Alianza
en las alturas:
LA FUERZA DE LA MAFIA
Por: Gustavo Espinoza M. / Nuestra Bandera
Diversos acontecimientos que ocurren en la vida
peruana confirman la idea de que la mafia -es decir, la estructura
de poder levantada a la sombra del fujimorismo y laboriosamente
trabajada por la clase dominante para destruir al país y
apoderarse de todos sus recursos y potencialidades- conserva su
fuerza y su capacidad de acción.
En realidad, nada la ha debilitado. Ni la caída del presidente
depuesto en noviembre del 2000, ni las sucesivas denuncias sobre
corrupción, debidamente probadas y documentadas, ni los juicios
al asesor presidencial en materia de inteligencia, ni las condenas
a los generales corruptos. Bien mirada la cosa, la mafia está
intacta y se apresta a recuperar posiciones para escarnio de los
peruanos, después de siete años de sucesivas administraciones
formalmente democráticas pero igualmente entregadas al dominio
del Gran Capital.
Valentín Paniagua, el Presidente de la transición,
pudo -y debió- haber hecho algo en la materia en sus siete
meses de efímera gestión. Pero prefirió simplemente
administrar la crisis con la idea de que las “medidas de fondo”
corresponderían más bien a un gobierno elegido por
voluntad ciudadana, y no a una gestión como la suya, de precario
origen parlamentario.
Alejandro Toledo, a su vez, tomó distancia de los elementos
más comprometidos con la mafia pero pusilánime, mediocre
y pro yanqui, optó por aplicar las mismas recetas neo liberales
de la dictadura construyendo lo que él mismo llamara “el
segundo piso del fujimorismo”.
Ahora, bajo la gestión de García y con Fujimori nuevamente
en el país, la mafia levanta otra vez cabeza y muestra los
dientes con desparpajo y desvergüenza. Y es que se siente lo
suficientemente poderosa y asistida como para imponer sus reglas
de juego ante un gobierno al que tiene sometido y en derrota. Algo
hay, que viene de antes, en la relación entre García
y Fujimori que consolida los vínculos que ahora alientan
a la mafia.
En realidad, fue García quien “descubrió”
a Fujimori entre 1985 y 1990. Lo ayudó a que fuera Rector
de la Universidad Agraria primero, y luego Presidente de la Asamblea
Nacional de Rectores. Le dio un programa de televisión en
el canal del Estado un poco más tarde. Le puso a disposición
un diario - “Página Libre”- para que le hiciera
la campaña presidencial de 1990 y volcó la votación
del APRA de entonces en beneficio del “chinito de la yuca”
cuando éste debió definir -en junio del 90- la segunda
vuelta de los comicios nacionales con Mario Vargas Llosa.
A cambio de tanta gentileza -como se recuerda- Fujimori puso a salvo
a García de cualquier acusación parlamentaria o juicio
de responsabilidades al término de su gestión presidencial,
entre julio del 90 y abril del 92. Y cuando asumió solo los
resortes del poder luego del golpe de abril del 92, confió
altas responsabilidades al entorno personal de García -Absalón
Vásquez, Agustín Mantilla y Alberto Kitasono- a los
que convirtió en sus virtuales “asesores” en
materia política; y trató con guante blanco a García
después de asustarlo espectacularmente obligándolo
a huir por los techos de su plácida residencia la noche del
golpe.
Pero las cosas se tornaron más evidentes después,
durante los años del régimen autoritario, cuando el
APRA durmió el sueño de los justos, salvo cuando llegó
a la conclusión de que la hora del relevo sonaba inexorable.
Hizo entonces méritos suficientes en la aplicación
de su tradicional escopeta de dos cañones. Con uno -Mantilla-
se entendió con el régimen en la salita del SIN acumulando
una fortuna considerable en dólares que guardó púdicamente
en la banca norteamericana y de la que nunca dio cuenta. Y con el
otro, Del Castillo se sumó a la Mesa de Dialogo de la OEA
para capitalizar al descontento y recoger los desechos de la dictadura.
Asentado en ese pavimento lustroso, García buscó volver
al poder, tanto en el 2001 como en el 2006. Y pudo lograrlo en ese
año precisamente gracias al apoyo del fujimorismo, que llamó
a sus electores a votar por el APRA en la segunda vuelta para “cerrar
el paso al extremismo chavista”. Que no fue desdeñable
ese “aporte” electoral lo indica el hecho que Keiko
Fujimori -la hija de su apá- alcanzó la más
alta votación parlamentaria logrando sólo en Lima
700 mil sufragios, es decir, el doble de los votos que García
pudo lograr para ganar a Ollanta Humala.
Con el ascenso de García al sillón de Pizarro se inicia
la etapa final de un despreciable maridaje político que hoy
rinde sus frutos. Ocurre, en efecto que desde el gobierno, el Presidente
García tiende descaradamente la mano para auxiliar a los
voceros de la mafia y al propio Fujimori, al que se propone salvar
a cualquier precio. Por lo pronto, logró imponer al Poder
Judicial una opción consentidora y permisiva, a la que se
acogieron con gusto los procesados por indignidades monumentales.
Algunos de ellos, como Daniel Borobio, el general Oscar Malca o
el ex Premier Juan Carlos Hurtado Miller, simplemente se dieron
a la fuga o “pasaron a la clandestinidad”. Y nunca fueron
ni detenidos, ni procesados. En enero del 2008 proclamarán
orondos que sus delitos prescribieron, y que, al igual que García,
estarán en condiciones de retornar al escenario peruano en
forma inmediata.
Otros, aparecen hoy como “juzgados” con extremada benevolencia
por los tribunales a cargos de los procedimientos previstos. Moisés
Wolfenson, el propietario del diario de la mafia actualmente recluido,
busca indulto que García asegura que es “legítimo”.
José Enrique Crousillat, el broadcaster de la mafia que recogía
millones de dólares en la “salita del SIN” demanda
también un indulto similar alegando “razones humanitarias”.
El general Walter Chacón Málaga, procesado por apoderarse
de dineros del Estado, logra que la Corte Suprema le revoque el
arresto domiciliario disponiendo para él “comparecencia
simple” en el juicio que se le sigue. Baca Campodónico
-el ex ministro de Economía que premió a la mafia
creando “el Ruc sensible”, logró que no se cite
a su juicio a Fujimori porque podría comprometerlo. Jorge
Camet, hasta hoy eludió la acción de la justicia.
Alberto Kouri, el congresista que se vendió por quince mil
dólares, goza de la más irrestricta libertad, casado
como está con la hija de Moisés Tambini del Valle,
Procurador del Estado en la materia.
Pero lo que realmente ha puesto en evidencia el asunto ha sido,
sin duda, el proyecto de ley que remitiera recientemente al Congreso
el Poder Ejecutivo mediante el que se libera a Alberto Fujimori
del trago amargo de ser expuesto públicamente en un proceso
judicial, exonerándolo de la obligación de concurrir
a las audiencias. De ese modo, se evita que se confronte con su
asesor en materia de Inteligencia, con su Comandante General del
Ejército, Nicolás Hernoza Ríos, y con los integrantes
del Grupo Colina; y que se muestre en un interrogatorio en directo
ante la opinión pública.
Para este fin, el proyecto, suscrito por Alan García y el
Primer Ministro Jorge del Castillo establece que “si el acusado
ha prestado su declaración en el juicio oral o se acoge al
derecho de guardar silencio y deja de asistir a la audiencia, esta
continuará sin su presencia y será representad por
su defensor”. Más claro, ni el agua.
Se trata, sin duda, de una propuesta que tiene nombre propio, que
garantiza un juicio sin acusado, y que permitirá al reo eludir
la vergüenza de comparecer; como actualmente lo manda la ley,
pero también el sentido común.
¿Qué lógica puede impulsar un proyecto de esta
naturaleza?- Apenas la lógica de la impunidad, que se afirma
cuando se consolida la fuerza de la mafia.
La presidenta Bachelet no viene a Lima, a pesar
de las gestiones de Cancillería que pedían reciprocidad
a los varios gestos del presidente García que incluía
asistencia a la Cumbre Iberoamericana en Santiago para reunión
bilateral. Regresó antes que culminara la reunión,
donde tuvo un opaco rol sin propuestas o iniciativas que posicionen
mejor al Perú en el entorno internacional.
La otra acción que impulsa el gobierno es la de articular
a los países ribereños del Pacífico y que tienen
o quieren tener TLCs con Estados Unidos), siguiendo el libreto norteamericano
que busca debilitar al MERCOSUR, y especialmente a proyectos contestatarios
como el de Venezuela. Se busca fragmentar la integración
regional sudamericana, poniendo trabas a la convergencia de los
procesos. En vez de adoptar una política de estado como Colombia,
que discrepa sustancialmente en términos ideológicos
de Venezuela pero impulsa y desarrolla la integración bilateral
y proyectos energéticos, aquí se prestan a golpear
innecesariamente a vecinos, y no precisamente en defensa del interés
nacional.
Ante la justificada reacción boliviana frente a la declaración
del gobierno de negociar bilateralmente con Europa desconociendo
los acuerdos de Tarija, se le respondió duramente desde diversas
instancias del gobierno. Se crea además una fricción
diplomática solicitando la extradición de un refugiado
político, que ha sido asesor del presidente Morales. Se reitera
la disposición del gobierno de venderle el gas de Camisea
a Chile, justo en el momento en que Bolivia está negociando
una agenda integral con ese país.
Se inicia una escalada contra el gobierno venezolano, acusándolo
de una supuesta infiltración ideológica con las casas
ALBA, y peor aún, de financiar una campaña de desestabilización
al régimen, atribuyéndole la responsabilidad de las
protestas de distintos sectores y regiones. Se le ofrece la posibilidad
de acuerdos petroleros para tapar el asunto, rápidamente
neutralizado por la presión de lobbies chilenos que quieren
que sigamos exportando petróleo crudo a ese país para
importar gasolinas que aquí distribuye ENAP a través
de PRIMAX. Y, principalmente para tratar de solucionar su déficit
de energía desde el Perú. En efecto, se ha llegado
a un acuerdo preliminar en este tema tratando de reeditar el “Anillo
Energético” que tiene como único beneficiario
a Chile, eliminando una de las pocas armas de negociación
que nos quedan.
Se aísla al Perú, rechazando integrarse al Banco del
Sur con diversas declaraciones que incluyen la del presidente del
BCR que dice no saber de que se trata. Se hace seguidismo a Chile,
que acaba de aportar 50 millones de dólares a la CAF tratando
de oponer esta institución al Banco del Sur. Esto constituye
un gravísimo error, ya que se perdería una fuente
de financiamiento importante para obras de infraestructura y desarrollo
regional, así como para la construcción del proceso
de integración.
No parece casual que cuando se crean todas las condiciones para
un retorno de Venezuela a la CAN, se intente patear el tablero de
las negociaciones conjuntas con la Unión Europea, al señalar
que se desea un acuerdo bilateral, y que el Perú no aceptaría
un acuerdo minimalista. Un retorno de Venezuela como miembro pleno
cambiaría la correlación de fuerzas, y dejaría
en minoría a los ejecutores de la política norteamericana.
Las cuatro condiciones que plantea Venezuela son plausibles y buscan
evitar la triangulación de productos subsidiados norteamericanos
en su territorio, cautelar el proyecto político que impulsa,
y priorizar aspectos sociales y políticos de la agenda de
integración.
Ecuador no solo ha manifestado su apoyo, sino que junto con Bolivia
estarían dispuestos a que si este nuevo impulso fracasa en
un tiempo prudencial los tres países se retirarían
definitivamente de la Comunidad Andina, lo que significaría
su liquidación.
¿A qué juega el gobierno peruano? Atacar a los vecinos
díscolos con el imperio, descuidar la alianza estratégica
con el Brasil, mantener en un nivel históricamente bajo y
distante las relaciones con Argentina y subordinarse a los planteamientos
e intereses de Chile no solo nos aísla, sino que está
creando condiciones sumamente peligrosas para nuestra sobrevivencia
como nación soberana.
Los planteamientos hechos por el presidente en su artículo
“El Perro del Hortelano”, donde no ofrece concesionar
sino vender tierras de las comunidades, de la amazonía, los
mares; pueden abrir el camino para que fuerzas como el narcotráfico
y otras actividades ilegales o peor aún, países con
apetitos expansionistas, puedan tomar directa y legalmente todo
lo que jamás en sueños pensaron que podrían
conseguir. Tales propuestas no sólo son suicidas sino inconstitucionales
y de hacerse efectivas habría que actuar en consecuencia.
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