Las
dos caras de Alan García:
EL FILÓSOFO SOCIAL CONTRA EL PRESIDENTE
Por: Jürgen Schuldt/ La Insignia.
"Los principios que aquí se enuncian, rescatan los
fundamentos del pensamiento de Haya. La modernidad no es patrimonio
de la empresa o de la economía neoliberal. La modernidad
debe ser la bandera de la política y de las organizaciones
laborales."
-Alan García (2003: 119).
Cuando el gran sociólogo Fernando Enrique
Cardoso asumió la presidencia del Brasil declaró solemnemente
que se olvidaran de sus escritos, refiriéndose a sus célebres
aportes a la "teoría de la dependencia", que "nada
tendrán que ver" con sus políticas de gobierno,
como efectivamente sucedió. Aunque Alan García no
dijo lo mismo, debe haber rumiado algo parecido para sus adentros,
porque efectivamente su último libro, escrito tres años
antes de acceder a su segundo mandato, plantea políticas
de desarrollo que ha recusado inexplicablemente en sus primeros
quince meses de gobierno. Nos referimos a su magnífica obra
titulada Modernidad y política en el siglo XXI. Globalización
y justicia social, en la que realiza un lúcido "diagnóstico
de las nuevas tendencias de la economía mundial" y que
por lo demás es plenamente consistente con las "propuestas
de política y de cambio estructural" que proponía
para el Perú y los países globalizados en ese enjundioso
escrito del 2003.
Curiosamente el texto no ha sido muy comentado, ni cuando apareció
en librerías, ni mucho menos hoy en día, cuando adquiere
gran relevancia; sobre todo para comparar los tonos de su guitarra
de entonces con los golpes de cajón que viene dando desde
que asumió el cargo. Usted mismo podrá comprobar la
sorprendente metamorfosis que sufrió su pensamiento en el
trienio que siguió a la publicación mencionada. Hacia
el final de este ejercicio plantearemos algunas hipótesis
para tratar de entender este espectacular giro samsiano que lo ha
llevado a la profundización de una estrategia de desarrollo
y acumulación que entonces había criticado tan acremente.
Sólo citaremos algunos párrafos del mencionado texto,
que no necesitan mayor comentario por su evidente contradicción
con su credo actual y que se refieren a las principales tesis político-filosóficas
y propuestas de desarrollo que planteaba cuando no tenía
esperanza alguna de llegar nuevamente al poder. Los textos ilustrativos
que reproduciremos a continuación se encuentran básicamente
en los capítulos II, III, V y XIII.
Sobre la globalización: el punto de partida
García empieza reconociendo al "globalismo (sic) como
nueva forma de dominación imperial" (57), en que "la
esencia del Modo de Producción Global es la constitución
de un solo y gran mercado" (74). Este novedoso proceso "tiene
como motor esencial la revolución en las comunicaciones y
la información" (37). Como consecuencia de esos cambios,
"el Estado administrador, empresario y reglamentario aparece
cada vez más debilitado" (57), a la vez que "las
fronteras se han reducido y el concepto del Mercado Nacional propio,
que fue esencial para el capitalismo industrial y para el pensamiento
planificador, se ve disminuido" (46).
En efecto, considera que "la nueva Sociedad de Información
y la Economía de las Ideas", que ha configurado una
nueva fase del desarrollo capitalista, consiste en un proceso en
que "la consolidación de un mercado mundial impulsado
por la tecnología de la comunicación, el viejo imperialismo
se ha transmutado en Globalismo, es decir en la imposición
de reglas universales de apertura comercial y financiación
y de privatización total, para dejar a las sociedades y a
los Estados sin un margen de regulación o de control. Pero
esa apertura no es aplicada por los países centrales a sí
mismos, como en el caso del acero en los EEUU y la agricultura en
Europa, y ello muestra la asimetría del proceso de globalización
pues de un lado hay países e instituciones globalizadores
mientras los demás son sólo países globalizados"
(125).
"Y sin embargo el dominio de los mercados y áreas continúa
existiendo, pero con un nuevo sentido. Existe en el abismo que separa,
de un lado, a los países globalizados y débiles y
de otro a las empresas y los países globalizadores y desarrollados.
Hoy, el viejo Imperialismo en el proceso de consolidación
del mercado mundial tiene como nueva expresión al Globalismo,
es decir a la imposición de los intereses comerciales de
los países o empresas más fuertes sobre los países
más pobres y periféricos, pero comprendiendo que en
el espacio comercial y económico único que tiende
a crearse, la dominación del mercado puede provenir de la
penetración del calzado chino, de cadenas comerciales chileno-holandesas,
de empresas españolas de generación eléctrica,
de empresas mineras canadienses con capital europeo, de importación
automotriz asiática o libanesa, etc." (77s.).
El nuevo "Misterio del Capital": la información
Ese nuevo paradigma tecno-económico, como lo llamaría
Carlota Pérez, significó un "(...) nuevo salto
tecnológico, informático y electrónico con
el que se inicia el siglo XXI". Sin embargo, continúa
el autor, es distinto a los precedentes, porque ofrece "la
posibilidad de almacenar, sintetizar y transmitir la información
(lo que) va determinando el paso de la Economía de las Cosas
a la Economía de las Ideas como la ha denominado Paul Romer"
(39). "Ya no son el fuego ni el vapor, ni el petróleo,
ni el átomo, la energía primaria que mueve al mundo
o que sirve para transmitir algo. Es la información que es
energía transmisible en sí misma y que puede reproducirse"
(44).
En contraste con la economía de las cosas, esta revolución
tecnológica, "por ser transferible y recreable como
Softward (sic), puede duplicarse, clonarse o adaptarse y puede después
acercar a las mismas sociedades y personas. Existe pues una forma
de socialismo a través de la información pues con
ella se distribuye la riqueza efectiva, porque no debemos olvidar
que, hoy en día, en la composición del valor de un
objeto, es mayor la proporción de inteligencia e información
que lo que fue hace tres décadas; (...)" (38). "Por
ello, (...) el sentido de la justicia social tiene ahora menos relación
con la apropiación de cosas materiales como la tuvo en otro
tiempo y tiene, en cambio, mucha mayor vinculación con la
educación tecnológica y la información"
(40). "De allí que ocupe cada vez mayor espacio el concepto
de Empleabilidad, y que sea una obligación fundamental de
la empresa la formación tecnológica e informacional
permanente del trabajador; su capacitación le va a permitir
vincularse con más libertad al mercado productivo y laboral".
"Eso lo ha comprendido muy bien el sector más modesto
del país, y por ello miles de academias de computación
y de Internet se han creado, miles de cabinas públicas de
computación se han instalado. El pueblo ha comprendido este
nuevo Misterio del Capital" (40).
La indispensable integración sudamericana
Estos revolucionarios procesos, por la asimetría del poder
que los acompañan, obligan a integrarse para afrontar las
amenazas de los países e instituciones globalizadoras: "Haya
extrajo de la Revolución Mexicana la esencia de sus ideas
y planteó desde allí la integración latinoamericana.
Pero un diagnóstico realista y el análisis de la historia
económica de México de los últimos decenios
comprueba que por su vecindad, por su línea diplomática
y comercial y por los acuerdos ya firmados con EEUU, México
ha tomado ya el camino de su integración con esa gran potencia,
de suerte que es más realista y moderno referirse en adelante
a la integración Sudamericana como un proyecto continental
posible en los temas de la deuda, del comercio mundial y de la complementariedad
productiva. Una estrategia sudamericana común en el plano
energético permitiría negociar con los EEUU para los
que la producción petrolera sudamericana equivale justamente
al monto de su déficit petrolero y al de sus compras al mercado
árabe. También sería posible una estrategia
de fusión bancaria de las principales instituciones financieras
de estos países para poder negociar en el tema del crédito
con los EEUU" (123). En la página siguiente también
plantea la propuesta, tan sensata como las anteriores, que "se
requerirá una política sudamericana común sobre
la emigración y sobre la situación de los 'hispánicos'
en los EEUU y en Europa".
"El siglo XX termina para el Estado peruano con dos conclusiones.
La primera es que ha agotado sus posibilidades de desarrollo nacional
aislado como exportador de materias primas, como creador de una
industria nacional sustitutiva, o como centro de endeudamiento,
y que no podrá confrontar la Globalización y el nuevo
Modo de Producción Global de manera aislada como lo pretende
el neoliberalismo, sino mediante la Integración Continental"
(63). "No debemos perder de vista que este es el tiempo de
los grandes espacios o Pueblos Continentes como Europa, China, India;
y que Estados Unidos no es, en realidad, un solo país sino
un subcontinente integrado. Y a Sudamérica le urge seguir
ese camino" (80).
En efecto, "(...) el rol antiimperialista del Estado moderno
no reside pues en la nacionalización de los bienes, sino
esencialmente en la capacidad de promover una respuesta defensiva
e integrada de las sociedades en desarrollo para enfrentar el Globalismo,
para que los mecanismos económicos y comerciales dejen de
ser asimétricos y para que el capital externo se invierta
en condiciones de justa negociación, sin imponer exoneraciones
tributarias como condición, sin exigir la abolición
de los derechos laborales, sin limitarse a las actividades de extracción
más lucrativa y sin comprometer el desarrollo regional. Además,
el rol del Estado moderno promueve la integración continental
(...) para defenderse de la ideología globalista y de las
injusticias del mercado mundial, la constitución de grandes
bloques es un paso fundamental" (78s.).
En síntesis, "(...) solamente la acción integrada
de los países en desarrollo podrá oponer un contrapeso
eficaz en la negociación para eliminar esas asimetrías
del comercio mundial" (79).
Contra el neoliberalismo y el modelo primario-exportador
Continúa recordando que, después de la caída
la URSS, se "canonizó ante los ojos del mundo al libre
mercado y al capitalismo. En adelante, todos los medios de comunicación,
instituciones intelectuales, agencias ideológicas, personalidades,
a través del sistema único y mundial de noticias,
difundirían el libre mercado como triunfador absoluto respecto
de la planificación centralizada, el comunismo totalitario
e inclusive del socialismo democrático" (284).
Por añadidura, "paquetes ideológicos como el
llamado consenso de Washington, explicado e impuesto diplomática
y propagandísticamente (sic), arrasaron todo intento de resistencia.
Los personeros de la 'izquierda mundial', tránsfugas ideológicos,
adoptaron todos los instrumentos econométricos (sic) del
nuevo pensamiento" (284). "Todo lo que se opusiera a la
nueva religión era retardatario, obsoleto, populista, condenado
al fracaso y al asilamiento" (285). "Ante el inmenso peso
de los nuevos poderes fácticos (Organismos Internacionales,
prensa mundial, empresas multinacionales gigantes), la política
fue arrinconada como expresión de antigüedad e ineficiencia.
(...) Entonces se redefinió la política como acción
individual y surgió por eso la categoría de los 'independientes',
nuevos personajes ajenos a toda acción colectiva organizada
o ajena a toda estructura ideológica. El libre mercado encontró
su expresión carnal en tal categoría humana. Y sin
darse cuenta convirtieron a los grandes grupos empresariales, a
los medios de comunicación más importantes y a los
Organismos Financieros internacionales en los nuevos partidos políticos
del neoliberalismo" (96).
"Como corresponde a un país marginal, dispuesto a adecuarse
a los requerimientos del mercado externo, desde los primeros momentos
de la globalización, el Perú insistió en las
ventajas comparativas de las materias primas y se dio prioridad
al establecimiento de la industria minera. Por eso, desde 1990,
se asumieron con fanatismo todas las tesis neoliberales y gobalizantes:
reducir el peso y papel del Estado, privatizar los activos públicos
a cualquier costo, abrir las importaciones aceleradamente, dar prioridad
esencial al pago de la deuda externa, etc. Hoy se sabe como las
consecuencias de recesión, desempleo, incremento del endeudamiento
y la mayor gravitación tributaria del Estado para el pago
de la deuda, precipitaron después la caída del régimen,
pero tras 10 años de aplicación del modelo" (287).
Es así como, "durante los diez años de vigencia
incontestada del neoliberalismo, como consecuencia del estrepitoso
derrumbe del orbe soviético, despareció el comunismo,
pero también se condenó al silencio y se declaró
obsoleta toda otra propuesta de planificación o de concertación
social" (95).
Pero "el Modo de Producción Global como proceso real
en marcha, es muy diferente del Neoliberalismo como ideología.
Según éste, no puede ni debe hacerse nada frente a
este libre mercado creciente y global, lo que es inexacto pues los
países globalizadores, se decir, los que impulsan y aprovechan
el proceso, usan subsidios para su agricultura, se unen en grandes
bloques como el europeo para manejar mejor los mercados, usan de
las cuotas de importación para defender sus industrias, etc.
De manera que el extremismo procede solamente de un interés
ideológico" (50).
"En diciembre de 1991 publiqué un breve libro advirtiendo
los peligros de la ola ideológica que proclamaba con fervor
ideológico la supremacía del mercado. Lo titulé
El Nuevo Totalitarismo e intenté señalar en él,
los límites del nuevo modelo económico y social que
entonces comenzaba a ponerse en práctica. Advertí
en sus páginas que su fanatismo llevaría, en algunos
países como el Perú, a la destrucción de la
democracia (Pág. 70), como después ocurrió"
(51). Y es que "meta final o tesis absoluta son enemigas de
la libertad, porque son el fin que justifica los medios, tanto para
el comunismo científico como para el neoliberalismo que proclamando
el 'fin de la historia' sacrifica la libertad y la tolerancia para
imponer el dominio del libre mercado" (85). "Y en el Perú,
al igual que en el mundo se creó la 'Moral del Mercado' como
fundamento ético de todas las acciones. Así se pretendió
legitimar la injusticia" (97s.).
Las tesis planteadas en ese texto y en "La Falsa Modernidad",
fueron posteriormente confirmadas: "No fue hasta el año
2002, cuando el Premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz
publicó su libro 'El malestar en la Globalización',
que los análisis de mis dos textos alcanzaron comprobación
con la fuerza de la autoridad y la celebridad económica de
Stiglitz" (51). "Advertí, al igual que Stiglitz
lo hizo más adelante, que la privatización de activos
y empresas públicas cumplida por la consigna ideológica
sería hecha 'contra los consumidores y los trabajadores'
(Stiglitz Pág. 92), y que el crecimiento cuantitativo de
la economía agravaría la dualidad, entre la producción
minera (Stiglitz Pág. 112) y el resto de la economía,
a la que no 'gotearía' o 'se filtraría' (Stiglitz
119) tal crecimiento" (52). También advirtió
entonces el autor, "que la apertura de China, hecho por su
propio gobierno, y de manera gradual, haya funcionado mucho mejor
para su población que la imprudente apertura impuesta por
el FMI en gran cantidad de países (Stiglitz Pág. 96)"
(52), aparte de que "(...) la riqueza y la ganancia de las
empresas debe apoyarse en la tecnología y no en la reducción
del salario o en el endurecimiento de las condiciones laborales
como lo pretende el neoliberalismo" (68).
Roles indispensables del Estado
Frente a la Globalización, "el Estado debe encontrar
un nuevo rol, orientado siempre al bienestar y a la justicia"
(48). "El rol del Estado no puede ser reducido a un papel subsidiario
como pretende el neoliberalismo, sino que debe reafirmarse en su
rol promotor. Y esta función supone la necesidad de planificar
estratégicamente las áreas cuyo desarrollo interesa
prioritariamente a la sociedad (62). En tal sentido, "el Estado
no puede abandonar su compromiso con las urgencias de los humildes
y las mayorías, ni dejar el destino de éstas al libre
mercado. Debe tener políticas explícitas de redistribución,
de vivienda, de apoyo al campesinado, política de educación
pública e información de erradicación de la
pobreza, de descentralización de las decisiones y las inversiones,
de defensa de los consumidores, etc." (62).
A ese respecto, "Chile, que ha sido señalado por los
economistas como un ejemplo de modernidad, mantiene una poderosa
y eficiente gestión pública sobre la producción
y el comercio del cobre, sobre la refinación del petróleo,
e inclusive su banca pública actúa con eficacia en
las asignación del crédito al sector privado. Así,
el rol del Estado (...) supone la necesidad de planificar estratégicamente
las áreas cuyo desarrollo interesa prioritariamente a la
sociedad" (62).
Para ese efecto, según García-filósofo, el
'Estado Moderno' debe:
-" (...) tener políticas explícitas de redistribución,
de vivienda, de apoyo al campesinado, política de educación
pública e información, de erradicación de la
pobreza, de descentralización de las decisiones y las inversiones,
de defensa de los consumidores, etc." (62).
-"(...) descentralizar sus funciones y socializar regional
y municipalmente sus atribuciones" (122).
-"(...) participar en la defensa del mercado nacional al que
no puede renunciar como tampoco lo hacen los países avanzados,
tal cual lo demuestra la reciente legislación proteccionista
del acero promulgada por el gobierno del Presidente Bush o el uso
de aranceles de producción agrícola que no permiten
la importación durante la cosecha de espárragos en
Norteamérica" (122s.).
-"(...) tener un compromiso esencial con la agricultura"
(62).
-"(...) rescatar el objetivo humano de las sociedades y el
margen de acción social y económica del Estado ante
los monopolios y como árbitro regulador en las relaciones
entre el capital y el trabajo o entre la producción nacional
y la economía internacional" (125).
-consagrar "su información, tecnificación y organización
en centros y cadenas productivas" (41).
-"(...) impedir el abuso en el que puede caer la inversión
externa, (...)" (74).
-"(...) contrarrestar las tendencias monopólicas y excluyentes
del mercado" (41).
-"(...), en vez de nacionalizar o estatizar, debe garantizar
el acceso de los accionistas al gobierno societario" (67);
y, entre otras muchas responsabilidades, repetimos que
-"debe cumplir su función promotora y de regulación
a través de la regionalización, pero también
comprometerse urgentemente con la integración continental"
(64).
Política, concertación y frente único
Sin duda, "la política está en crisis porque
no se ha adecuado a los cambios técnicos y a la consolidación
del mercado mundial" (99). Por lo que "hoy es imperativo
relanzar la Política. (...). Una política de las ideas
compartidas, no la vieja política de las organizaciones materiales
cerradas. Una política de las soluciones concretas y no la
de las concepciones integrales y excluyentes" (12).
Reconoce para ello que, "naturalmente, el campo social está
dividido entre los informados y los excluidos de la información,
entre los integrados al mercado y los desempleados y marginados,
entre los propietarios y los carentes de propiedad, entre los que
ejercen el poder y las decisiones y quienes sufren esas decisiones
y obedecen al poder. Y el objetivo de la política es disminuir
y erradicar esas diferencias, impidiendo el abuso de los privilegiados"
(87).
Para acometer todas estas tareas, para poder sustentarlas políticamente,
el Frente Único debe ser reconstituido y ampliado, porque
"la época de las doctrinas totales y de las organizaciones
cerradas pertenece al siglo XX. Para relanzarse, la política
y los partidos deben adecuarse al movimiento social con nuevas propuestas
y una nueva organización" (89).. En la concepción
original de Haya (de 1926) solo incluía a "campesinos,
grupos obreros entonces incipientes y clases medias" (88).
¿Quiénes más deben participar del Frente según
el Dr. García, teniendo en cuenta que "la política
del Siglo XXI es la Política de la Concertación"
(87)? Básicamente los informales, las capas medias de la
industria manufacturera y los servicios, los pequeños y medianos
industriales, los movimientos locales, entre otros, como se verá
a continuación.
"Pero seguir la lógica del movimiento social ocurrido
en los últimos 40 años en el Perú obliga a
recomponer ese bloque histórico o Frente Único. En
primer lugar debe integrarse a él, como la clase social predominante
de hoy, al Subempleo estructural, los ambulantes, los microempresarios,
los informales que suman el 60% de la población económicamente
activa. (...) en segundo lugar, debe integrarse al Frente Único
aprista a los representantes de la industria nacional, cuyos sectores
progresistas y manufactureros han demostrado en estos años
su vocación nacional frente al globalismo. (...). Esos miles
de medianos empresarios son amenazados o han sido destruidos por
el Globalismo, por los costos básicos impuestos por los monopolios
y por el extremismo aperturista del Estado neoliberal y deben integrarse
en la acción común. (...). En tercer lugar, ha aparecido
una nueva pluralidad dinámica de actores políticos
que debe hacer parte del Frente Único. (...) movimientos
regionales y provinciales cuya dinámica excede la lógica
y la planificación política y central de una partidos.
Y esos movimientos regionalistas engloban las organizaciones espontáneas
y populares de la sociedad civil" (127s.).
"Hoy, en el proceso de Globalización, una diferencia
se establece entre el gran monopolio o corporación internacional,
y los grupos industriales manufactureros y de servicios más
vinculados al interior. Inclusive las pugnas y divisiones en las
instituciones que agrupan al empresariado (CONFIEP) y la actitud
de la industria ante el proyecto neoliberal, demuestran la diferencia
entre esos sectores. Hoy, en la nueva magnitud y velocidad de la
economía nacional, la manufactura en su mayor parte, el comercio
y los servicios que en la década de 1920 no existían
ni tenían gran dimensión física, son parte
de la Clase Media. Y a ella pertenecen como componente básico
la pequeña y mediana industria (PYMES) que brindan el 80%
del empleo del Perú. Un partido social moderno debe ser el
partido de la pequeña y mediana industria que expresan juntamente
con el autoempleo, el conflicto social y la defensa de los sectores
populares" (114).
"La política moderna privilegia la educación
y la información como medios de justicia social, pero no
pierde de vista el objetivo de construir mediante el acceso a las
decisiones sociales y a la propiedad, la justicia social en una
nación de propietarios, en la que todos los ciudadanos participen
de manera simétrica y equitativa en el mercado" (121).
"Y ello impone fortalecer los partidos y asociaciones laborales
y ciudadanas en los términos modernos de la participación
y la concertación. Cuando las empresas tienen estrategias
mundiales y enormes poderes, cuando los medios de comunicación
tienen mayor influencia, las organizaciones sociales deben fortalecerse.
Sin sindicatos coherentes y modernos, sin poderes regionales, sin
partidos políticos sólidos, la democracia tiende a
desaparecer, y con ello el ingreso y las decisiones tienden a concentrarse
en un pequeño grupo. Ello ocurrió durante la década
dictatorial en el Perú. Pero tal concentración, rompe
las posibilidades económicas del país al destruir
el mercado de consumo y finaliza afectando a los propios grupos
monopólicos y al sistema total" (121s.). Solo así
se podría, "(...) ante el fracaso del neoliberalismo
o del individualismo metodológico, según las definiciones
de Hayek, un nuevo principio ideológico puede abrirse paso
y es el de la democracia social concertada" (297).
Trabajo, educación y sindicalismo
"(...) un derecho histórico que es el de la negociación
colectiva debe tener cada vez mayor valor y preeminencia, considerando
que el capital sin fronteras tiende a fusionarse, a unirse y a hacerse
más fuerte. Por consiguiente, la modernidad de las organizaciones
laborales consiste en hacerse más poderosas e informadas
y a internacionalizar sus demandas cuando la circunstancia lo exija.
Porque, como lo demuestran los avances de la globalización
jurídica, no podrá haber trabajo sin seguridad social,
sin salario adecuado o sin derechos internacionalmente establecidos,
bajo pena de excluir del mercado la producción de las empresas
que abusen de sus trabajadores" (42). Y es que, en efecto,
"la lógica de la ciencia libera al trabajador de su
relación servil con un solo lugar o con una sola máquina"
(45).
La integración a la nueva división internacional del
trabajo "supone un nuevo tipo de educación y de trabajo
estatal para lograr que la actividad manufacturera y no sólo
actividad primaria, pueda insertarse a través de la calidad
y la educación. (...) uno de los motores básicos para
esas inserción competitiva, deberán ser las pequeñas
y micro empresas porque ellas asocian la actividad productiva, a
la creación de empleo masivo, y con menor inversión
pueden incorporar mayor tecnología. Por el momento, sin embargo,
el nuevo régimen democrático (J.S.: se refiere obviamente
al gobierno de Toledo) parece continuar en lo esencial, el modelo
anterior" (288).
"(...) para los países y personas, el mejor medio de
navegar en la globalización, es y será la educación
tecnológica" (48). "Tanto mayor tecnología
se tiene más rápidamente se adquirirá la nueva
y tanto más se aprenda, mayor será la capacidad de
seguir aprendiendo. (...) al ser por esencia transferible y si se
incorpora a la educación, que la sociedad pueda ingresar
en mucho mejores condiciones al mercado mundial. Tal es uno de los
aspectos favorables de la Globalización" (49). De manera
que "si antes se entendía la justicia social como la
distribución equitativa de las cosas, ahora tiende a comprenderse
como la distribución equitativa de las ideas y como la oportunidad
de acceder a ellas" (90).
(***)
Observamos así como el Dr. García se atribuye modestamente
la labor de aggiornar el "pensamiento de Haya de la Torre,
porque sigue siendo el más vigoroso aporte a la ciencia política
y social del continente" (12). Sin duda alguna, Haya se habría
sentido muy contento con el texto de su discípulo predilecto,
quien por lo demás ya presentía que Alan no lo defraudaría,
tal como se desprende de una cariñosa dedicatoria en que
-con su extendida escritura- señala nada menos que "(...)
la esperanza de que será para el APRA el continuador de la
obra que por mandato de estirpe debe seguir. Con el afecto de su
viejo compañero Víctor Raúl" (recogido
del facsímil reproducido en las primeras páginas del
texto aquí glosado).
Recuérdese que, observa Alan, "Haya definió originalmente
su pensamiento como filosóficamente hegeliano y dialécticamente
marxista" (84). Y es así como, desde su orígenes,
"el pensamiento dialéctico y creador de Haya de la Torre
continuó relanzándose ante cada cambio de la realidad
mundial y nacional para dar nuevos contenidos a sus propósitos
antiimperialistas y de justicia social" (107), por lo que García
se vio en la obligación de hacerlo también con muy
buena pluma y fortuna. Para lo que le bastó aplicar "la
ideología aprista que aportó la noción del
antiimperialismo y la integración continental como pasos
en el camino de la justicia. Reafirmar esos objetivos en la realidad
actual es el trabajo continuador que debemos proponer, comprendiendo
que los medios pueden variar sin que se abandonen los objetivos"
(120).
He aquí, por tanto, un auténtico programa filosófico-político
para la yerma centro-izquierda peruana. Por supuesto que estas citas
tan breves no le rinden los honores y no le conceden el mérito
que se merece el texto, pero esperamos que esta introducción
por intermedio de las citas presentadas incite a los lectores a
recurrir al original, aunque los deprima la comparación de
las políticas que ahí se proponen con las que efectivamente
se están llevan a cabo en el Perú desde el 28 de julio
del año pasado.
Las políticas del gobierno anterior y la bonanza de precios
internacionales dejaron la mesa bien puesta para la implementación
de las propuestas que se hacen en el libro (el lector enterado habrá
notado, por lo demás, la gran similitud de ese pensamiento
que la CEPAL propagara a partir de 1990, comenzando con su texto
Transformación productiva con equidad). Si se hubiera asignado
gran parte del canon y de las regalías para financiar el
desarrollo tecnológico, la innovación productiva,
la asociatividad y el apoyo para la constitución de encadenamientos
y cluster, la capacitación del personal de los gobiernos
provinciales y distritales, el apoyo a las PYMES, etc., le creeríamos
al actual presidente.
Desafortunadamente, por esas cosas de la vida, de la historia, del
azar, de los intereses o de los estados de ánimos, en estos
quince meses de gobierno se viene adoptando gran parte de las políticas
que en el libro se cuestionan acerbamente y se ignoran otras. Como
no somos expertos en campo alguno de los señalados, le dejamos
a usted -estimado lector- el arduo desafío de explicar cuál(es)
de las siguientes hipótesis -reales o imaginarias- se aplica(n)
al mandatario para entender su profunda metamorfosis:
- Llegó al poder sin tener mayoría en el Congreso
y, consecuentemente, sin poseer el voto necesario para realizar
las profundas transformaciones que postulaba.
- La evolución de la economía iba a un ritmo tan
satisfactorio, que no parecía tener sentido cambiar de
rumbo y arriesgar un nuevo fiasco.
- Los 'argumentos' de los poderes fácticos se impusieron
al gobierno, cooptándolo, como en el anterior lo hicieran
los '12 Apóstoles'.
- Preferencia por los éxitos de corto plazo y por los resultados
de las encuestas de opinión, puesto que sus propuestas
'verdaderas' solo madurarían en una generación.
- Este quinquenio le serviría para fortalecer el modelo
primario-exportador, cuyos frutos le permitirían -en su
próximo gobierno inmediato- iniciar efectivamente con el
proyecto expuesto.
- El sueño de la integración sudamericana no es
posible por la presencia de gobiernos (dígase Chávez
y Evo) que escapan a la lógica del auténtico anti-imperialismo
o, más realistamente, porque sería incongruente
con el (más importante) TLC con EEUU.
- Una cosa es la teoría que uno expresa en un texto académico
y otra muy distinta es la acción política pragmática
('efecto Cardoso').
- Otras (complete a su gusto): .........
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