Los desafíos cubanos

REVOLUCIÓN Y CONTRADICCIONES CONTEMPORÁNEAS

Por: James Petras y Robin Eastman-Abaya

... La promoción del turismo, que sirvió como estrategia inmediata y necesaria en el período especial en Cuba, por desgracia se ha convertido en un sector de crecimiento intrínseco y estratégico para la economía. Cuba sigue fiel a su tradicional ciclo de dependencia del “monocultivo” tras haber sustituido la exportación de azúcar a EEUU y luego a la URSS y a la Europa del Este por el turismo para canadienses y europeos. El problema con la nueva dependencia (como con la anterior) es que ofrecen soluciones a “corto plazo” mientras que a largo plazo empeoran los problemas estructurales, entre ellos una mala distribución de los recursos humanos (hay arquitectos que trabajan como botones de hotel) y la ausencia de una economía diversificada capaz de enfrentarse a los inevitables ciclos económicos endémicos del mercado capitalista mundial.

La cada vez mayor dependencia de alimentos de Cuba se está agudizando, como bien lo refleja el aumento de la importación de arroz, frijoles, carne de ave, cerdo, carne de res y otros elementos esenciales (incluso, a veces, el azúcar) en la dieta cubana. En su discurso del 26 de julio de 2007, Raúl Castro destacó el enorme aumento de los precios de los alimentos importados y puso como ejemplos el aumento hasta el triple del coste de la leche en polvo en los tres años anteriores, el incremento del 10% en el precio del arroz molido entre 2006 y 2007 y la duplicación del precio del pollo.

La producción agrícola de Cuba está dirigida en gran medida hacia los mercados turístico y de exportación: el tabaco, los cítricos la fruta tropical, el azúcar (apenas); gran parte de la fruta de calidad, la carne, los productos y la carne de ave se venden en los mercados privados de agricultores, o en las tiendas especiales que comercian en dólares o moneda convertible. Esto hace que haya escasez de productos en las tiendas estatales subsidiadas de los barrios. El desarrollo de “huertos urbanos” ha sido una solución para ciertos vecindarios -pues provee productos orgánicos frescos de calidad- pero no cubren las necesidades de gran parte de la población.

La disminución de la producción de alimentos, especialmente el arroz (Cuba importa más del 75% de su arroz) es notable. Un importante economista cubano nos dijo que se debía a una falta de trabajadores agrícolas deseosos de cultivar arroz -una labor que requiere un esfuerzo intensivo-, al menos mientras se les pague el salario actual, muy inferior al de los empleos en sectores no agrícolas. Cuba, con una baja tasa de natalidad y una población muy educada, carece de trabajadores agrícolas. Sin embargo, por razones poco claras, Cuba rechaza la idea de alentar la inmigración desde países con excedente de trabajadores agrícolas experimentados, como Haití, para reforzar su declinante fuerza laboral en las granjas e incrementar las cosechas de productos nacionales básicos de los que depende su seguridad alimentaria. La dependencia agrícola cubana del capital extranjero, en especial de inversionistas israelíes en el sector cítrico, es también incomprensible -dada la abundancia de agrónomos, operadores agrícolas de extensión y oportunidades de aprender mercadotecnia-. El mercado mundial de los cítricos ha sido especialmente lucrativo para el capital brasileño, por lo menos desde los años sesenta... mientras que Cuba ha entrado en él con retraso y en parte a través del capital extranjero, lo cual hace que los beneficios salgan de la Isla.

Mientras Cuba canalizaba de forma eficaz grandes inversiones de capital hacia el turismo, la biotecnología y otros sectores productivos, ha descuidado su sector de la vivienda, lo cual ha creado una lista de espera de 10 años para más de un millón de familias. El déficit de viviendas es una de las fuentes más importantes del descontento entre el pueblo cubano, incluso entre sus funcionarios de nivel medio del partido y del gobierno, que se ven obligados a vivir con sus parientes. Además, la vivienda actual está en muy mal estado, sobre todo en Centro Habana, donde con un poco de cemento y una mano de pintura barata se podrían revitalizar los vecindarios obreros, ahora gravemente deteriorados.

Aunque el gobierno ha anunciado un programa para construir 100.000 casas y apartamentos por año, dicho programa adolece de mala gestión (demoras burocráticas), robo de materiales de construcción por funcionarios, baja productividad y un suministro inadecuado de materiales. En gran medida, la vivienda no ha gozado de la prioridad que recibió el sector hotelero para turistas durante los pasados años. El énfasis que se puso en la “recuperación económica” durante el período especial ha dado lugar a una falta de énfasis en las necesidades básicas de los consumidores en el sector de vivienda.

La “producción” a corto plazo por encima de las estrategias para los consumidores está dando lugar a problemas a medio y largo plazo. Los demógrafos cubanos han indicado la disminución en la población total de Cuba junto con un envejecimiento de la existente, lo cual disminuye la cantidad de personas disponibles para el trabajo productivo. Según los analistas de población cubanos, los factores socioeconómicos claves que explican la crisis demográfica son la falta de viviendas y el alto costo de la vida (Oficina Nacional de Estadísticas [ONE]). El desarrollo económico, la estabilidad social y la legitimidad política de Cuba exigen que se dé máxima prioridad a la construcción de casas, a la reparación y a la rehabilitación.

La baja productividad económica de Cuba, sus “ineficiencias burocráticas”, así como la apatía diaria en el lugar de trabajo son en parte resultado del muy inadecuado sistema de transporte público -de personas y de artículos-, por lo menos en lo relativo al mercado nacional. Largas colas en las paradas de las guaguas, falta de puntualidad, guaguas abarrotadas, camiones “convertidos” en transporte público (los arriñonados “camellos”) y combustibles muy contaminantes han dado lugar a un malestar crónico. La tardanza en el trabajo, debida al inadecuado transporte público, ha contribuido a la baja productividad y, a veces, es una excusa “legítima” para el absentismo. La falta del transporte público puntual mina la moral en el trabajo y en la escuela: si las autoridades públicas son incapaces de disciplina administrativa en algo tan básico como el transporte, ¿cómo pueden hablar a sus empleados de la necesidad de una mayor disciplina en el trabajo? La falta de disciplina de la dirigencia es un mal ejemplo para todos trabajadores.

La reciente compra de mil autobuses a China ha proporcionado algún alivio, pero la excesiva dependencia del auto-stop que tienen los trabajadores atestigua la persistente insuficiencia. Igualmente, las “pérdidas” que se producen durante el transporte de artículos desde los productores a los consumidores han generado una escasez crónica de productos alimenticios, materiales de construcción y petróleo. La corrupción, el robo generalizado, la falta de coordinación y la supervisión inadecuada son en gran parte culpables, así como la ausencia de mecanismos de control político de los consumidores y los trabajadores concienciados. En sectores donde el Estado ha fijado prioridades altas, como el turismo, el níquel y los fármacos, el sistema de transporte funciona de una manera razonablemente eficaz.

El problema del transporte no se debe sólo a una falta de voluntad política. Cuando en noviembre de 2005 Fidel Castro anunció que más del 50% de la gasolina se robaba y se vendía en el mercado negro, quedó claro que la autoridad gubernamental y la vigilancia administrativa no funcionan. Los ministros a cargo de la energía, el transporte y el comercio ni siquiera fueron reprendidos públicamente.

Cuba requiere al menos 10.000 nuevos vehículos de transporte, y eso sólo para empezar. Necesita personal de mantenimiento y personal entrenado, así como comités de vigilancia de consumidores y trabajadores, que aseguren que el nuevo transporte, una vez adquirido, funcione.

La educación sociopolítica, las exhortaciones morales y las citas de dirigentes históricos ejemplares son necesarias para motivar a los trabajadores, pero obviamente inadecuadas en ausencia de salarios y jornales decentes.

En su discurso del 26 de julio de 2007 en Camagüey, Raúl Castro señaló que “Somos conscientes igualmente de que en medio de las extremas dificultades objetivas que enfrentamos, el salario aún es claramente insuficiente para satisfacer todas las necesidades, por lo que prácticamente dejó de cumplir su papel de asegurar el principio socialista de que cada cual aporte según su capacidad y reciba según su trabajo. Ello favoreció manifestaciones de indisciplina social y tolerancia que una vez entronizadas resulta difícil erradicar, incluso cuando desaparecen las causas objetivas que las engendran.”

Salarios bajos, débil motivación, falta de disciplina de trabajo y escasa productividad constituyen un ciclo que ha afectado de forma cruel a los servicios, la manufactura y la agricultura y podría ser convertido en un ciclo virtuoso. Durante los tres últimos años, los salarios se descongelaron después de casi dos décadas y se concedieron algunos aumentos relativamente grandes. Pero en comparación con los aumentos en el precio de la electricidad doméstica, los alimentos (buena parte de los cuales deben comprarse en el mercado “libre”), la ropa y otras necesidades indispensables, los aumentos salariales están por debajo de lo necesario para estimular una mayor productividad.

Aunque hace falta aumentar el poder adquisitivo de los consumidores, también debe aumentar la disponibilidad de artículos de consumo a precios competitivos. Los aumentos de salario en situación de escasez llevan a gastar más dinero para comprar menos artículos, y los aumentos informales de los precios erosionan los “aumentos” simbólicos. La economía tiene que equilibrar la mayor producción y las importaciones de bienes de consumo con inversiones en bienes de equipo y producción para mercados de exportación. Las inversiones en instalaciones turísticas tienen que ser equilibradas con inversiones de capital y producción para mercados de exportación. La brecha entre instalaciones lujosas para turistas y el paupérrimo estado de la vivienda de los trabajadores creció enormemente durante el “período especial”. La continuación de la expansión del turismo extranjero durante la década y media de recuperación erosiona los valores socialistas tanto como la desigualdad resultante del robo de recursos públicos. Las desigualdades han aumentado a causa de las “bonificaciones” no oficiales a altos funcionarios que trabajan en empresas con participación extranjera, en el comercio exterior y en la economía del dólar/euro. Una nueva política de la renta puede incentivar la productividad si se combina con la participación directa de todos los trabajadores en la organización y la administración del centro de trabajo, así como con la inauguración de espacios múltiples para discutir sobre la reestructuración de la economía.

La nueva política de la renta debería promover sectores estratégicos de la economía. El crecimiento de la agricultura, la manufactura y los sistemas de información aplicada requieren cambios en la dirección de la política gubernamental y, sobre todo, en sus programas de formación educativa y profesional. Mientras que la mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos iban a la zaga de Cuba en los años sesenta, hoy han superado a Cuba en la diversificación de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos de fabricación para la exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de productos de exportación. Al añadir valor a sus productos, los países asiáticos han incrementado sus ingresos, lo cual ha redundado en salarios más altos y un mejor “ajuste” entre educación avanzada y oportunidades de trabajo. La economía de Cuba se caracteriza por un gran desequilibrio entre un sistema educativo muy desarrollado y una economía de “monocultivo” que no provee los puestos de trabajo apropiados a la universalización de la educación superior. Cuba tiene que ajustar su educación para formar diplomados que gestionen y dirijan las actividades industrial y agrícola con vistas a que éstas produzcan en masa tanto artículos para el consumo popular como científicos para servicios médicos.

Cuba produce y exporta níquel y cítricos –a pesar de la disminución de su valor añadido–, pero el procesamiento y la fabricación de productos terminados se realizan en otros lugares. Cuba produjo durante décadas 5-6 millones de toneladas de azúcar crudo para la exportación; después del fin de la URSS, tuvo que vender a precios de mercado mundial. En comparación, Brasil avanzó en el uso múltiple de la caña de azúcar procesada, especialmente como fuente de energía, mientras Cuba desperdiciaba sus escasas divisas extranjeras importando petróleo y reduciendo así el crecimiento general. Después, Cuba cerró muchos centrales azucareros. Algunos campos de caña se dedicaron a otros productos, pero muchos permanecieron sin cultivar, incluso cuando el precio del etanol subió vertiginosamente y aumentaron las importaciones cubanas de alimentos. Aunque numerosos críticos tienen razón al señalar los efectos negativos del cambio de la producción de alimentos a etanol, no es el caso de Cuba: los campos sin cultivar no producen ni alimentos ni etanol.

El crecimiento económico y la igualdad social se ven fuertemente afectados por la gran cantidad de robos de propiedad pública. Fidel Castro mencionó sólo un ejemplo: la pérdida de un 50% de los beneficios en la distribución de petróleo, vendido en el mercado negro. La corrupción oficial y el robo público concentran los ingresos en manos de los operadores del mercado negro, aumentando la desigualdad y erosionando la moral laboral de los trabajadores honrados. Igual de importante es que el robo acarrea mala asignación de recursos, retardos en las entregas de bienes y servicios y escasez de bienes. El castigo de altos funcionarios es necesario, pero insuficiente. Lo que requiere reformas de un modo especial es la creación de un nuevo sistema de responsabilidad pública basado en autoridades independientes de contraloría, comisiones de supervisión de consumidores y trabajadores con el poder de “abrir los libros”. El control por los trabajadores y profesionales no eliminará por completo la corrupción, pero cuestionará a las autoridades mediante estudios independientes periódicos. El presidente de facto Raúl Castro ha exigido que los ministros sigan ahora agendas estrictas y presenten informes escritos actualizados relacionados con su campo de trabajo. Una mayor responsabilidad de la dirigencia es necesaria, pero no suficiente. Tiene que haber control y vigilancia de comisiones autorizadas desde la base y de una oficina paralela independiente de contraloría general.

Las empresas mixtas y un cierto grado de desigualdades de clase fueron tal vez necesarias para atraer capital durante los años de crisis sistémicas y colapso del comercio y de las redes financieras, el denominado Período Especial. Sin embargo, lo que en su tiempo fue considerado como una retirada o ajuste tácticos en un período particular, se ha enquistado con efectos trascendentales. Las desigualdades sociales han creado eso que Fidel Castro llama una clase de nuevos ricos que abrazan la ideología liberal. Impulsan un mayor espacio para la colaboración pública-privada, tratando en última instancia de integrar a Cuba en un mercado mundial dominado por el capital imperial. En Cuba el sector público sigue siendo preponderante y políticamente poderoso, pero al ser incapaz de controlar la escasez en las necesidades públicas y de satisfacer el consumo individual, se hace cada vez más vulnerable a la crítica liberal y de sedicentes “socialistas de mercado”. Estos últimos arguyen que la solución a la escasez es un mayor espacio para inversionistas capitalistas e intereses comerciales, tanto internos como extranjeros.

Las desigualdades sociales no son sólo el resultado de fuerzas de mercado, la corrupción y el turismo. También son un producto de la concentración del poder político en la administración y la dirección de la economía y la disposición de los gastos públicos. Para limitar el crecimiento de una burguesía de nuevos ricos se requiere algo más que periódicas movilizaciones populares –como entregar el control de las gasolineras a trabajadores sociales– y los insistentes llamados a la moralidad (que son importantes). La lucha contra la Nueva Clase requiere que un nuevo sistema de representantes elegidos supervise las asignaciones del presupuesto a los diversos ministerios y tenga poder para convocar a funcionarios responsables a audiencias televisadas para que exista una responsabilidad pública estricta, cuando sea necesario.

Uno de los motivos de descontento más frecuentes y repetidos entre la población es la gran desproporción entre la ayuda humanitaria en el exterior y la escasez de bienes en el mercado interno. Nadie pide el fin de la solidaridad con los pobres de todo el mundo, pero la masa cubana no apoya el grado en que se gastan actualmente recursos, en vista de la escasez de bienes de consumo dentro del país.

Se han presentado varias objeciones relativas a los compromisos de Cuba en el extranjero y a prioridades mal identificadas. Ante todo, se dona mucha ayuda y no tiene un beneficio práctico para Cuba: los programas de salud no obtienen como respuesta reacciones diplomáticas y políticas favorables de los países receptores. De hecho, los gastos cubanos de salud permiten que numerosos regímenes reaccionarios favorables a EEUU sigan destinando fondos para incentivar inversiones extranjeras o comprar armas –como es el caso en Honduras, Pakistán, África y otros lugares–, reduciendo la presión popular sobre los gobiernos nacionales para que presten servicios sociales. Sin duda Cuba se gana el favor de los pobres de esos países, pero también provoca el resentimiento de muchos cubanos. Ante la urgente necesidad de acelerar programas internos, Cuba no está en condiciones de mantener costosos programas en el extranjero que carezcan de beneficios monetarios, estatales o comerciales. También se cuestionan los subsidios para estudiantes y pacientes extranjeros y para los numerosos delegados a conferencias.

Hay que pensar seriamente y tomar decisiones económicas durísimas para lograr un equilibrio efectivo entre las urgentes necesidades internas de Cuba y sus misiones humanitarias en el extranjero. Un ejemplo positivo de relaciones recíprocas equilibradas son los intercambios socioeconómicos de Cuba con Venezuela: petróleo a precios rebajados, inversiones y comercio de Caracas a cambio de servicios médicos, educacionales y sociales a gran escala prestados por la fuerza laboral altamente capacitada de Cuba.

Cuba es un país en desarrollo, que tiene grandes expectativas y logros, pero sigue siendo un país en el que la pobreza es evidente en las viviendas y en la deteriorada infraestructura del centro de La Habana.

Si Cuba ha de derrotar los desafíos externos y los del incipiente neoliberalismo interno, el sector público debe reaccionar mejor ante las necesidades populares. Para asegurar más transparencia y un mayor grado de reacción necesita más representación y supervisión de los sectores de consumidores y productores.

25-08-07

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