Una pregunta pertinente
¿EL APRA ES UN PARTIDO?
Por: Juan Cristóbal
A modo de preámbulo
Hace algunos años publiqué un trabajo
titulado “¡Disciplina, compañeros!”. Era
un trabajo sobre el APRA. La idea central era saber por qué
dicho partido no tenía las divisiones traumáticas
que padecía la izquierda. Pero sucede que, en el transcurso
del trabajo, que duró más de cinco años, fueron
saliendo otras líneas o aristas de comprensión sobre
dicha organización. Incluso su visión y práctica
cultural. que era bastante mediocre comparando con la visión
y práctica de Mariátegui. De esa comparación
también hicimos un artículo.
El desarrollo del trabajo sobre el APRA se realizó
a partir de testimonios realizados a personas que habían
militado en esa estructura partidaria, que en algún momento
habían renunciado, pero que jamás hicieron públicas
sus discrepancias. Por esta última razón no entrevistamos,
a personas como Carlos Malpica o al mayor Villanueva que tenían
una voz discrepante y abierta con el partido, materializadas en
diversos libros, artículos escritos y entrevistas en medios..
Un elemento importante en la estructura y visión
del libro fue que, los entrevistados, habían desarrollado
su labor en diversos niveles organizacionales. Por ejemplo, a nivel
de dirección, a nivel de juventud, de mando medio y a nivel
de base, específicamente los “defensistas” del
partido, conocidos también como “búfalos”,
que hasta los años 45 tenían otra connotación:
la de ser guardianes de sus locales partidarios y de sus líderes
más importantes, y no los criminales, matones y mercenarios
en que se convirtieron después.
Es asi que entrevistamos a Guillermo Carnero Hocke,
Gustavo Valcárcel, Héctor Cordero, Ricardo Tello,
Arquímedes Torres y Eduardo Mallqui. De todo ellos, sólo
queda con vida el último de los citados.
Todos tuvieron discrepancias políticas con
el partido de Haya, y especialmente con Haya, pero quien hizo un
alejamiento importante, por la trascendencia del mismo, fue Héctor
Cordero quien no sólo tuvo discrepancias políticas,
especialmente con Ramiro Prialé, que, en el momento que lo
separaron, era secretario general, sino que su pugna y discrepancia
llegó a importantes niveles teóricos. Internamente
publicó un folleto rebatiendo, desde el punto de vista marxista,
las tesis filosóficas del APRA, o sea el famoso “espacio-tiempo
histórico”. Ese folleto nunca fue editado y, por supuesto,
la dirección aprista lo ocultó. Cuando lo entrevistamos,
lo convencimos de hacerlo. Salió con el nombre de “Crítica
marxista al APRA”, poco antes de la muerte de Haya.
¿El APRA es un partido?
Todo lo anterior viene como sustento para responder
esta pregunta, que hace poco me la hizo un importante sociólogo
y analista político, que está preparando un libro
sobre los vaivenes del APRA.. Recuerdo le contesté: “Visto
en el horizonte y desarrollo de la historia, del conocimiento y
sensación de uno mismo ante las prácticas de esa organización,
el APRA para mí no es un partido político, sino una
organización, llamémosla, social. Y no lo es, porque
todo partido, sea de derecha o de izquierda, y más esta última,
tiene que tener como objetivos fundamentales: la decencia, la educación,
la labor cultural, la defensa de sus principios y valores, la necesidad
del desarrollo humano, el bienestar de la sociedad. Y el APRA, en
el desarrollo de su historia, jamás puso en práctica
estos principios. Fue siempre una organización que traicionó
–en la teoría y en la práctica- lo que decía,
que pactaba con sus verdugos y perseguidores, que aporreaba y mataba
a sus opositores, que jamás consintió las discrepancias
internas (de lo cual pueden dar Luis de la Puente y Víctor
Polay). Por estas consideraciones, y algunas más que se podrían
mencionar, para mi el APRA no es un partido político, sino
una organización que me hace recordar a las huestes de Al
Capone, y todo lo que ello significó”.
Y añadí: “Pero no sólo
ello, a todas esas deficiencias políticas y morales, yo añadiría
otra, que, con el tiempo, he podido calibrar. Y es que el APRA es
también inmoralmente sexual. Y no digo esto porque su jefe
haya sido homosexual, lo que se desprende de los testimonios, y
de otros trabajos que luego se han publicado sobre el tema, sino
porque la homosexualidad Haya no la supo llevar como una opción
verdadera, sino que se aprovechaba de su jefatura y liderazgo para
poder abusar de algunos jóvenes partidarios que aparecían
con características de líder. Y no sólo ello,
Haya tenía relaciones sexuales que pagaba a personas que
no militaban en su partido. Y este pago en efectivo, a una relación
que no pasaba de un día, incluso con desconocidos, (tengo
el testimonio verbal de un trabajador de la educación que
no ha deseado grabar por temor a represalias, que me decía,
por ejemplo, que Haya tenía una tatuaje en el glúteo
derecho) tiene un nombre que no merece ser nombrado, porque sería
injuriar a una profesión que, autores como García
Márquez y Jorge Amado, consideran tan honorable y respetable
como cualquier otra”.
Por todas estas consideraciones, creo que el partido
aprista no es un partido político, sino una organización
matonesca, desvergonzada, inmoral y deleznable. Capaz de las acciones
más mezquinas, traidoras y aberrantes.
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