Alan
García perdió la vergüenza:
TARTUFO EN PALACIO
Por: Ismael León Arias
Si Alan García hubiera tenido algún
poder en la Francia de mediados del siglo XVII, cuando Moliere estrenó
Tartufo, igual que el rey de entonces habría censurado la
obra por su argumento irreverente y subversivo. Y así como
el monarca francés tuvo el respaldo escandaloso del obispo
de París, García habría conseguido la echada
de un Cipriani de la época.
Comparo a García con Tartufo, luego de leer la entrevista
exclusiva que el presidente le dio al diario La Razón, de
los hermanos Wolfenzon, integrantes de la mafia Fujimori-Montesinos.
La moral de Tartufo se expresa en cada palabra de García,
quien hasta revela desconocer las reglas de un burdel, ganándose
cada día la descalificación para gobernar por incapacidad
moral.
Como Tartufo representa al sinvergüenza, caradura e impostor,
disfrazado de creyente devoto, respetuoso de la ley y de las buenas
costumbres. Tipos así abundaban en la Europa de entonces,
reino de la corrupción y el desánimo colectivos, como
hoy se multiplican aquí, animados por la certeza de impunidad
y el mal ejemplo de sus gobernantes.
Moliere imagina a Tartufo infiltrándose en el seno de una
buena familia, para favorecer sus propios intereses. Lo consigue
manipulando a Orión, un patriarca al que convierte en su
títere, hasta el punto de manejar completamente su vida,
la de su mujer y sus hijos.
Como García, Tartufo es inepto pero tiene mucha labia; conoce
los resortes psicológicos de la gente y sabe penetrar en
sus debilidades. Como Tartufo, García se aprovecha de la
ingenuidad de muchos peruanos, que todavía creen en sus frases
sin sentido, huachafas y engañosas.
Vamos a la entrevista periodística en La Razón. García
hace la salvedad que la concede como abogado, no en su condición
de presidente. Una confesión de hipocresía y muestra
de ignorancia. Porque un jefe de Estado representa en todo momento
a la nación, no puede ejercer la defensa de particulares.
Y como pésimo abogado que es, García opina que Wolfenzon
es víctima de un arresto domiciliario excesivo.
AGP desconoce que en tal sentido el Tribunal Constitucional ya ha
emitido un fallo, que considera la detención domiciliaria
como una medida preventiva, no punitiva; por tanto no comparable
con la pena carcelaria, producto de una sentencia. García,
entonces, como abogado es un buen charlatán. Pero su desconocimiento
del derecho no es lo más grave. Sí lo es que ejerza
como defensor de Wolfenzon, fugaz diputado que para burla de sus
críticos graficaba penes gigantes con los dedos.
Este es el García que los domingos acude a misa y se persigna,
el mismo que intentó seducir (¿o sedujo?) a la mujer
de una de sus compañeros; como Tartufo hizo suya a Edelmira,
la esposa de Orión, cuya fortuna perseguía incansablemente.
Con su arte Moliere construyó una corrosiva sátira
a la moral de su tiempo, que toleraba la corrupción de reyes
y poderosos, a condición que los domingos confiesen sus pecados,
muestren arrepentimiento público y entreguen a los curas
oro para sus templos. La misma moral que castigaba con el infierno
a los pecadores pobres, que no podían pagar el precio del
perdón católico.
La obra de Moliere podría reponerse en estos tiempos en calles
y plazas del Perú. Tal vez si con más humor que antaño.
Porque la moral de García se reproduce hoy en el país
con el silencio cómplice de las autoridades religiosas oficiales,
que como Cipriani miran al cielo y callan en todos los idiomas,
a la espera de que el vecino les de una manito en sus pleitos judiciales.
¿Recuerdan los lectores a García besando el anillo
de Cipriani mientras de reojo buscaba una cámara de televisión?
¿Recuerdan los días del secuestro masivo en la embajada
de Japón, cuando monseñor llegaba a la residencia
con cara de cojudo empujando un carrito que ocultaba los micrófonos
del SIN?
Qué trágica comedia la de estos años. "Tartufo"
García instalado en la casa de Gobierno. "Cojudeces"
Cipriani rezando al frente y el "Mudo" Castañeda
en el Palacio Municipal. ¿No es de imaginar que de vez en
cuando desayunan o almuerzan juntos muertos de la risa?
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