¿Chávez
fue derrotado?
REMAR CONTRA LA CORRIENTE
Por: Luis Hernández Navarro
No pudo Hugo Chávez ganar la prueba de fuerza en Venezuela
por undécima vez consecutiva. Su proyecto de reforma constitucional
fue derrotado en las urnas. Alcanzó 49.29 por ciento de los
votos. Muy por debajo del apoyo que obtuvo cuando fue elegido presidente
con 63 por ciento de los sufragios, o como sucedió durante
el referendo revocatorio de 2004, en el que consiguió 59
por ciento.
Quienes acusaron al mandatario de dictador y de tirano tuvieron
todas las garantías para hacer campaña en contra de
la reforma constitucional. Televisión, radio y prensa dijeron
lo que quisieron en su contra. La oposición tomó una
y otra vez las calles. Sus cuestionamientos hacia la imparcialidad
del Consejo Nacional Electoral (CNE) resultaron infundados. El presidente
aceptó sin titubeos y con rapidez su revés.
La propuesta de reforma constitucional enfrentó una sucia
campaña de desprestigio. Estados Unidos se involucró
activamente en el apoyo a la oposición. Pero ello no explica
el descalabro gubernamental. Así lo han hecho los enemigos
de la revolución bolivariana en cada ocasión en la
que ha habido consultas populares o comicios y, hasta ahora, siempre
habían perdido.
La novedad este 2 de diciembre con respecto a las anteriores contiendas
no es que se haya constituido una nueva mayoría opositora
estable. La oposición apenas incrementó su votación
en 300 mil sufragios. No, la verdadera diferencia provino de que
la reforma constitucional no contó con el aval de importantes
sectores del chavismo que promovieron la abstención o el
voto en contra. La abstención fue muy alta.
Se opuso al proyecto el socialdemócrata Podemos, integrante
de la coalición con la que Chávez triunfó en
los comicios del año pasado. Objetó la reforma el
general Raúl Baduel, fundador del MBR-200 y actor clave en
el aborto del golpe de Estado de 2002 contra el mandatario. Rechazaron
la reforma académicos de izquierda y fuerzas de la izquierda
radical. Resistieron la reforma gobernadores y alcaldes chavistas
descontentos con la imposibilidad de relegirse y la pérdida
de autonomía.
Las razones de este rechazo son diversas. Para muchos, no era una
reforma necesaria y dentro del actual marco constitucional había
espacio suficiente para profundizar el cambio. Algunos señalaron
graves deficiencias de técnica jurídica en su redacción.
Otros más advirtieron que equivocaba la vía para procesar
lo que en los hechos era un cambio de régimen; en lugar de
una reforma constitucional, argumentaron, se debió convocar
a una Asamblea Nacional Constituyente.
Alimentó también el voto negativo la falta de claridad
sobre lo que se entiende por socialismo de siglo XXI y la convicción
de que al socialismo no se llega por decreto o por medio de una
reforma legal. Según Margarita López Maya, una de
las grandes debilidades de la reforma “es plantear que vamos
a un socialismo que no se ha definido. Si no ha habido un debate
de los venezolanos sobre qué se entiende por socialismo del
siglo XXI, ¿por qué tenemos que ir tan apresuradamente
a introducir eso en una nueva carta magna?”
El malestar entre algunos sectores de izquierda con la formación
del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y la disolución
de sus organizaciones forma parte del desencanto hacia el chavismo
de antiguos seguidores. Asimismo, se criticó el proyecto
porque amenazaba con desmantelar las organizaciones populares autónomas
convirtiéndolas en parte del Estado.
Más allá de las críticas en su contra, la reforma
se insertaba en un proceso de transformaciones que han modificado
el mapa político de América Latina. En la región
caminan los proyectos políticos que buscan refundar los estados-nación,
acotar la democracia oligárquica, impulsar la democracia
participativa, salir de neoliberalismo y avanzar en procesos de
integración económica que no tienen como eje el libre
comercio.
Hay un colapso de los partidos y las clases políticas tradicionales
y un recambio de elites. La combinación de protestas populares
y votos ha abierto una etapa inédita de transformaciones
sociales.
En Bolivia y Ecuador están en marcha procesos constituyentes.
El referendo autonómico en Bolivia de 2006, el referendo
en Panamá sobre la ampliación del Canal de Panamá
en 2006 y la reciente consulta sobre la firma de un Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos efectuada en Costa Rica son parte de
esta tendencia.
En Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Perú
y Venezuela mandatarios y ex mandatarios han buscado repetir en
el cargo. Salvo Jorge Quiroga, en Bolivia, todos los demás
ex presidentes lograron su relección.
En el caso venezolano, la derrotada reforma era parte de una ofensiva
sustentada en la combinación de un crecimiento económico
sostenido sin precedentes, la redistribución de la renta
petrolera hacia los estratos más desfavorecidos y el protagonismo
de los sectores populares. De acuerdo con un estudio de la CEPAL,
la pobreza disminuyó en Veneuela más de 18 por ciento
entre 2002 y 2006, al pasar de 48.6 por ciento de la población
a 30.2. Otros estudios muestran cómo la indigencia cayó
de 30.2 a 9.9 por ciento, y el desempleo de 20 a 7 por ciento.
De acuerdo con la última encuesta de Latinobarómetro,
52 por ciento de los venezolanos piensan que la situación
económica es muy buena o buena, en contra de 43 por ciento
que lo creían el año pasado. El optimismo no falta
en esa nación. Sesenta por ciento de los consultados confían
en que 2008 será mejor aún. El mismo sondeo estima
que 61 por ciento de los venezolanos aprueban a Chávez, 66
por ciento tienen confianza en el gobierno y 60 por ciento en el
presidente. Venezuela es el segundo país en la región
donde la población está satisfecha con la democracia.
El descalabro en el referendo del 2 de diciembre no implica que
la derecha dejará de seguir remando a contracorriente. Venezuela
amaneció con el mismo presidente (que lo seguirá siendo
los próximos cinco años), el mismo marco legal y el
mismo tejido popular). No se ha conformado allí una nueva
mayoría.
En esta ocasión, Hugo Chávez, al perder, salió
ganando.
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