Cero en aprovechamiento

UN GOBIERNO SIN CULTURA

Por: Mario Tejada

Otro periodo gubernativo sin política cultural, no es raro en nuestro país. Como tampoco no es nada del otro mundo que las mayores y mejores manifestaciones culturales  se originen y mantengan en los sectores populares, sin ninguna clase de apoyo. Ellos buscan su financiamiento o su autofinanciamiento. En las alejadas y desamparadas provincias y distritos, así como en las barriadas de la principales ciudades del país, brillan las danzas y canciones en las fiestas patronales, profesores e intelectuales producen poesías, cuentos, novelas, y realizan investigaciones sobre la historia y el folklore de sus pueblos; y, de su propio bolsillo, la mayoría de las veces, financian las publicaciones.

Grupos de teatro en esforzada labor cumplen sus objetivos y realizan encuentros regionales y nacionales para intercambiar experiencias. Si el Estado tuviera una política cultural, no es exagerado afirmar que a nivel nacional surgiría una explosión cultural que contribuiría al desarrollo del país y permitiría a las clases populares emplear su tiempo de manera libre y creativa. Y no como ahora, en que la juventud tiene como únicos espacios de distracción las esquinas para beber licor o jugar al fútbol.

En este escenario de (des) gobierno, apenas podemos destacar tres logros culturales o que tengan implicancia con estas actividades. La primera, porque tuvo más impacto en la opinión pública, que Machu Picchu alcanzara, por votación, estar entre las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Lo que hasta ahora estamos esperando son las cuentas claras y transparentes en Nuevos Soles peruanos, del costo que ha tenido que sufragar el Estado para tan pírrica victoria, porque hasta ahora no se aplica la famosa ecuación a la que son tan amantes lo neoliberales: costo beneficio. Como señalábamos en un artículo anterior, los peruanos de a pie queremos conocer cuánto dinero se gastó y cómo se recuperará lo invertido.

El segundo logro (¿?) es haber recibido con bombos y platillos la “recuperación” de huacos entregados hace pocos días por el embajador de Alemania. En realidad, lo acontecido, no ha sido producto de acciones llevadas a cabo por el gobierno peruano, es más bien una especie de regalo que los alemanes nos han hecho de nuestro patrimonio cultural. A propósito, ¿cómo se encontrará el pedido de nuestro país a la Universidad de Yale para que devuelvan el material encontrado en Machu Picchu, y que dicha institución posee en calidad de préstamo? Tenemos la esperanza (nunca hay que perderla) que en algún momento se recuperen y que se exhiban en el Museo que se implementará en la ciudadela, y que debe estar ubicado en las instalaciones donde actualmente funciona el hotel.

El tercer logro, en verdad, es un acontecimiento que no tiene relación con la cultura, pero sus implicancias son culturales. Me refiero a la censura ejercida a la muestra del artista plástico Piero Quijano, razón por la que hasta ahora esperamos la renuncia de la Directora del INC, la doctora Bakula. Esta actitud de intolerancia, incitada por los mandos castrenses, ejecutada por la institución antes mencionada y respaldada por el Presidente de la República, fue la punta del iceberg facistoide del actual régimen, que los últimos acontecimientos políticos muestran con mayor claridad.   

Luego de estos tres hechos, pedir una política cultural al gobierno de Alan García sería como pedir peras al olmo. Nos encontramos con un panorama peor que al de su primer gobierno. ¿Recuerdan al CICLA?, o los esfuerzos de la congresista aprista Elvira de la Puente desde el pasado Congreso, para ayudar la creación de instituciones culturales. Si los comparamos, ahora estamos peor que en el primer gobierno aprista y que el de Alejandro Toledo. Pero, no se nos interprete mal, no estamos asegurando que los anteriores gobiernos fueron regulares o mediocres, fueron malos. Ahora estamos en el subterráneo. En cultura, como casi en todo su accionar habría que ponerle CERO EN CONDUCTA Y APROVECHAMIENTO.
27-07-07

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