DEL MANÍ A LA COMIDA CHATARRA
DE LOS CINES DE AYER A LOS CINES DE HOY

Por: Mario Tejada

No recuerdo cuál ha sido la primera película que vi. Pero seguramente fue en un cine de los Barrios Altos, porque la economía de mis padres no daba par asistir a uno de estreno, que eran las salas donde se exhibían las películas recién llegadas y que luego de unas semanas pasaban a los cines de barrio.

Para lo que hemos vivido las funciones de cine antes del imperio de la televisión, el espectáculo cinematográfico tenía otra naturaleza y otra dimensión. Lo que está sucediendo, es que el contexto socio cultural donde se forman los nuevos espectadores y la naturaleza del soporte en el cual se imprimen las imágenes se está transformando y podemos asegurar que ahora casi ya no es la misma, lo cual conlleva a una transformación de la naturaleza del espectáculo, y no podemos predecir cuál será su final.

El cine, como la mayoría de los aficionados sabemos, surgió como una rareza de circo. Por ello, las primeras funciones se llevaron a cabo en una carpa de circo. Luego, fueron surgiendo las salas de exhibición cinematográfica y el cine se desvinculó completamente del espectáculo circense. Lo cual permitió que esta rareza que era reproducir imágenes en movimiento pudiera convertirse en algo que sus inventores jamás pudieran imaginar: en un arte, una gran industria y un medio de comunicación masivo o social.

Si bien los seres humanos desde los albores de la cultura han querido reproducir imágenes en movimiento (hecho que se señala en la mayoría de los libros de historia de cine) solamente con el extraordinario desarrollo de la ciencia y la técnica en el capitalismo fue posible concretizar este sueño. El desarrollo de la química permitió imprimir fotográficamente  el desdoblamiento de un movimiento en imágenes fijas, y reproducirlos después en una pantalla blanca. Luego, el gran avance de la física permitió el desarrollo de la televisión, y posteriormente, poder realizar lo que hacía el soporte de la película, reproducir digitalmente imágenes con movimiento en un DVD.

Antes de que se masificara la televisión, la relación de las imágenes en el ecran con el espectador fue muy intensa, generando un acto casi ritual con reglas que se respetaban en todos los cines: estaba prohibido hacer bulla, y el que la realizaba era callado con fuertes voces, inclusive, en la galería o balcón de los cines de barrio, se generaban protestas más violentas con mentadas de madre y lanzamiento de habas o maní, a modo de proyectiles; si tenías la mala suerte de que un cabezón se sentara delante tuyo, pedías al asistente que se acomodara de tal manera que te dejara ver toda la pantalla, y en última instancia, tenías que  realizar simulacros de piruetas para poder verla, cuya consecuencia era que salías del cine con dolores en ciertas partes del cuerpo, principalmente el cuello; por último, si surgía la necesidad de ir al baño, ponías en acción toda las capacidades de resistencia de tu cuerpo, para saciar tal necesidad luego de terminar la película.

El espectador, pues, compraba su entrada para gozar de un espectáculo donde iba a acompañar militantemente a los personajes que veíamos en la pantalla. Con ellos sufríamos sus desgracias, gozábamos de sus alegrías y nos dejábamos llevar por sus aventuras. Entre ellos y nosotros no había casi diferencia, y es que su realidad, era nuestra realidad. Se convertía en parte de nuestra vida. En aquellos años, los niños, reproducían en sus juegos a los héroes de los filmes, hecho que ahora ha desaparecido. La mayoría de las personas de esa época, tenían sus días en que iban al cine, era como un acto religioso, por lo menos una vez a la semana; y sabíamos que entrar a la sala oscura, era como ingresar a la casa de un vecino o de un amigo donde íbamos a tener una nueva experiencia, nos iba a suceder algo nuevo, pero con el cinematógrafo, se trataba de una experiencia extraordinaria, fuera de lo común. 

La llegada de la televisión, comenzó a cambiar esa relación mágica, la experiencia de ver imágenes en movimiento se hizo más cotidiana. Es que la tenías en la casa. Era parte del mobiliario, con el agregado que te entretenía. Se perdió la magia que te causaba la oscuridad. En la TV puedes ver películas a plena luz, comiendo, conversando y no te molesta ser interrumpido. Cuando se da el salto a la tecnología digital, puedes comprar películas y verlas cuantas veces quieras retrocediéndolas o adelantándolas para saber el final. He observado a niños ver una película de dos horas en menos de quince minutos, a saltos y llegar rápidamente al final. Es evidente que nos encontramos ante un nuevo espectador, en un nuevo contexto.

La crisis del capitalismo con el desarrollo de las nuevas tecnologías ha producido un nuevo tipo de espectáculo con un nuevo tipo de asistente. Hoy el cine ha dejado de ser un ritual para convertirse de nuevo en un espectáculo casi de circo. Tiene que estar junto a un patio de comidas, grandes tiendas y supermercados. Es parte de un espacio que el consumidor puede recorrer antes de llegar al cine o cuando termine de ver la película. Es un alto de un itinerario, y por lo tanto una actividad más. Como ir a comprar ropa. Aquí encontramos una explicación del por qué ahora la obligación de un espectador es no solamente ver la película, también es ingerir comida basura. Ahora la canchita, gaseosas, sanguches y los denominados combos son parte del espectáculo. La industria cinematográfica no te considera  un buen espectador si no ingresas con una charola y un cerro de comida y bebida. El cine, pues, nació como parte del espectáculo de circo, y en estos momentos, se encuentra en algo parecido

En nuestros días, no es raro que los espectadores conversen en plena exhibición de la película, contesten llamadas telefónicas y sostengan largos diálogos, e inclusive la comenten con sus acompañantes. También es común ver salir constantemente de la sala a los espectadores sin que ello les cause mayor molestia. Inclusive existen personas que la obra la han visto antes en video y luego en el cine. No podría asegurar si el espectáculo cinematográfico era mejor antes que el de ahora, así como si el espectador antiguo tenía mejores cualidades que el de hoy, ello merece un análisis que sería bueno realizar.
 
También el cine ha dejado de ser un espectáculo democrático para convertirse en uno elitista, por lo menos en Lima. Ignoro si sucede lo mismos en otras latitudes. Antes, todas las películas circulaban en todos los estratos sociales. Ahora en las cadenas de cines de los barrios no se exhiben las denominadas obras difíciles. En los Barrios Altos, donde ha transcurrido gran parte de mi vida, tuve oportunidad de ver a Fellini, Bergman, Kurosawa, la Nueva Ola, el free cinema inglés y otros. ¿Lo mismo podemos decir ahora de los cines de Comas o San Juan de Miraflores? La respuesta es un rotundo NO. Igual está sucediendo con las salas de cine arte. La cultura cinematográfica en Lima, que antes fueron espacios democráticos se han convertido en espacios selectos. Pero, esta triste realidad, será abordada en otro artículo.

12-06-07