De qué se ríe Fujimori
¿ACUERDOS BAJO LA MESA?
Por: Daniel Borja
Muy elocuente la última escena de una de
las recientes audiencias del juicio a Fujimori. El sátrapa
aparece sonriendo junto a su abogado César Nakazaki, como
si las cosas le fueran de maravillas. Tal vez, la sonrisa, obedeciera
al hecho que el periodista Ricardo Uceda, expresara que en sus investigaciones
no encontró pruebas ni testimonios que lo implicaran en las
matanzas de Barrios Altos y La Cantuta.
O a que otro de los periodistas que investigó
el hecho, Edmundo Cruz, no ofreciera un testigo de cargo que inculpara
directamente al dictador en las matanzas producidas durante su mandato.
Matanzas que no fueron las únicas y que se tradujeron en
cientos de desaparecidos y ejecutados por las llamadas fuerzas del
orden.
Durante la sesión, fue notoria la insistencia
del abogado Nakazaki por dejar en claro que aquellos que acusan
a Fujimori no son más que algunos arrepentidos del Grupo
Colina. Esto lleva a las siguientes conclusiones. Fujimori habría
llegado a un acuerdo con sus ex socios: Vladimiro Montesinos y el
general Nicolás Hermoza, para limpiarse mutuamente de cualquier
responsabilidad. Dos, estaría buscando acuerdos con los vocales
que lo juzgan para desvirtuar cualquier acusación que se
base en la “cadena de mando”.
A todo esto se añade la búsqueda
de acuerdos políticos con el aprismo para buscar una salida
que lo salve de la cárcel. Los sectores pro chilenos y los
grupos de poder que se beneficiaron con el modelo económico
puesto en marcha por el dictador, son los que propician una salida
de esta naturaleza que no se debe descartar.
En estas circunstancias, declaraciones como las de Ricardo Uceda
sirven a la estrategia fujimorista que las celebró alborozadamente.
De acuerdo a su versión, la matanza de la Universidad La
Cantuta fue producto de una decisión personal del mayor (r)
Santiago Martin Rivas, jefe del grupo paramilitar “Colina”,
porque éste tenía órdenes de detenerlos y no
matarlos.
Basándose en la versión del ex agente de Colina, Jesús
Sosa Saavedra, Uceda dijo: “Diré con franqueza, no
he obtenido testimonios directos de un conocimiento anterior de
estos hechos (casos Barrios Altos y La Cantuta) por parte de miembros
del gobierno”.
Ante una pregunta del abogado César Nakazaki,
reiteró: “Fujimori no tuvo ni autoría material
ni intelectual en este proceso (de Barrios Altos y La Cantuta)”.
Todo ello como conclusión de sus entrevistas con Sosa Saavedra,
un prófugo de la justicia, conocido como “Kerosene”,
porque era el encargado de rociar con este combustible a los ejecutados
por el comando paramilitar.
Sosa fue el que le confió a Uceda que “el
grupo Colina no tenía orden superior para aniquilar a los
9 estudiantes y un profesor de La Cantuta”, lo que habría
motivado incluso una áspera discusión con el propio
Martin Rivas. Ante este impasse, Sosa narró a Uceda que se
vio obligado a buscar una pala en el almacén de la universidad,
que formaba parte de un lote donado por la cooperación española.
El periodista llevó la pala a la audiencia
judicial y la entregó al tribunal, juntamente con dos audios
con conversaciones del ex director del Servicio de Inteligencia
del Ejército, general Juan Rivero Lazo, con los integrantes
de este grupo en las instalaciones del cuartel de Pueblo Libre,
cuando se encontraban detenidos. Uceda no preguntó las razones
por las que Fujimori promovió esa Ley de Amnistía.
¿No era que no les debía ningún favor?.
César Nakazaki hizo uso de sus atributos
frente al periodista Cruz, pues en todo momento trató de
descalificar la calidad de las fuentes que nutrieron sus reportajes
en la revista Sí y en La República, asegurando que
algunos de sus datos eran falsos.
Fue luego que el periodista relatara pormenorizadamente
la génesis y el accionar de Colina y el apoyo que recibió
del gobierno fujimorista y que confirman su actuar delincuencial.
Cruz presentó y entregó al tribunal un juego de las
comunicaciones cursadas entre Fujimori y el Comando de Personal
del Ejército (COPERE), a partir de los dos memorándums
de felicitación a oficiales del destacamento Colina.
Estos documentos incluyen la hoja de recomendación
del COPERE en el que se señala el motivo de la felicitación:
"labores de gran trascendencia en las universidades del país"
que, según un informe de la OEA, tendrían relación
con la desaparición de 184 universitarios, de enero a julio
de 1991.
Edmundo Cruz también dio una explicación
del porqué de la insistencia presidencial de ascender a Martin
Rivas, en 1991. Según la Directiva Única de Funcionamiento
del Sistema de Inteligencia un Equipo Especial, como Colina, tiene
que ser dirigido por un comandante o un mayor. En 1991, Martin Rivas
era capitán y al año siguiente, con la recomendación
de Fujimori, asciende a mayor y pasa a dirigir a Colina.
El periodista también presentó al tribunal una copia
del Manual de Operaciones Especiales de Inteligencia del Ejército,
aprobado entre abril y junio de 1991. En este documento se establece
el tipo de actividades que desarrollan las unidades de inteligencia
operativa : "sabotajes, secuestros, etcétera".
Igualmente, un croquis inédito de la distribución
de los ambientes del Servicio de Inteligencia del Ejército
donde vivía Fujimori y su familia, que permite establecer
su cercanía con los organismos que dirigían las actividades
del grupo Colina.
Para poner punto final a su testimonio, Cruz refirió
que de acuerdo con una de sus fuentes Fujimori conocía el
accionar del grupo Colina, pues solía preguntar por ellos
al comandante general EP Nicolás Hermoza Ríos. "¿Cómo
está el grupito?”.
Tal vez por eso, sabiendo que su hermano no las
tiene todas consigo, Santiago Fujimori amenazó con una guerra
civil en caso de una sentencia ejemplar. No hay duda, el caso Fujimori
dejará en claro si es que existe justicia en el país.
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