Colina al desnudo

FUJIMORI SABÍA TODO

Por: Efraín Rúa

A medida que avanza el juicio contra Alberto Fujimori va quedando en evidencia que el grupo Colina no podía operar sin el consentimiento del alto mando del Ejército, del jefe real del SIN y, por lo tanto, del hombre que dio el golpe de Estado de 1992 para hacerse de todo el poder en el país.

Conocer el mecanismo de funcionamiento de Colina significa desentrañar la forma de operar de los grupos de inteligencia tras las oprobiosas experiencias de las dictaduras militares de la década del 70. Fujimori y sus asesores conocían de esa experiencia y se negaron a repetirla, por eso instrumentaron a Colina, un destacamento en que la regla era el compartimentaje, en la que pocos sabían que hacían cada uno de los grupos operativos que la conformaban, los nexos entre los mandos o quiénes eran sus mentores intelectuales.

En este escenario es importante la declaración de cada testigo, pues ello significa una prueba más en contra del dictador. Aún falta conocer la declaración de diversos agentes que vinculan a Fujimori con la cadena de mando de Colina. Además, hay videos, audios y un conjunto de documentos desclasificados de la Central de Inteligencia Norteamericana que corroborarían la responsabilidad penal de Fujimori y que lo llevarían por lo menos a 30 años de prisión.

En ese terreno adverso, César Nakazaki, abogado de Fujimori y del general Hermoza, estaría jugando todas sus cartas para evitar nuevas evidencias contra su principal defendido. Entre otras, sirviendo de nexo entre ambos acusados, violando el Código de Ética del Colegio de Abogados, de acuerdo al jefe de la Unidad de Extradiciones de la Procuraduría, Omar Chehade.

Como se sabe, uno de los principales acusadores de Fujimori es el propio general Hermoza. Y para evitar el descalabro, Nakazaki habría optado por designarle un abogado a Hermoza Ríos o pedirle que acuda sin él, con el objeto de no declarar o responder las preguntas de la forma más conveniente para sus intereses.

La primera opción parece haber sido puesta en práctica por la defensa de Fujimori durante la presentación del agente Fernando Lecca Esquén, quien se negó a testificar pese a los pedidos del vocal César San Martín. Según el ex integrante del grupo Colina, no contaba con un abogado que lo asista en el caso, a pesar que se acogió a los beneficios de la `confesión sincera`.

Nakazaki busca elementos para definir el curso del proceso a favor de Fujimori. Así, insiste en que Colina era un grupo paramilitar y no un destacamento del Ejército, con lo que la pretende diluir la responsabilidad del acusado. Esa estrategia comenzó a desmoronarse luego de la presentación de José Alarcón Gonzales y José Tena Jacinto, agentes de Colina, quienes revelaron detalles de los crímenes y vincularon al general Juan Rivero Lazo, ex jefe de la Dirección de Inteligencia, y a Nicolás Hermoza Ríos, con esos hechos.

El tercer testigo, el técnico Manuel Hinojosa Sopla, se acogió al silencio y no declaró. Al parecer las declaraciones de Alarcón Gonzales y Tena Jacinto fueron suficientes, por lo que se prefirió silenciar las declaraciones del tercer testigo. Y es que tras refutar la existencia del “destacamento”, Nakazaki tuvo que resignarse a escuchar el término de boca de los agentes del SIE.

La cantidad de documentos referidos a Colina, su base de operación en la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE) y la existencia de un “escudo” que lo identificaba, echaron por tierra los argumentos de la defensa.

Para terminar de coronar la faena, apareció el oficio N° 096 CA-CGE/A.4/02.10, de fecha 22 de Julio de 1994, en la que se revela que el Comandante General del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos, ordenó que se condecore a Jesús Sosa Saavedra, Nelson Carbajal y Pedro Suppo con el cintillo Pacificación Nacional, dos meses después de haber sido sentenciados por el Fuero Militar por los delitos de secuestro, desaparición y ejecución de un profesor y nueve estudiantes de La Cantuta.

En un último esfuerzo, Nakazaki buscaba demostrar que las órdenes de los asesinatos provenían exclusivamente del mayor Santiago Martin Rivas, jefe del grupo, y que la misión ‘formal’ del Destacamento era, según consta en el plan operativo Cipango, identificar y detener presuntos terroristas.

Pero las declaraciones de los agentes echaron por tierra su argumentación. Ellos han reconocido que la misión real de Colina era asesinar y no detener, y que la creación del grupo obedecía a un plan estratégico aprobado por el propio comandante general Nicolás Hermoza Ríos. Según la Fiscalía, Hermoza era el nexo entre Fujimori y el escuadrón de la muerte.

 

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