Un ciclo de clase alta

EL PATITO FEO DEL FESTIVAL DE CINE

Por: Mario Tejada

Inesperadamente, una mancha (casi vergonzosa) comenzó a teñir el 11 Encuentro Latinoamericano de Cine, Festival de Lima, Organizado por el Centro Cultural de la Universidad Católica del Perú. Para unos, no tenía la mayor importancia; en cambio, para otros, era algo que no debió darse. Inclusive algunos comenzaron a sobredimensionar su importancia. Lo cierto es que las críticas que comenzaron a manifestarse señalando que el afiche del festival tenía un contenido racista, cayo como una comida indigesta en los organizadores.

El motivo principal del afiche retrata a un grupo de personas haciendo cola para comprar sus entradas, sus integrantes son de clase media alta, a los que popularmente llamamos pitucos. Ubicados en un espacio popular, como fondo vemos un taxi Tico de color amarillo, un ómnibus de color verde cuyo recorrido atraviesa casi todo el Cono Sur, partiendo del Cono Norte de la ciudad (Los Olivos). De espaldas, se ve un personaje que las compañías de publicidad catalogan como del sector “D”, del que no se llega a distinguir cuál es su rol en este espacio: ¿un vendedor ambulante?, ¿un adolescente que pide limosna?, ¿alguien, mal trajeado, que espera a otra persona?, ¿un desocupado que está lateando?

Bueno, lo cierto es que es un ser humano del que no se puede explicar cuál es su papel en este entorno social. De repente hubiera sido mejor, porque le daba mayor connotación al afiche, que lo reemplazarán por un árbol. ¿Qué explicación podemos encontrar en la aceptación de este afiche por parte de los organizadores?

Que el afiche es racista, lo es. Que es algo que no debió ocurrir... En este punto es donde mantengo mi discrepancia con los que lo han criticado y han alzado su voz de protesta. Para nadie es un secreto que en nuestro país existe una arraigado racismo, y que éste está íntimamente vinculado con las clases sociales que existen en el Perú. Que esta segregación es soterrada e hipócrita, tampoco es un secreto, como también no lo es, que cuando salta a flor de piel se denuncia en los periódicos e inclusive se realizan actos de protesta, lo cual para nuestra vergüenza, no produce mayor cambio y todo sigue igual. Ello, porque los organismos del Estado son un cero a la izquierda (las playas del sur de Lima son un ejemplo evidente).

¿Qué debemos esperar, pues, de una actividad cultural pensada, diseñada y promovida para los sectores, siguiendo con la clasificación de las agencias de publicidad,  “a” y “b”? Sería ingenuo que aparezcan personajes tipo las canciones ‘la comadre cocoliche’ o ‘cholo soy y no me compadezcas’.

Inclusive, cuando las propagandas son dirigidas a estos sectores ¿cuáles son los tipos raciales que aparecen?, ¿no estamos cansados que se denuncien las propagandas de las cervezas? y la última ¿la de Inca Kola?, promoviendo lo creativos que somos. Por favor, no debemos pedir peras al olmo, cuando no existe una política del Estado para combatir el racismo y todas las actividades realizadas por la sociedad civil, son como una gota en un vaso de agua.

En anteriores artículos hemos señalado el fenómeno elitista de la cultura cinematográfica que se ha producido en Lima en los últimos años, producto de las políticas neoliberales que han asumido e implementan las instituciones culturales. El afiche es una muestra de ello.

Cuando las actividades culturales cinematográficas son asumidas y tratadas como productos y la ecuación costo beneficio son las guías de sus políticas, ya sabemos cuál es el destino de sus puertos.

Hace pocos días El Comercio señalaba en un editorial que este Festival ubicaba a nuestro país en uno de los primeros rangos de actividades culturales en América Latina porque paralelamente se desarrollaban Festivales de Ópera y Zarzuela. Bueno, mientras los sectores “a” y “b” tengan espacios para satisfacer las necesidades de su tiempo libre, no existe ningún problema para este medio de comunicación y los que siguen esta línea. Lo que no se puede aceptar es que se le considere como la política cultural peruana. Y los que pertenecemos a los sectores “c”, “d”  y “e”, ¿qué?. No existimos.

Por ello es que las entradas tienen un valor de Quince Nuevos Soles, que son precios prohibitivos, por lo menos para él que estas líneas escribe. Y el Festival se ha amurallado en los distritos más exclusivos de Lima. Ello no es casual. Que no nos extrañe (y ojalá que no ocurra) que termine por trasladarse a La Molina. Pero, no confundamos, lo expuesto no quiere decir que estas actividades no deban existir o deban prohibirse. Está bien que existan y que se desarrollen. Pero el pueblo ¿hasta cuando tendrá que esperar? Cuando se supere tan lamentable situación, con toda seguridad, en los afiches también estarán presentes ‘la comadre cocoliche’ y el ‘cholo soy y no me compadezcas’.
15-08-07

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