ALAN GARCÍA NEGOCIA CON EMPRESARIOS

LA AMAZONÍA PERUANA EN REMATE

Daniel Borja

Alan García decidió rematar los bosques amazónicos al mejor postor, es decir a aquellos que poseen el dinero necesario para convencerlo: las petroleras, las trasnacionales del etanol y las empresas madereras, las mismas que tendrán las manos libres para depredar la selva amazónica en el menor tiempo posible, con las graves consecuencias que ello acarrea.

A García no le interesa la gran reserva amazónica, tabla de salvación de la humanidad en las próximas décadas; tampoco los pueblos originarios que posibilitaron el mantenimiento de la diversidad biológica agrícola, los agroecosistemas y el ambiente, ni la perspectiva que ellos tienen para garantizar la seguridad alimentaría del Perú y del mundo.

Al contrario, abandonando cualquier atisbo de sensatez y con tono sarcástico, Alan García les dijo a un grupo de empresarios brasileños que “el Perú es una sociedad que todavía no comprende sus riquezas... no se entiende que la Amazonía necesita propietarios para que inviertan a largo plazo y con altísima tecnología”.

Fue el mismo día en que se celebraba el Día Mundial del Ambiente. Sus palabras debieron resonar en los oídos de los empresarios que se alistan a ejecutar proyectos de inversión en cultivos de caña de azúcar para etanol. Esos empresarios tienen centradas sus miradas en la selva, luego que el Ministerio de Agricultura limitara las extensiones de tierras para los cultivos de caña en el norte, debido a la falta de agua.

La intención de producir caña en la selva fue confirmada por Miguel Vega Alvear, presidente de la Cámara de Comercio e Integración Perú-Brasil, quien reveló que esa es la región adecuada para ejecutar los nuevos proyectos de etanol que requieren como mínimo 10 mil hectáreas, con inversiones de US$ 50 millones.
 
La noticia fue ratificada por el inefable ministro de Agricultura, Ismael Benavides, quien anunció la intención del gobierno de vender las tierras forestales de la Amazonía, ampliando de 10 mil a 40 mil las hectáreas de bosques que se adjudicarán al sector privado. El pedido está en manos del Congreso.

La audacia de García y Benavides no tiene límites y no pierden el tiempo en formalidades. A pocas horas de la declaración de García, el ministro reclamó la exoneración del ISC a la producción de etanol, señalando que ese es un tema de prioridad nacional: “Las proyecciones no indican todavía un gran entusiasmo por el etanol en la selva, por los bajos rendimientos que se están presentando; sin embargo, con tecnología del Brasil, podemos llegar a los rendimientos de caña que hay en la costa”. 

“Hay un proceso de integración comercial al mundo, no solamente a los EE.UU., sino que hay diversos procesos de integración de Tratados de Libre Comercio en negociación, que nos abriría mercados para el futuro desarrollo agropecuario y de biocombustibles”, afirmó.

A él no le importa la contaminación ni la depredación en la zona en que se decidirá el futuro de la humanidad. Lo que le importa a García y a su ministro es subastar las áreas que colindan con el Brasil, en el que el bosque alcanza los 74 millones de hectáreas, de las cuales 600 mil son de cultivo. En la selva ya existen 10 millones de hectáreas deforestadas, de las cuales 4 millones están contaminados o degradados.

Previendo las protestas que se iban a desatar por sus despropósitos, García salió al frente para decir: “Ya es parte de la conciencia peruana la apertura al mundo y el comercio con el mundo. Han sido derrotadas las teorías primitivas que no entienden que los países que más crecen y más ofrecen a sus poblaciones lo hacen a través de la inversión”.

No es así y García lo sabe. Lo demuestra el alto precio de los minerales, que produjo ganancias exorbitantes para las mineras, que se llevaron más de 21 mil millones de dólares al exterior, mientras la población de las regiones en las que se extrae la riqueza vive en absoluta pobreza. Y tiene que enfrentarse a los costos de la contaminación ambiental que les dejan.

Eso lo sabe bien García, por eso no dudó al decir con desfachatez: “El Perú es donde se gana más dinero que en otros países, donde los vaivenes y los cambios políticos e ideológicos hacen que el dinero que se gana en un día se pierda al día siguiente”.

Algún avispado puede preguntar cuál es su tajada.

7-06-07