Entrevista
al escritor Gore Vidal:
BUSH HA DEMOLIDO LA CONSTITUCIÓN
Po: David Brooks/ La Jornada
“Hemos perdido la república y nuestras
instituciones”, afirma Gore Vidal, al reiterar que “hemos
sufrido un golpe de Estado y (George W.) Bush ha demolido a la Constitución”.
El escritor y legendario activista político estadunidense
considera, en entrevista con La Jornada, que el estado de esta nación
es tan malo que tal vez ya no tiene remedio. “Pocos aquí
entienden este punto, pero es lo que ha ocurrido con Bush. Hasta
hemos perdido el único regalo que nos dejó Inglaterra
cuando nos abandonó a nuestro individualismo: la Carta Magna
y el habeas corpus, todo lo que dio el tono del Siglo de las Luces
a Estados Unidos”.
Vidal es uno de los escritores y críticos políticos
más influyentes de Estados Unidos y su participación
en los circuitos culturales y políticos de primer nivel durante
las últimas décadas lo confirma como una de las voces
más lúcidas en el debate político-intelectual
de este país y en el mundo. Esa voz se ha vuelto cada vez
más feroz después de que llegó al poder lo
que él ha llamado la “junta Cheney-Bush”.
“Bush es algo nuevo”, dice cuando se le pregunta si
el actual gobierno sólo es lo peor de lo que ha habido o
significa un cambio cualitativo. “Odia a la república.
No la entiende. Consigue a esta pequeña comadreja, (Alberto)
Gonzales, su abogado personal, y lo único a lo que éste
se dedica, antes de que finalmente el Congreso lo obligue a renunciar
(como procurador general), es legalizar todo acto ilegal o inconstitucional
de este presidente inconstitucional y malicioso que cree en la tortura,
cree en matar gente, cree en la guerra unilateral contra otros países
que no nos han ofendido de ninguna manera y no nos pueden dañar
de ninguna manera”.
Imitando la voz de Bush, Vidal declara: “Soy un presidente
de tiempos de guerra, soy un presidente de tiempos de guerra…
Bueno, es un idiota de tiempos de guerra, eso es lo que es”.
–¿Y por qué no hay una respuesta masiva de este
pueblo ante estos actos tan explícitos y conocidos, trasmitidos
por televisión a todos?
–Y todos han descubierto que nada de esto le importa al pueblo
estadounidense. Nos han convencido de que somos perfectos. Somos
la envidia del mundo, nos dicen la economía número
uno del planeta. Nada es verdad, pero nos han educado para creerlo.
Cuenta que viaja por todo el país dando conferencias, “y
frecuentemente tengo que anticipar las preguntas del público.
Una de las cosas a las que tengo que responder es esa afirmación
de que ‘todos en el mundo quisieran vivir aquí’.
Les respondo que nadie quiere nuestro sistema de salud, ¡por
Dios! Y les pregunto: ¿cuándo fue la última
vez que vieron a un noruego con una green card? ¿Quién
dejaría Noruega para vivir aquí?”, aunque no
deja de apuntar: “ése es el país más
aburrido de la Tierra”.
Se le insiste: si todos los mitos de lo que hace de éste
un “gran país”, el “ejemplo para el mundo”
en derechos constitucionales y democráticos, han sido destruidos
en estos años, ¿cómo es posible que no haya
una reacción popular mucho más amplia hasta el momento?
“De eso se trata un golpe de Estado. Éstas (quienes
están en el gobierno) son las peores personas del mundo.
Los hombres del petróleo, del gas, los ladrones, gente de
Texas, un estado al que me gustaría restaurar su antigua
independencia y echarlo a los lobos de México –dice,
regodeándose en su humor malicioso ante las protestas del
entrevistador, y agrega en español–: a la chingada
con Texas”.
Vidal dice que en respuesta a todo eso se ha dedicado a rescatar
la memoria nacional: ha escrito novelas históricas, ensayos
sobre diferentes épocas de este país, y hasta obras
de teatro (acaba de representar el papel de Lincoln en una obra
de Aaron Copland, en la famosa arena de espectáculos Hollywood
Bowl). Su libro más reciente es el segundo volumen de sus
memorias. La memoria, la historia, es su respuesta, su rebelión,
contra la cultura anulada de su pueblo.
Actualmente su trabajo de historiador se enfoca en una investigación
sobre la guerra de Estados Unidos contra México de 1848.
Comenta que el general Ulises S. Grant, comandante de las fuerzas
triunfantes del norte en la Guerra de Secesión, quien también
ya había participado de joven en la invasión contra
México, declaró más tarde que consideraba que
la Guerra de Secesión fue el castigo de Dios contra este
país por la injusticia y barbarie cometidas contra México
en 1848.
–Pero, ¿por qué cunde la amnesia histórica
en EU? –se le pregunta.
–Es una cultura de televisión, y la televisión
tiene el propósito de vender el producto lo más rápido
posible y trasmitirlo sin otorgarle valor –responde.
“Todo es trampa en este país, corrupción y robo.
Mire nuestras elecciones: uno recauda suficiente dinero, compra
suficiente tiempo en televisión y puede resultar electo aunque
nadie lo conozca, aunque a nadie le importe. O sea, ¿cuál
es la noticia política todos los días? Cuánto
dinero recaudó Hillary... ‘Uy, no. No puede ser, es
una antipática’.
“Es una mujer inteligente, y eso la hace odiosa a los varones
estadunidenses”, indica. Se le pregunta si le cae bien. “Sí:
es una mujer inteligente, no es algo frecuente en mi país”.
¿Pero confía en ella? se le pregunta. “No confío
en nadie, soy italiano”, responde.
Trata de explicar el contexto político-cultural del poder
en este país. “Nuestra clase gobernante es Inglaterra.
Fuimos extensión del Imperio Británico cuando no era
su momento más brillante, y así, todas las fallas
que se pueden asociar con los británicos también rezan
con nuestros gobernantes, aunque nuestra clase gobernante no sería
considerada como tal según normas británicas. Cumple
el papel de nuestros viejos amos coloniales, como los españoles,
estoy seguro, aún lo hacen en México: (la clase gobernante)
representa a la Regina Isabela”.
Y regresa al tema de la amnesia: “hay ausencia de curiosidad,
creo que es una característica anglosajona. Ahí es
donde somos deficientes, no tenemos ninguna curiosidad, y eso que
éramos los exploradores, los que abrimos gran parte del mundo;
hicimos todo eso, y carecemos de curiosidad sobre casi todo. Creo
que en parte tiene que ver con el sistema educativo, que es vil”.
Pero hay una multitud que lee libros, lo que indica hambre por otras
versiones de la historia y criticas al poder, se le argumenta; eso
demuestra algo, ¿o no? Considera que existe esa hambre “en
el viejo Estados Unidos, la república, y algunos tratamos
de representarla”. Agrega poco después que, si bien
tiene un amplio público, varios bestsellers, millones que
leen sus comentarios, no es suficiente. “Sí, tal vez
es un signo de esperanza para mi, pero no necesariamente para todo
lo demás”, dice.
–¿Qué señalaría usted como algo
con vida, algo que ofrece un poco de luz en este país?
–Hay un coro de rechazo a la guerra, pero me sorprende que
aún sea tan magro. Son guerras reales, pero pocos se dan
cuenta. CNN dice cuántos murieron ese día, pero ahí
queda, entre anuncios de nueve tipos de detergentes diferentes.
Entonces uno decide qué detergente quiere y cuál muchacho
muerto le hubiese gustado que viviera un poco más.
“Es la irrealidad de todo, o más bien, lo surrealista.
Los estadounidenses no viven en un país, viven en algún
acontecimiento. Ven comerciales de productos que en verdad no quieren,
y entre uno y otro está la guerra.
“La gente no puede esperar que los medios le comuniquen algo
de valor, algo que pudiera nutrir sus energías. Muchos sí
desean un cambio, y da la impresión de que algo puede ocurrir,
pero no ocurre. No tenemos país, nadie tiene la sensación
de vivir en un país: vivimos en un lugar donde si tienes
dinero estás bien, y si no estás en la mierda”.
–¿Cuáles serían las dos o tres cosas
que necesita saber un extranjero –un latinoamericano, un mexicano–
que está por visitar este país?
–El racismo es lo primero que tiene que saber, y la medida
en que domina toda esta cultura. Y número dos: gordura. Éstas
son las personas que se ven más gordas y espantosas en el
planeta. Hablo de mis paisanos. Viajo a Misisippi una vez al año
a algo que se llama ‘Día de los Gore’: el clan
de los Gore llega de todos los puntos del país, y uno ve
a estos puercos enormes, de cara mezquina, labios delgados y ojos
pequeños... gente espantosa, y son mi gente. Los Vidal son
un poco mejores.
Por cierto, entre este clan está Al Gore, el ex vicepresidente
y ahora ganador del Nobel de la Paz, primo de Vidal.
De pronto, el escritor recita un poco de poesía, su cara
cambia y se desvanece su pesimismo. Lo mismo cuando recita pasajes
de prosa, citas históricas o anécdotas de sus aventuras
artísticas.
Se queja de que ya no existe arte en Estados Unidos. Recuerda los
años cuarenta, a su cuate Tennessee Williams y otros. “Para
mí esos tiempos ejemplifican lo mejor: la guerra había
concluido, la Gran Depresión también, y el mundo era
nuestro. Éramos 13 millones de estadounidenses que habían
servido en las fuerzas armadas durante la guerra, y estábamos,
por fin, libres.
“Estar en lo militar era estar en la cárcel…
éramos cautivos del Estado, pero por fin éramos libres,
y cundía la sensación de regocijo, y uno miraba a
su alrededor, y este Estados Unidos, que no había sido nada
culturalmente, o muy poco, antes de 1945, de repente era número
uno en el mundo, en todo. Ballet, ningún estadunidense había
visto el ballet antes de la guerra, y de repente había Balanchine
y más en Nueva York. En pintura, París había
sido la capital de los pintores, y de pronto era Nueva York; en
todo, poetas, músicos. Aun tenemos rastros de lo que éramos…
creía que esto continuaría; las artes brotaban, deslumbraban”.
Pero ya no.
Ante argumentos del entrevistador sobre nuevas vertientes culturales,
de hip hop y poesía hablada, de tradiciones orales nuevas,
de Springsteen redescubriendo a Woody Guthrie, Vidal reprueba a
todos. “Pretender que (Bob) Dylan es un gran poeta no va a
ayudar la causa de la poesía”, enjuicia. Riéndose
con o del entrevistador, añade: “creo que trata de
decir que existe un hambre de todo esto”, y al preguntársela
si opina lo mismo, afirma: “hay hambre de chatarra”.
“Entre algunos jóvenes hay nociones de que sus pensamientos
son valiosos sólo porque son sus pensamientos. Pero el arte
no se trata de eso, uno tiene que atinar mucho más alto,
tomarlo mucho más en serio. No es nada más sobreimponer
un Woody Guthrie sobre el hip hop. Siempre regreso a lo que dijo
Walt Whitman: para tener gran poesía se requiere de un gran
público: empieza con éste”. Agrega que el clima
político, el cual “frena la expresión, la conversación”,
no nutre la posibilidad del arte.
La casa de Vidal, en Hollywood Hills, está repleta de arte
clásico, sobre todo de arte italiano de los siglos XVI y
XVII. El techo de la sala tiene dos paneles como si fuera iglesia;
Vidal bromea repetidas veces con que “yo no soy gringo, soy
italiano” (vivió durante años en Ravello, donde
tenia su otra casa hasta hace poco).
Muestra una imagen en vidrio colgada en la pared, y cuenta que las
figuras grabadas ahí son sus antepasados, de la familia Vidal,
en 1595. “La mayoría de los estadunidenses ni saben
que tenían antepasados, abuelos”. En la imagen están
en una región de Austria, pero dice que los Vidal son suizos.
Llegaron a Estados Unidos en 1848, época de revoluciones
en Europa, obviamente había problemas políticos, comenta.
“Tengo miles de primos aún ahí, y ellos escriben
el apellido como Vital”. O sea, de vida. Responde: “sí,
creo que es altamente simbólico, y es mejor ése que
tener el apellido ‘de Morte’”, dice riéndose.
Dice que su padre y su tío fueron militares, educados en
West Point, grandes jugadores de futbol americano. Habla de la tradición
católica en su familia, y de los jesuitas, “que aseguran
estar de ambos lados” del debate político. De la nada
sale un comentario de que “Fidel Castro, ése es tan
poco comunista como yo, ése es un jesuita”.
Además de su trabajo de historia, Vidal continua haciendo
comentarios en televisión, radio y por escrito sobre los
graves problemas que enfrenta su país; dice que le han robado
el país. La segunda parte de sus memorias, Point to Point
Navigation, fue publicada el año pasado y cubre el periodo
entre 1964-2006. La primera parte, Palimpsest, cubre la primera
parte de la extraordinaria vida de este novelista, ensayista, critico
y activista político (ambos están en las listas de
los más vendidos). Su última colección de ensayos
sobre política es The Last Empire.
Vidal es autor de 24 novelas, cinco obras de teatro, varios guiones
de cine y cientos de ensayos, algunos de una extensión de
tamaño de un libro. Es considerado como uno de los escritores
estadounidenses más importantes de los últimos 100
años.
Su otra tarea pendiente, cuenta, es la posibilidad de realizar una
entrevista con el presidente Hugo Chávez para una de las
principales revistas nacionales de Estados Unidos.
A sus 82 años de edad, y a pesar de sus rasgos a veces arrogantes
(pero a los que, como pocos otros, tiene derecho) y el casi gozo
que siente de su visión pesimista, Vidal confirma también
lo mejor de este país: la rebelión de un intelectual
honesto y comprometido ante la imposición de políticas
obscenas y absurdas que intentan anular la memoria y, por lo tanto,
otro futuro para Estados Unidos. Aunque seguramente se burlaría
de cualquier pronóstico de un cambio radical en su país
por ahora, no cabe duda de que su deseo es por lo menos contribuir
a los esfuerzos por restaurar lo que llama “la República”.
13-11-07
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