Por
quién dobla la campana del cierre
CAE EL DOLAR Y WALL STREET
Por: Mike Whitney/ CounterPunch
¡Qué semana
en el mercado de valores! El miércoles la bolsa vivió
una bajada en picada de 360 puntos, seguida, dos días después,
por un planchazo de 220 puntos. Cuando terminó, los trading
pits se parecían más a una planta de embalaje de salchichas
que al epicentro financiero del mundo. Después de la campana,
negociantes abatidos pasaban de puntillas por la masacre camino
a la botillería cercana para cargarse de vodka y cajas de
vino barato – cualquier cosa que ayude a calmar los nervios
y a olvidar la semana.
Todos lo veían venir: el choque de trenes. Fue sobre todo
una continuación de la noche anterior, cuando los valores
asiáticos fueron aporreados al llegar informes sobre un crecimiento
más lento en EE.UU. y crecientes problemas en los mercados
crediticios. Eso hizo tambalear el primer dominó. El anuncio
del jefe de la Reserva Federal, Bernanke, de que la economía
enfrentará “una aguda deceleración por la contracción
del mercado de la vivienda” y un “aumento inflacionario
por precios mucho más elevados del petróleo y por
la debilidad del dólar,” tampoco ayudó a aliviar
la situación. Sus observaciones provocaron una volatilización
en los mercados monetarios mientras las acciones eran arrastradas
al desolladero.
El mercado de Shangai fue el más afectado, cayendo cerca
de un 5% antes de terminar el día. Taiwán y Hong-Kong
le siguieron, cayendo un 3,9% y un 3,2% respectivamente. Los precios
de las acciones en Japón bajaron un 2%. A la mañana
siguiente, Wall Street se derrumbó. Fue una masacre.
Ahora es un mercado en baja. Al último toro se lo llevaron
de Wall Street el viernes con un arpón en el pecho.
El contagio de las hipotecas subpreferenciales se ha extendido ahora
más allá de EE.UU. y Europa a mercados en el Lejano
Oriente. A nadie lo engañan las predicciones optimistas de
Bernanke de que la economía se recuperará el próximo
año, con resultados fuertes en el primer trimestre. Son estupideces
y todo el mundo lo sabe. La economía se cayó por el
pozo del ascensor y va camino al fondo. La confianza de los consumidores
tambalea, la vivienda se desmorona, el capital extranjero escapa
y bastaría un enjuague para los billetes verdes caigan a
la alcantarilla. Los tranquilizantes de Bernanke no tienen sentido.
"No veo ningún cambio significativo en las amplias tenencias
de dólares en todo el mundo. El dólar sigue siendo
el activo de reserva predominante y preveo que ese continúe
siendo el caso," sostuvo ante el Comité Económico
del Congreso. ¿De verdad? ¿Por qué entonces
se derrumba el dólar si la gente no se está deshaciendo
de esa moneda, Ben? ¡Qué comentario absurdo! El dólar
ha perdido un 63% contra el euro y ha caído a un nivel bajo
récord contra una canasta de divisas internacionales. Los
bancos centrales e inversionistas extranjeros se libran del dólar
lo más rápido posible antes de que pierda aún
más valor. La caída del dólar ha sido el más
deslumbrante cortocircuito de una moneda en los tiempos modernos
y Bernanke actúa como si siguiera dormido con el interruptor
en sus manos. Es una locura. El dólar sigue siendo apaleado
por la poción milagrosa del bajo interés y el gigantesco
déficit de la cuenta corriente. Si Bernanke vuelve a recortar
las tasas de interés para sacar de aprietos al mercado bursátil,
el dólar caerá por una falla irreversible de su sistema
respiratorio. Los precios de los alimentos y del petróleo
se dispararán hasta el cielo de un día al otro y se
llevarán los despojos del dólar al cementerio más
cercano.
El déficit comercial de septiembre fue otro golpe para el
dólar menguante. El Buró del Censo informó
el viernes que el déficit fue de 56.500 millones de dólares.
¡Son 684.000 millones de dólares por año! Bush
ha estado cacareando sobre el “déficit en disminución,”
pero las cifras no son como para cantar victoria. Todavía
pedimos prestado más de lo que producimos. Todavía
vivimos más allá de nuestros medios. Las cifras menores
sólo reflejan la decadencia en la construcción de
viviendas que es intensiva en su contenido importado. El hecho es
que somos adictos al consumo alimentado por la deuda y que hemos
olvidado que, en última instancia, los billones que hemos
pedido prestados a acreedores extranjeros, tendrán que ser
pagados. Si el dólar es reemplazado como la divisa de reserva
mundial, tendremos que devolver 9 billones de dólares en
deudas pendientes. Igual podríamos colgar ahora mismo el
letrero “embargado” y ponernos trajes de trabajadores
chinos.
Lo siguiente es de Bloomberg News:
“Mientras cae el dólar, crece la preocupación
de que su debilidad pueda augurar el fin del reino de 62 años
de la divisa de EE.UU. como la moneda preferida del mundo para el
comercio, las transacciones financieras y las reservas de los bancos
centrales. El dólar debe su posición como la primera
divisa internacional del mundo a su condición como un refugio
durante tiempos de agitación, la ausencia de un rival adecuado,
la débil demanda interior en otros países y simplemente
la vieja inercia. La geopolítica también juega un
papel.”
Tontería. ¿Quién cree esas estupideces? El
dólar es la así llamada “divisa internacional”
porque la Reserva Federal y sus acaudalados protectores son los
directores de la cábala bancaria EE.UU.-Europa-Japón
que está al centro del timo global del dinero fiat [sin respaldo].
No significa nada más que eso. Nótense las recientes
duras medidas “unilaterales” contra Irán adoptadas
por el sindicato bancario dirigido por EE.UU. La acción fue
iniciada sin aprobación de la ONU por el simple motivo de
que la ONU, el Banco Mundial, el FMI, la OMC y ONGs sólo
son otras propiedades de primera de los Bancos Centrales. No hay
que esperar que el padre le pida permiso al niño para castigar
a uno de sus hijos vagos. Los bancos son los que realmente toman
las decisiones y – detrás de la cortina de una respetabilidad
fingida – son la fuerza motriz detrás de las interminables
guerras.
El plan de la Reserva Federal de “devaluar” nuestro
camino hacia la prosperidad parece haber chocado contra algunos
badenes mal colocados. El mercado de valores cuelga de un hilo y
la confianza de los consumidores está a su nivel más
bajo desde el comienzo de la Guerra de Iraq. Se espera que la caída
del dólar amargue los gastos de Navidad y deje fuera de combate
a los valores bursátiles. No puede ser bueno para la economía
– especialmente en circunstancias que un 72% del PIB proviene
de gastos de consumo.
Ya comenzamos a ver las señales que delatan que el consumidor
pierde terreno y que está a punto de caer en un coma inducido
por las deudas. Según datos de la Universidad de Michigan:
“La confianza del consumidor llegó este mes a su nivel
más bajo en más de dos años entre inquietudes
por los precios del petróleo a niveles récord, los
problemas permanentes en el mercado de la vivienda y la mayor inflación.
Aunque las actitudes de los consumidores se deterioraron en general,
la caída sustancial en las expectativas contribuyó
fuertemente a la considerable disminución en el índice
general.”
El mentecato promedio no da crédito alguno al palabreo de
Bernanke. Ve por sí mismo lo que le pasa cada vez que se
detiene en la gasolinera o va al supermercado. No necesita que la
Universidad de Michigan le diga que lo están jodiendo; ¡lo
sabe! La economía se hunde, la inflación se dispara,
y el país va a la deriva. Cada céntimo en el tesoro
público ha sido engullido por el agujero negro de Oriente
Próximo. ¿Piensa Bernanke realmente que los que trabajan
no lo saben? Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo sabe que la vida
de la economía es mantenida artificialmente; casi todos saben
que el país se derrumba como resultado de la mala administración.
Incluso los maníacos que agitan la bandera, que llaman a
la guerra en la página editorial del Wall Street Journal,
comienzan a protegerse de la avalancha de malas noticias. Ven lo
que pasa y tienen miedo – se cagan de miedo.
Por desgracia, el repentino cambio en los sentimientos de los consumidores
afecta a los comerciantes minoristas que dependen de Navidad para
que los sustente durante el año. Ya hemos visto la lentitud
en las ventas de viviendas y coches. Ahora se ve en el comercio
minorista. Abercrombie, American Eagle, Ann Taylor, Chicos, Dillards,
The Gap y Nordstrom informan todos sobre un decrecimiento en las
ventas. Walmart, Lowes y los otros grandes también rebajan
sus proyecciones. Va a ser una Navidad magra.
El pobre consumidor estadounidense ha terminado por llegar al límite
de su capacidad y ya no puede recurrir al valor de su casa para
conseguir un crédito rápido. Tiene hipotecas hasta
el cuello y ya ha agotado 6 o 7 tarjetas de crédito hasta
su límite. En los hechos, la deuda de las tarjetas de crédito
es otra preocupación creciente de los bancos.
Los bancos comerciales son víctimas de su propio éxito.
Después de años de seductivas promociones y campañas
de correo de saturación, la industria de las tarjetas de
crédito está en su cenit dejando a los consumidores
con una cuenta asombrosa de casi 1 billón de dólares.
(915.000 millones de dólares). Cada vez más clientes
ni siquiera pueden realizar pagos mínimos de sus cuentas
y los incumplimientos de pagos se acumulan a un ritmo récord.
Es la próxima fase del fiasco de los préstamos subpreferenciales
y tiene el potencial se ser casi tan destructora como la catástrofe
inmobiliaria. El problema también es completo. Después
de todo, la deuda de las tarjetas de crédito en los últimos
6 años ha sido “titularizada” y traspasada a
inversionistas en el mercado secundario, (fondos de pensión,
fondos de alto riesgo, etc.) Eso significa que podemos esperar más
temblores en el mercado de valores cuando los beneficios corporativos
partan hacia el sur después de que los bonos respaldados
por tarjetas de crédito sean degradados. Es más del
mismo embuste de las “finanzas estructuradas”; deudas
apiladas sobre deudas, hasta que todo el edificio se derrumba.
Se ve cada vez más que la “brillante ciudad sobre el
monte” de Reagan fue erigida sobre un montón de deuda
tóxica. Es sorprendente que no se haya hundido todavía.
El país va a hacia la recesión y no hay nada que Bernanke
pueda hacer para impedirlo. La única pregunta es si enfrentaremos
una colosal catástrofe de estallido de la economía
como en 1929 o una caída más suave de 5 o 6 años.
Eso depende de la Reserva Federal. Si el jefe de la Reserva decide
oponerse a la caída de los mercados reduciendo drásticamente
las tasas y destruyendo la moneda, es probable que tengamos que
desenterrarnos durante años. Pero si Bernanke se echa a un
lado, y deja que caiga quien caiga, el ritmo de la recuperación
será más rápido.
Sea cual sea su decisión, no hay forma de evitar la inevitable
depresión. El martillo está preparado para golpear
el yunque. El mercado de valores caerá, los bancos extralimitados
y los fondos de alto riesgo se derrumbarán, y el país
entrará en una prolongada caída económica.
Eso es seguro. Uno solo puede dejar de lado los fundamentos económicos
durante un cierto tiempo. Cuando los mercados se corrigen es como
una marea que barre la bazofia de las apuestas equivocadas e inversiones
sobre-apalancadas dejando detrás una amplia playa vacía.
Una recesión es una parte normal del ciclo de los negocios.
No puede ser evitada. La economía tiene que desarrollarse
para que se puedan cancelar las deudas y los negocios puedan reequiparse
para el futuro. La próxima recesión se presenta como
peor que las precedentes – una verdadera maravilla.
El daño causado por el crédito excesivo de la Reserva
Federal ha sido considerable. Tomará años hasta que
se seque la tinta roja y se ponga la casa en orden. Los mercados
están patas arriba, los inversionistas han sido vapuleados
y la confianza se acabó.
Las finanzas estructuradas han sido un desastre absoluto. Deben
ser eliminadas. Necesitamos un nuevo sistema financiero para una
nueva época; un sistema que sea fuertemente regulado y supervisado
para cortar las alas de pillos y artistas del timo; un sistema que
mantenga su vínculo esencial con la economía subyacente
real, productiva, y evite la galaxia de derivados complejos, obligaciones
“titularizadas”, y documentos de débito intransparentes
que han llevado a la actual crisis; un sistema que responda a las
necesidades de la gente trabajadora y tome en consideración
los amenazadores problemas de la degradación medioambiental,
la escasez de materias primas, y el cambio climático; un
sistema que reinvierta en comunidades, en la educación y
la atención sanitaria en lugar de engordar los resultados
de estafadores corporativos, y de elites sedientas de coñac.
Es hora de sacar el andamiaje podrido y reconstruir ladrillo sobre
ladrillo todo el armatoste.
El sistema está roto. Tal vez Greenspan nos hizo a todos
un favor al hacerlo reventar con su dinamita de los “intereses
bajos”. ¡Hasta nunca!”
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