si bien
ayudó a fomentar el brote del socialismo como poder político
y, presenció el surgimiento de grupos revolucionarios proletarios
como IWW --Industrial Workers of the World-- sus propios novelistas
socialistas, como Jack London y Upton Sinclair, fueron los escritores
más juveniles y románticos de la época, dice
Alfred Kazin en su célebre estudio sobre la primera mitad
del siglo XX En Tierra Nativa. Para Kazin, el período progresista
fue hasta tal punto un depósito de todas las diferentes influencias
que empezaban a presionar sobre la conciencia norteamericana --darwinismo
einismo e imperialismo, socialismo y materialismo-que aquellos que
lo consideraban como un período dedicado a la denuncia y
al combate contra los monopolios y la reforma legislativa, se asombrarían
ante sus deleites de aventuras y romances de capa y espada. Pero
este no es exactamente el caso de ¡Petróleo! publicada
en 1927 por Upton Sinclair.
Monopolios y reformas
Corrían los primeros años del Siglo XX y los norteamericanos
veían cómo la "libertad de acción económica
en una sociedad de individuos libres", según figuraba
en la Declaración de la Independencia, se desvanecía
frente al monopolio. Los monopolios obsesionaron la imaginación
del estadounidense medio y esto produjo un esfuerzo nacional en
pro de la reforma. El monopolio era "la maldición de
la enormidad" frente al individuo inerme; un "club de
hombres ricos", que imponía una única ley de
aceptación o de lo contrario miles de pequeños hombres
de negocios irían a la ruina. La leyenda nacional de que
cada uno podía hacer su fortuna y de que sólo la pereza
y el descuido llegarían a arruinar al individuo ya no era
creíble frente a la fuerza económica arrolladora del
monopolio. Es en este momento donde aparecen los "denunciadores"
y los espíritus afines en la novela aprovecharon la oportunidad.
La denuncia se hizo presente en la literatura y
se manifestó en el rechazo de la riqueza ostentosa, el periodismo
inundó la escena y se convirtió en la literatura de
una nueva época. La figura de Theodore Roosevelt, que irradiaba
indignación contra el "mal" y aliento al "bien",
hizo respetable todo el movimiento reformista.
"Muckrakers"
Theodore Roosevelt se apropió de la figura "muckrakers"
en 1906 en su discurso "El hombre con el rastrillo de estiércol"
para aludir a las acusaciones de corrupción que, en su parecer,
hacían ciertos periódicos con demasiada ligereza.
El término lo toma de Pilgrim's Progress ("Viaje de
los peregrinos"), del inglés John Bunyan, donde se aplica
a la acción del hombre que recoge paja, palos y polvos en
vez de las celestiales dádivas que se le ofrecen. El episodio
lo menciona el editor y periodista Lincoln Steffens (1866-1936)
en su autobiografía. El muck-raking se convirtió en
una práctica importante cuando Steffens se dio cuenta de
que necesitaba ayudantes para revelar escándalos vinculados
con la vida y la corrupción de las grandes ciudades. Estos
periodistas investigaron entre otras cuestiones, el monopolio de
la carne, a los financistas de la época, los ferrocarriles,
los abusos en el derecho penal, los negocios del gobierno; las historias
de robos de patentes; la pobreza urbana.
Cuando el muckraking empezó a derivar hacia
la ficción --llevando consigo el subsuelo romántico
del período-- se niveló la calidad de los muckrakers:
porque les bastó haber aprendido algunos primeros hechos
acerca de la sociedad de su patria, aun cuando no fueran novelistas
ni llegaran a serlo. Con esa energía y optimismo pasaron
del periodismo a la literatura.
Como dice Heinrich Straumann en La literatura norteamericana
en el siglo XX "el movimiento de los muck-rakers es uno de
los aspectos más característicos de principios del
siglo XX en los EE.UU., y en sentido amplio, del modo de vivir norteamericano.
Semejante movimiento sólo puede desarrollarse en un país
en el que van juntas, por un lado, la sed de riqueza y por otro,
un fuerte sentido moral combinado con un deseo de verdad y de libertad
de expresión".
Representante de esta época es Frank Norris
(1870--1902) de quien Borges en su Historia de la Literatura Norteamericana
dice: "Creyó que ciertas fuerzas impersonales --el trigo,
los ferrocarriles, la ley de oferta y la demanda-- son más
importantes que el individuo y acaban por dominarlo, pero también
creyó en la inmortalidad". Norris que se volvió
escritor naturalista por su odio a la literatura "pura"
desarrollada en Europa después de Flaubert, publicó
su novela Mc Teague en 1899. De Sinclair no hay mención alguna
en el particular estudio de Borges.
Upton Sinclair surgió a la fama con La Jungla
(1906), la más poderosa de todas las novelas de los muck-rakers.
Desde la publicación de The Jungle (1906) Upton Sinclair
ha sido "un veneno para la complacencia norteamericana".
La importancia de Sinclair para la literatura de preguerra es que
desde su comienzo sintió una indignación personal
contra la sociedad que veía y registraba; y pronto canalizó
ese sentimiento hacia una crítica que lo llevó a escribir
casi 100 novelas en las que nunca dejó de transmitir esa
capacidad de indignación.
¡Oil!
Las casi 600 páginas de la novela ¡Petróleo!
(1927) de Upton Sinclair representan otra de las verdades de lo
enorme, ya que esta monopoliza la atención del lector con
un ritmo lento y acompasado. Sus párrafos bien armados, sin
sobresaltos; los capítulos con títulos y el lento
discurrir de su narrador en tercera persona van llevando al lector
a través de un tour no sólo nostálgico. Frente
a este paciente lector se presenta la pareja del padre y el hijo,
J. Arnold Ross y su heredero varón, Bunny.
Si bien el magnate del petróleo tiene una
hija, Berta, y una ex esposa, tanto ellas, como su hermana, Emma,
aparecen muy en segundo plano. (Cuestión de relevancia el
rol secundario de las mujeres para un lector, para una lectora del
siglo XXI.)
La época que describe Upton Sinclair en
esta novela es la época que precede y sucede a la Primera
Guerra Mundial. El hijo del petrolero entra en escena a los 7 años
y hasta bien entrados los treinta sigue bajo la tutela de "Papá".
El planteo de Sinclair es interesante porque esta dupla de padre
e hijo le es funcional para desarrollar sin sutilezas cómo
piensa y ejecuta un patrón petrolero, dueño de más
de una veintena de pozos en el sur de California y, le sirve también,
para mostrar, en la figura del hijo, cómo se gestan a la
sombra de este padre-patrón, pensamientos y sentimientos
en absoluta discordia con los del capitalista en ciernes. Sinclair
acude a otra dupla para seguir en esta misma dirección y
desplegar las diferencias entre un socialista y un comunista: Bun
y Pablo Watkins respectivamente. Pero esto sólo llega hacia
el final de la novela, cuando ya ambos han participado de la Gran
Guerra.
Centrada en estos tres personajes, Petróleo
da cuenta de una época bastante épica para los tres
involucrados en la trama social: el magnate, su príncipe
heredero y "el mendigo". A medida que J. Arnold Ross se
va haciendo de más y más pozos (llega a poseer una
refinería), los conflictos sociales se complejizan y su hijo
no siempre tiene la suficiente "maldad" como para entender
los tejes y manejes de su padre: un coimero de ley. Lleno de sentencias,
metódico, buen conductor y bien trajeado, entre sus frases
favoritas se destacan, "El engrase (el soborno) es más
barato que el acero", y también: "Los negocios
petrolíferos se parecen a las cosas celestiales, ya que son
muchos los llamados y pocos los elegidos".
La parte sensible del relato la lleva Bun, a quien
sigue no tan de cerca Eaton, su pedagogo a domicilio. Como para
su padre, un auténtico self-made man, ni los libros ni los
acontecimientos históricos tienen la mínima importancia,
Ross no permite a su hijo perder tiempo en la escuela: para aprender
el oficio de millonario, J. Arnold sale de excursión con
el joven Bun. No obstante, la amistad con Pablo Watkins, lector
de Thomas Paine, sindicalista y editor de un diario revolucionario,
será crucial para la formación del joven.
On the Road
Estas salidas por las carreteras van mostrando anuncios de cámaras
Kodak, emparedados de salchichas, anuncios de remates, carteles
al rojo vivo. La descripción de los pueblos es bien pintoresca:
"Cada pueblo se componía de 10, 100 o 1.000 manzanas
perfectamente rectangulares, con un pabellón moderno, el
jardín y una señora que usaba indefectiblemente una
manguera de riego." La presencia de la máquina y las
maquinarias corre en paralelo a la de los obreros; la mano de obra
mexicana aparece para reparar caminos y con la primera perforación
saltan los problemas: los obreros no sólo se lastiman, hay
uno, Joe Ghunda, que muere; aunque el incendio de uno de los pozos
no deja víctimas. La primera huelga y el esforzado triunfo
de los obreros por lograr 8 horas de trabajo diario no doblegan
las férreas convicciones de Arnold Ross. Después del
1914 se triplica el precio del petróleo y el afán
del empresario supera todos los límites. El soborno también.
(Sinclair se está refiriendo directamente al escándalo
conocido como Teapot Dome en Wyoming durante la administración
del presidente Warren G. Harding).
El mundo de las mujeres, aunque en segundo plano,
se hace presente a través de una mirada anticuada y puritana.
Todas las mujeres de clase alta que entran en escena están
poseídas por una urgencia sexual arrolladora, además
de sus modos y costumbres banales. Precursoras de las "flappers",
estas mujeres asisten a escuelas caras donde inventan jergas inútiles.
A ochenta años de la publicación
de ¡Petróleo!, los temas que denunciara Upton Sinclair
siguen vigentes y esto tiene que ver con el impacto del filme. Novelas
como esta llevan a repensar esos hechos del pasado que siguen incidiendo
en el presente. Porque esta frase, escrita en 1927 y dicha por un
personaje de novela nos suena bastante conocida hoy en día.
"Ganaremos la guerra --decía el magnate--: la guerra
actual, y todas que emprendamos... En cuanto a lo que venga después
ya tendremos tiempo de tomar el mejor partido".
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