La caída de las bolsas internacionales:
PASÓ LO QUE TENÍA QUE PASAR
Por: Juan Torres López/ Rebelión
La caída es espectacular: el valor bursátil
de las 35 mayores empresas españolas ha caído 101.000
millones de euros en 14 días, casi el 20% de su cotización.
En las bolsas asiáticas se perdía ayer entre el 5
y el 7% de los valores, en México el 5% ... y hoy vendrá
Nueva York, mientras seguramente sigan cayendo todas las demás.
Es normal que todo el mundo se pregunte lo qué
está ocurriendo y qué es lo que previsiblemente pueda
ocurrir en los próximos días y semanas.
La respuesta es elemental: lo que está pasando
es, sencillamente, la consecuencia lógica del estado de cosas
en que se encuentran las relaciones financieras en nuestros días.
Yo mismo lo vaticiné en un artículo anterior publicado
el pasado 10 de septiembre (Diez ideas para entender la crisis financiera,
sus causas, sus responsables y sus posibles soluciones).
Como es sabido, en los últimos años
los mercados financieros y la actividad de los bancos han cambiado
de naturaleza.
Antes, los bancos se dedicaban preferentemente
a recoger los recursos de los ahorradores para ponerlos a disposición
de los inversores o de los consumidores manteniendo un volumen mínimo
de reservas para hacer frente a los reintegros. De esa forma alimentaban
constantemente la economía productiva con la financiación
más o menos necesaria. Hoy día, los dedican preferentemente
a comprar "papel", es decir, a comprar y vender activos
financieros (títulos de todo tipo, contratos de cualquier
naturaleza, seguros, reaseguros...) en lugar de dedicarlos sobre
todo a hacer que la economía real funcione más y mejor.
Y, además, las reservas de garantía se han reducido
al mínimo e incluso han desaparecido en muchos casos.
Lo hacen porque es muy rentable. Gracias a las
nuevas tecnologías que permiten realizar operaciones a cada
segundo, en cualquier lugar del mundo y con coste prácticamente
nulo, y gracias a la libertad total con que se cuenta para llevar
el dinero de un sitio a otro del mundo, se pueden realizar operaciones
constantemente y así obtener grandes rendimientos de los
cambios de precios que continuamente se producen.
Esto es tan rentable que cada vez se hace más,
de modo que cada vez hay más recursos dedicados a estas operaciones
especulativas. Las empresas ganan más en estas operaciones
que en la economía real, y sus propios directivos las gobiernan
para tratar de obtener ganancias en las bolsas o para que sus acciones
sean atractivas a los demás inversores especulativos.
El problema es que esas actividades son muy rentables
precisamente porque son .... ¡muy inseguras!
Es natural, todo el mundo sabe que cuanto más
segura es una operación menos rendimiento dará y que
será más rentable cuanto más riesgo conlleve.
La combinación de esos dos factores (abundancia
de operaciones especulativas y el riesgo que comportan) es lo que
produce la llamada financiarización que ha convertido a la
economía mundial en un auténtico casino, como dijo
el Premio Nobel de Economía Maurice Allais.
Sus consecuencias son claras: insuficiencia de
recursos para crear actividad y empleo (porque se dedican a la especulación),
inestabilidad y crisis (porque es únicamente en este contexto
de cambio constante en las cotizaciones en el que se puede ganar
mucho dinero) y, por tanto, transmisión de sus efectos negativos
a la economía real en su conjunto.
Pues bien, lo que ha pasado en los últimos
meses no es sino una expresión paradigmática de todo
esto.
Los pasos han sido los siguientes:
a) La inversión especulativa sube artificialmente
el valor de la vivienda.
b) Los bancos multiplican su oferta de créditos
hipotecarios pero al hacerlo conceden, sobre todo en Estados Unidos,
una gran cantidad de hipotecas a familias con recursos insuficientes
si cambian las condiciones del mercado.
c) Los bancos que conceden hipotecas (prácticamente
todos) venden esos contratos en los mercados llamados "secundarios"
(porque en ellos se re-compran y re-venden sucesivamente los "papeles"
que se han negociado en fases anteriores, en este caso, las hipotecas
originales). Así es como se originan los nuevos "productos
financieros derivados", que son los títulos que nacen
de haber comprado un título, que resultaba de haber comprado
otro, que compró otro... y así sucesivamente.
De esta manera se forma una especie de pirámide
gigantesca en la que cada operación es más rentable
que la anterior pero, como he dicho antes, porque es cada vez más
insegura. Y eso es lo que va generando un riesgo acumulado y global
en los mercados financieros.
d) Cuando por cualquier circunstancia falla cualquier
eslabón de la cadena todo salta por los aires. Y ya se sabe
que la fortaleza de una cadena es la de su eslabón más
débil, lo que hace muy frágil al conjunto de las relaciones
financieras.
e) En la crisis actual lo que inicialmente falló
fue que muchas familias estadounidenses dejaron de pagar sus compromisos
hipotecarios y eso activó una reacción en cadena provocando
pérdidas en lugar de las ganancias habituales.
f) A partir de ahí, los capitales dieron
un paso atrás. No es que hubiera insuficientes, como se quería
hacer creer, sino que se retrajeron. Pero lo hicieron, no solo en
los mercados financieros más especulativos, sino también
en todos los demás y, principalmente, en los que financian
la actividad real.
g) Eso fue lo que hizo que los bancos centrales,
en lugar de tomar medidas para evitar que se produjeran más
corridas de este tipo, se dedicaron a "inyectar" miles
de millones de dólares y euros a los mercados en forma de
generosos préstamos a los grandes bancos y financieros del
mundo.
h) De esa forma fue que una crisis hipotecaria
en Estados Unidos (aunque podría haber tenido su origen en
cualquier otro país y en cualquier otro motivo, como ha pasado
otras veces) se convirtió en una crisis financiera que afectaba
a toda la banca mundial, porque es a nivel mundial que actúan
los grandes bancos e inversores de nuestra época.
i) ¿Por qué caen entonces las bolsas?
Sencillamente, porque todo lo anterior pone claramente de relieve
ante los inversores dos circunstancias, por otra parte evidentes:
que se ha roto la cadena de la ganancia de "papel" y que
el dinero se ha retraído, de modo que no se van a seguir
produciendo sucesivas alzas que favorezcan, a su vez, sucesivas
ganancias especulativas.
Es por eso que la retraída de los capitales
se produce en los valores que más artificialmente habían
subido en los últimos tiempos, es decir, en los que habían
cotizado más alto pero solo como expresión o como
consecuencia de las burbujas especulativas de meses y años
anteriores (en España y en casi todo el mundo, los bancos
que invirtieron en vivienda, las grandes inmobiliarias, los fondos
de inversión más especulativos, es decir, los más
rentables pero menos conservadores en sus opciones de inversión....).
Y en estas estamos: en una crisis financiera que
es internacional porque la plena libertad de movimientos de capital
extiende sin remedio los efectos a todo el planeta.
Y lo que viene ahora (que ya empezó en Estados
Unidos) es su efecto sobre la economía real, es decir, sobre
la actividad económica y el empleo.
Esto es algo inevitable por cuatro razones principales:
a) Porque los inversores y financiadores afectados
sufren pérdidas y retiran sus recursos no solo del área
financiera, como he dicho, sino también de la actividad productiva
b) Porque se vienen abajo las industrias vinculadas
a la burbuja especulativa y, sobre todo, la construcción.
c) Porque los bancos centrales han sido incapaces
o no han querido proteger a la economía real.
Por el contrario, lo que han hecho ha sido permitir
este estado de cosas, dejando hacer a los especuladores, no haciendo
nada para luchar contra la opacidad de las operaciones financieras
y, en definitiva, dejando crecer la burbuja de los últimos
años con tal de alimentar la desenfrenada ansia de ganancia
de los bancos. Hasta gobernantes conservadores como Angela Merkel
y Sarkozy lo hicieron notar más o menos veladamente hace
unos meses.
Los bancos centrales son, en realidad, los pirómanos
que han alimentado la crisis: su pasividad y su complicidad nos
permiten hablar de una auténtica crisis financiera "prefabricada".
d) Porque con la excepción de Estados Unidos,
los gobiernos apenas tienen capacidad para intervenir inyectando
en la actividad real los recursos que los bancos centrales inyectan
en los flujos financieros.
Y esto es así de un modo especial en la
Unión Europea: sin gobierno económico y a expensas
del fundamentalismo del banco central, es seguro que sufra una recesión
de mucho mayor calado, salvo que Estados Unidos sea capaz de frenar
rápidamente la suya evitando así el contagio que ya
ha comenzado. Algo que ya es muy improbable.
Eso es lo que hay y lo que viene.
Se equivocan, o mienten, los gobernantes que están
diciendo que es poca cosa.
Se equivocan, o mienten, los banqueros centrales
que dicen que es solo un episodio de inestabilidad financiera.
Se equivocan o mienten mucho más grave y
cínicamente quienes ahora solo vuelven a dar la receta de
que lo que hay que controlar son los salarios para salir del apuro.
Y se equivocan o mienten quienes quitan importancia
a estas manifestaciones inequívocas de riesgo global.
El financiero George Soros que conoce bien los
mercados financieros acaba de decir, según la Agencia Reuters,
que "la situación es mucho más seria que cualquier
otra crisis financiera desde finales de la Segunda Guerra Mundial"
y que eso se debe a que "durante los últimos años,
los políticos habían sido guiados por algunos malentendidos
básicos procedentes del "fundamentalismo del mercado",
la creencia en que los mercados financieros tienden a actuar hacia
el equilibrio".
Y en Davos, donde cada año se reúnen
los más poderosos del mundo, acaban de presentar el informe
Global Risk 2008 que, si bien es verdad que se orienta a apuntalar
el sistema más que a modificarlo en sentido positivo, advierte
sin disimulos del peligro real e inmediato de una crisis financiera
generalizada como consecuencia de la infravaloración del
riesgo que se está asumiendo.
La situación, por tanto, no admite muchas
dudas. Estamos en el único sitio en donde podíamos
estar cuando se deja que los capitales fluyan libremente buscando
nada más que beneficios extraordinarios y rápidos
en actividades especulativas, cuando los gobiernos renuncian a gobernar
para favorecer así a los poderosos y cuando no se pone límite
alguno al afán de tener más y más y más
de los más ricos del planeta.
Los capitales a la deriva no puede llevar a la
economía mundial a otro sitio que no sea a una deriva generalizada
hacia la crisis y el malestar. No puede ser de otro modo.
Las soluciones inmediatas existen y no son difíciles,
en contra de lo que se nos quiere hacer creer. Y son cada día
más urgentes y necesarias: controlar la especulación
regulando las finanzas internacionales para garantizar seguridad
y estabilidad; domeñar a los capitales financieros y obligar
a que los recursos estén al servicio de la actividad productiva
mediante impuestos globales; y, en definitiva, evitar que la lógica
del mercado se convierta en la lógica social.
Obviamente, lo que no es tan fácil es disponer
del poder suficiente para lograrlo y precisamente es hacia ello
hacia donde tendrían que orientar su esfuerzo los ciudadanos
y las organizaciones sensatas del planeta.
Porque el origen último de la crisis financiera
no está en las finanzas sino en el poder desmedido que tienen
los banqueros y los grandes propietarios.
Justo lo que hay que quitarles para poder evitarlas
en el futuro.
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