Alan García al desnudo

DE POPULISTA A NEOLIBERAL DESCARADO

Por: Efraín Rúa

“Cada peruano sabe que con una propiedad legalizada, vendible, hipotecable o transmisible por herencia puede mejorar su situación. Pero el Perú como conjunto tiene el mismo problema y no lo sabe. Muchos de sus bienes no se pueden poner en valor, ni vender, ni se puede invertir en ellos, ni generar empleos con ellos”.
El autor de esta perorata publicada por el diario El Comercio, el pasado 28, es nada menos que Alan García, para nuestra desgracia electo presidente del Perú, país al que pretende convertir en una república bananera en que todo se vende o se compra, de acuerdo a la disposición de la chequera.
Al parecer los inversionistas que pretenden producir etanol en la selva, los mineros a los que no les importa seguir contaminando los ríos y los empresarios que gozan de mano de obra barata, con jornadas de 14 horas de labor, le han arrojado una sustanciosa bolsa, porque García anda más desbocado que nunca. Así se permite decir: “Hay millones de hectáreas para madera que están ociosas, otros millones de hectáreas que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se pueden trabajar…”
Así, el gran problema del país es que Fujimori no terminó de rematar el país al mejor postor. Y ahora García pretende culminar la tarea que ni el japonés se atrevió a hacer porque el pueblo peruano rechazó su inescrupuloso accionar. Alan García es pues el alumno aprovechado del japonés mafioso. Toledo es el hijo menor de Capone frente a su accionar. 
“El primer recurso es la Amazonía. Tiene 63 millones de hectáreas y lluvia abundante. En ella, se puede hacer forestación maderera especialmente en los 8 millones de hectáreas destruidas, pero para eso se necesita propiedad, es decir un terreno seguro sobre 5.000, 10.000 o 20.000 hectáreas, pues en menos terreno no hay inversión formal de largo plazo y de alta tecnología”, afirma para solaz de los empresarios que quieren sembrar caña y producir etanol. Se nota su afán por consumar el negocio.
Se olvida de señalar que la selva es el último pulmón del mundo, que de su permanencia depende el futuro de la humanidad. Lo que le interesa es hacer negocios con grandes empresas que traerían inversiones de largo plazo y permitirían crear “cientos de miles de empleos formales para peruanos que viven en las zonas más pobres”. Si ni siquiera en Lima hay empleo formal. A otro perro con ese cuento.
El experto vendedor de sebo de culebra añade: “… comencemos por los 8 millones de hectáreas que han sido convertidos en desiertos y destruidos en los últimos años por las concesiones rapiña, la coca y la tala salvaje. Allí podrán generarse un millón de empleos y además trabajos en la elaboración de muebles”. Y lo dice como si no fuera él quien gobierna el país. El que debería poner coto a la extracción ilegal de madera, el que debería apoyar la agricultura campesina para evitar que existan más sembradores de coca. Y lo escribe después de autorizar rebajas de aranceles que en pocos meses inundarán de productos chinos los mercados locales. Y así habla de crear puestos de trabajo y generación de empresas.
“Es una vergüenza que Chile exporte US$2.000 millones en madera sin tener una hectárea de Amazonía, Uruguay US$1.000 millones, Brasil US$8.000 millones y que el Perú apenas exporte US$200 millones”. Sí, pues, es una vergüenza que el gobierno no impulse la industria maderera y deje que nuestros bosques se depreden con la tala ilegal.
El colmo de su despropósito aparece cuando se refiere a los pobladores del campo, a los que enrostra su incapacidad para salir de la pobreza: “… hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir, entonces aparte de la tierra, deberán pedirle al Estado para fertilizantes, semillas, tecnología de riego y además precios protegidos. Este modelo minifundista y sin tecnología es un círculo vicioso de miseria, debemos impulsar la mediana propiedad, la clase media de la agricultura que sabe conseguir recursos, buscar mercados y puede crear trabajo formal”.
Todos aquellos que conozcan algo del agro sabrán que todos los estados que se respeten alientan al campo propio y no ajeno. Solamente la mentalidad arcaica del señor García le impide hablar de fertilizantes, semillas y tecnología para nuestros productores. Por eso, permite que se importe papa, algodón y otros productos nativos. ¿De qué clase media del campo habla? ¿De los productores de leche amarrados al precio que les impone Gloria? ¿O de los que serán avasallados por el TLC que con tanto frenesí impulsa? ¿O se refiere a empresarios inescrupulosos como su consejero Julio Favre?, quien se enriqueció haciendo lobby con el japonés.
Alan García se queja de que no lo dejan explotar los recursos mineros y entregárselos a las transnacionales, olvidando que los beneficios que le reporta a la población esta actividad son casi nulos. Que los daños ambientales llegan al 3.5% del PBI, que ya 3.500 peruanos mueren anualmente por la contaminación ambiental. Así, afirma que apenas la décima parte de los recursos mineros están explotados “porque aquí todavía discutimos si la técnica minera destruye el medio ambiente, lo que es un tema del siglo pasado…” Entonces, por qué no se va a vivir a La Oroya a respirar el aire limpio que deja Doe Run.
Despotrica contra los que se niegan a rematar los bosques para la explotación petrolera, mientras se paga en el mundo US$90 por cada barril. “Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose”, dice, olvidando que las transnacionales no le pagan al Perú ni US$ 30 por el petróleo que se encuentra en estas tierras. Así qué cuál es el negocio. Mejor dicho, ¿dónde está la diferencia?
“Un cuarto tema es el del mar; Japón tiene menos riqueza pesquera pero come cinco veces más pescado por año y por habitante que el Perú, porque ha desarrollado su maricultura”, añade. Esta vez olvida decir que la gran pesca no se dedica al consumo humano sino a la producción de anchoveta, depredando y contaminando efectivamente el mar peruano. O no sabe lo que le pasó a Chimbote.
Luego dice que el Perú tiene en la cordillera una riqueza enorme, por lluvias que anualmente alcanzan los 800 mil millones de metros cúbicos de agua que bajan por los ríos hacia el Pacífico y el Atlántico. Riqueza que según los expertos se va acabar dentro de 10 años como consecuencia del calentamiento global y el fin de los glaciares. Pero García no está enterado de esto. Entonces, qué pito toca.
Finalmente, afirma que “el propio trabajo humano no está puesto en valor para el que trabaja. El trabajo informal que es mayoritario, es un trabajo no incorporado a la economía ni a la legalidad; no tiene seguridad social porque no cotiza, no tiene pensión porque no aporta a ningún sistema, para darle valor a ese trabajo en beneficio a la persona, lo lógico sería un avance progresivo para que los empleados de la microempresa, que son millones, tengan en primer lugar los derechos fundamentales mínimos…”
Sí, pues, existe informalidad pero por la incapacidad del Estado para controlar los resortes de la economía y esa es una responsabilidad del gobierno señor García. Si usted no puede imponer las 8 horas de trabajo, sino puede establecer la seguridad social y otros beneficios mínimos para los ciudadanos de este país, mejor será que se vaya a su casa. Por incapaz y por inepto.

01-11-07

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