Un mundo irreconocible

PRINCESAS. LA PROSTITUCIÓN LIGTH

Por: Mario Tejada

Ni las canciones del gran cantoautor Manu Chao (que no son de las mejores), salvan del olvido a esta mediocre obra cinematográfica. Si usted fuera director de cine, ¿se le ocurriría ponerle como nombre Princesas a una película sobre putas? ¿Y a una de ellas llamarla Caye? Ay, Dios mío, estos son unos cuantos despropósitos cometidos por el director español Fernando León de Aranoa.

Y luego vienen otros, como no dar nunca ningún indicio del porqué estos personajes ejercen el más antiguo oficio del mundo y lo ocultan a su familia. Y no es que estén conformes con ejercer esta labor, pues les trae una serie de inconvenientes como el no poseer una pareja estable y, por supuesto, una familia, pues todo indica que ellas quieren casarse con jóvenes que no estén vinculados a este mundo, o, que en todo caso tienen conciencia que no van a intentar comprenderlo.

Y el colmo de los colmos, es que de repente aparece un papanatas que, a pesar que desde su primer contacto Caye le dice que es una puta, él sigue estrechando relaciones con ella, menos las de carácter sexual, por lo que no sabemos con qué fin, porque a la primera oportunidad que tiene que afrontar la situación socialmente, se orina los pantalones. Esta situación es tan increíble, que estamos seguros que ni el mismo director la ha podido tomar en serio.

Y así, todo el filme sigue dando vueltas y vueltas alrededor de situaciones melosas con ingredientes melodramáticos, para que el espectador se conmueva. El resultado es que más bien nos aburren. La última media hora esperamos con impaciencia que este cuento se acabe (porque la película es un cuento en el peor sentido de la palabra).

Antes de espectar la obra, leí algo sobre ella, y me enteré que Fernando León de Aranoa había realizado un minucioso trabajo de investigación, e inclusive había tenido oportunidad de convivir con el mundo de la prostitución teniendo como  intermediario al Colectivo Hetaira, que debe ser una ONG que apoya a las prostitutas para lograr menores niveles de explotación y mejores garantías laborales. Bueno, casi nada de este mundo se encuentra en el filme y no sabemos que sucedió con la experiencia adquirida.

Todo parece indicar que al realizador no le interesó producir una película sobre el mundo de la prostitución, sino más bien sobre el mundo que él considera que es la prostitución. Y si bien toda obra es una mirada particular sobre un determinado aspecto de la realidad, inclusive la más inverosímil, la de Fernando León de Aranoa no es la más apropiada.

Hubiera sido mejor que se hubiera alimentado de las mejores películas que sobre la prostitución existen, o que inclusive, son parte de su estructura narrativa. De esta manera habría obtenido mejores ideas para la elaboración del guión y la realización, e inclusive para los nombres utilizados. Se nos viene a la mente esa buena y antigua película mexicana titulada La Mujer del Puerto de Arcady Boytler, Bella de Día de Luis Buñuel o Taxi Driver de Martín Scorsese.

Algunos comentaristas han destacado las buenas actuaciones de Candela Peña en el papel de Caye y de Micaela Nevárez en el de Zulema. Aquí nos encontramos ante otro despiste total. No hay más que compararlos con los de Andrea Palma (fuera de serie en la película mexicana), y ya seríamos muy abusivos si agregamos a Jodie Foster y Catherine Deneuve.

29-08-07

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